martes, 1 de febrero de 2011

libro como puedo cambiar capitulo 7

Feb 01, 2011 07:00 am
Por Robin Boisvert (Sovereign Grace Ministries)
Allá por los días cuando un paquete de cigarrillos todavía costaba 35 céntimos yo fumaba mucho. Algunos podrían decir que era amigo de la nicotina, un tipo regular al estilo Chesterfield. Yo era un adicto al tabaco y lo sabía.
Dejar de fumar no era el problema - lo había hecho una docena de veces. Pero cuando el deseo de fumar se hacía muy fuerte, yo comenzaba otra vez. Así que decidí dejar de comprar cigarrillos. Eso tampoco dio resultado. Sólo me convirtió en una molestia para mis amigos, ya que siempre estaba pidiéndoles cigarrillos. En mi punto más bajo, me encontré sacando del cenicero colillas medio fumadas.
Por este tiempo me di cuenta de que el Espíritu Santo me estaba redarguyendo de mis pecados y acercándome a Jesús. Aunque mi fumar era solamente una de las evidencias de mi estado interno, parecía simbólico de mi vida entera. Estaba atrapado. Cada vez que había intentado dejar de fumar había fracasado. No podía ver cómo jamás podría vencer este hábito. Ni tan siquiera estaba seguro de que quería hacerlo.
Sabía que Jesús iba principalmente tras mi corazón, no mi hábito. Con todo, no me podía imaginar seguirlo y fumar al mismo tiempo. Así que una noche pregunté a Larry, un creyente a quien acababa de conocer, si un tipo podía ser cristiano y seguir fumando. Esa era mi versión de la pregunta de los fariseos para atrapar a Jesús sobre el pago de los impuestos al César. Pensaron que podían atraparlo de cualquier manera que contestara.
Medita en Romanos 8:29. ¿Cuál es el aspecto del carácter de Jesús que te gustaría de verdad ver en tu propia vida?
Mi estrategia era algo como esto. Si Larry contestaba, “No - nadie puede ser cristiano y fumar,” yo solemnemente pronunciaría su respuesta como legalista y contraria al principio de que Dios mira el corazón. Por otro lado, si decía, “Sí, no hay problema”, entonces yo podía despedir el cristianismo como un conjunto sin significado de creencias que no tenían ningún poder. Pero la pregunta no era totalmente cínica. Parte de mí desesperadamente quería creer - y ser libre.
Bueno, Larry me dio una respuesta con la que yo no había contado. “Supongamos”, dijo, “que tú quisieras animar a alguien a confiar en el Señor. ¿Crees que tendrías más efecto como testigo con un cigarrillo en la mano o sin uno?”
Hmmmm...buena respuesta. De repente el asunto no era el fumar, sino si yo quería que mi vida glorificara a Dios o no. En realidad era un asunto de motivo.
No soy de la opinión de que a la persona con verdadera fe en Jesucristo se le negaría la entrada al cielo por tener un paquete de cigarrillos en su bolsillo. Pero eso no tiene nada que ver con el asunto, pues el propósito de Dios en la santificación es que seamos conformados a la imagen de Jesucristo. Y yo no puedo imaginarme a Jesús acercarse a la mujer samaritana (Jn 4:7-18) y decir, “¿Tienes fuego? Gracias. Ahora, hablemos de tu pecado. ¿Cuántos esposos has tenido?”
Gracia no es simplemente poca severidad cuando hemos pecado. Gracia es el don de Dios que permite no pecar. Gracia es poder, no sólo perdón. John Piper
Por cierto, yo ya no soy un tipo regular al estilo Chesterfield. Dios tenía medios disponibles para ayudarme a dejar el vicio - los mismos medios que examinaremos en estos dos próximos capítulos. Pero, de primera importancia era mi motivo. Dios siempre ayudará a aquel cuyo motivo es correcto, que en realidad quiere glorificarlo y hacer su voluntad. Pero no nos dejará usarlo simplemente para mejorar la calidad de nuestra vida o cambiar nuestras circunstancias. El no busca nada menos que nuestro corazón. En la santidad, el motivo siempre precede a los medios.
Antes de ahondar más en la próxima sección, repasemos rápidamente lo que hemos aprendido hasta aquí sobre el plan de Dios para la santificación. Somos nuevas creaciones que gozamos de una viva unión con Jesucristo. Pero todavía estamos en una batalla. Experimentamos tanto guerra como paz interior; luchamos con el pecado y reposamos en Cristo.
1 ¿Puedes encontrar un versículo bíblico que demuestra que somos impotentes para ganarnos la salvación de Dios? (Si no sabes dónde buscar, trata Efesios capítulo 2.)
Un claro entendimiento de esta tensión entre el “ahora y el todavía no” te guardará de ciertas serias mal interpretaciones. Por ejemplo, sólo porque te encuentras con severas tentaciones y batallas espirituales no quiere decir necesariamente que has cometido algo malo. Una persona santa no es la que nunca tiene ningún conflicto espiritual, ni que ya ha alcanzado la perfección. Más bien, una persona santa es la que se está haciendo más como Cristo a través del proceso de obedecer a Dios en medio de las luchas cotidianas de la vida.
Aprendamos del Maestro
Como la mayoría de los hombres, yo tengo gran afición por las herramientas. Todavía puedo recordar mi emoción cuando mis amigos me dieron una caja de herramientas nuevecita, completamente equipada en la fiesta de mi despedida de soltero. No me aguantaba porque terminara la fiesta para poder jugar con mis nuevas herramientas. De hecho, estaba tan ansioso que me herí el dedo tratando de abrir la caja.
Para más estudio: Lee Romanos 3:9-12. ¿Consideras ésta una justa descripción de ti mismo? Si no, ¿qué evidencia bíblica encuentras a lo contrario?
Cualquier cristiano genuino admitirá que tiene seria necesidad de reparación espiritual. ¡Qué seguridad tenemos en saber que el Espíritu Santo tiene las herramientas correctas para hacer esas reparaciones - para santificarnos! Todavía más importante, él personalmente tiene la responsabilidad de enseñarnos cómo usar esas herramientas para que maduremos y cambiemos. Y Él nos puede enseñar cómo usarlas sin que nos hagamos daño a nosotros mismos.
Como la tercera persona de la Trinidad, el Espíritu Santo es quien cambia nuestra vida. El Espíritu de Dios participa en nuestra salvación de principio a fin. Ser regenerados (nacidos de nuevo) es nacer del Espíritu. Tanto el arrepentimiento como la fe - los dos lados de la conversión - son dones que da el Espíritu.Anthony A. Hoekema, Saved by Grace (Grand Rapids, MI: Eerdmans Publishing Co., 1989), p. 29. Él está activo en nuestra justificación y en nuestra adopción. Él nos llena, intercede por nosotros, nos sella en Cristo para el día de la redención, y al final nos glorificará.
Dios no deja ni tan siquiera el asunto de la conversión finalmente en manos del hombre...Ni tampoco Dios deja al riesgo incierto nuestro crecimiento y perseverancia y santidad. Más bien, Él dice, ‘Infundiré mi Espíritu en ustedes, y haré que sigan mis preceptos y obedezcan mis leyes’ (Ezequiel 36:27). Es el Señor mismo quien obra en nosotros para querer y hacer su buena voluntad (Filipenses 2:12-13; Hebreos 13:21).- John Piper
Pero ahora nos ocupamos con el Espíritu Santo en su papel como santificador. Somos los que han sido “elegidos...según la previsión de Dios el Padre, mediante la obra santificadora del Espíritu, para obedecer a Jesucristo y ser redimidos por su sangre” (1P 1:2). A través del resto de este capítulo y el próximo, examinaremos algunas de las herramientas con las que Él tan eficazmente obra en nosotros.
La Palabra de Dios
La Biblia es la singular revelación de Dios al hombre. Nos dice verdades que jamás podríamos encontrar en ninguna otra fuente, como la manera en que comenzó el mundo, lo que sucede después que morimos, y así por el estilo. También nos dice algunas cosas que jamás hubiéramos querido saber: somos nacidos en pecado, estamos en necesidad de redención, y somos incapaces de agradar a Dios por nosotros mismos. ¡Alguien ha dicho que la Biblia debe ser la Palabra de Dios porque el hombre jamás escribiría algo tan desaprobante de sí mismo!
Medita en Jeremías 23:29. ¿Alguna vez has sentido el poder de la Palabra de Dios como se describe en este pasaje?
La Biblia no nos adula, ni tampoco enseña - como lo hacen virtualmente todas las religiones - que el hombre puede perfeccionarse a sí mismo. De hecho, la Escritura es pesimista hasta el extremo respecto a la innata habilidad del hombre. Es por eso que es una herramienta tan valiosa y esencial en la santificación del hombre. Jesús mismo confirmó esto cuando oró al Padre, “Santifícalos en la verdad; tu palabra es la verdad” (Jn 17:17).
El libro clásico de John Bunyan, El Progreso del Peregrino empieza cuando el héroe, Cristiano, encuentra “el libro”...y ese fue el comienzo de sus problemas. Pero también fue el comienzo del final de sus problemas. El Espíritu Santo y la Biblia conspiran juntos para convencernos de nuestra gran necesidad de Dios. Pero tal como descubrió Cristiano, ellos nos convencen para poder convertirnos, y nos convierten para poder transformarnos:
Pero tú, permanece firme en lo que has aprendido y de lo cual estás convencido, pues sabes de quiénes lo aprendiste. Desde tu niñez conoces las Sagradas Escrituras, que pueden darte la sabiduría necesaria para la salvación mediante la fe en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia. (2 Ti 3:14-16)
Medita en Salmo 32:8-9. Si ignoramos la Escritura, Dios quizás tenga que sacar la brida y el freno.
Como Pablo hace claro en esta carta a Timoteo, la Escritura tiene un singular poder para producir cambio en el cristiano. Nos enseña las leyes y los caminos de Dios, luego nos reprende cuando no cumplimos con esa instrucción. Pero también nos corrige. No sólo nos dice que estamos equivocados; sino que nos vuelve a levantar y nos pone en el camino recto. Finalmente, nos instruye en justicia, enseñándonos cómo vivir.
¿Alguna vez has notado que se usan muchas vívidas metáforas para describir la Palabra de Dios?
Es nuestro alimento y bebida espiritual. “No sólo de pan vive el hombre, sino de todo lo que sale de la boca del SEÑOR” (Dt 8:3). La escritura es leche para los pequeños y comida sólida para los maduros (Heb 5:12-14).
Es un espejo. “El que escucha la palabra pero no la pone en práctica es como el que se mira el rostro en un espejo y, después de mirarse, se va y se olvida en seguida de cómo es” (Stg 1:23-24). La Biblia nos muestra a nosotros mismos tal como Dios nos ve. Es una verificación de la realidad, que revela quién y qué en realidad somos.
Es una luz. “Tu palabra es una lámpara a mis pies; es una luz en mi sendero” (Sal 119:105). La Escritura nos muestra la manera en que debemos vivir y lo que debemos evitar.
Es semilla. “Un sembrador salió a sembrar...La semilla es la palabra de Dios” (Lc 8:5,11). Cuando se siembra en el buen terreno de un corazón receptivo, da mucho fruto.
Es una espada.“Ciertamente, la palabra de Dios es viva y poderosa, y más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta la médula de los huesos, y juzga los pensamientos y las intenciones del corazón” (Heb 4:12).
Lo que todas estas figuras tienen en común (y hay más) es la absoluta necesidad y utilidad de la Escritura. Nada sobre la Biblia es superfluo, y no necesita suplemento. Es suficiente para todas las cosas que tienen que ver con la salvación y la santidad, “a fin de que el siervo de Dios esté enteramente capacitado para toda buena obra” (2 Ti 3:17).
Para más estudio: ¿Es suficiente solamente oír la Palabra para producir cambio? (Ve Mateo 7:24-27; Juan 14:21-24; Santiago 1:22))
En generaciones pasadas, la inspiración e infalibilidad de la Santa Escritura ha sido atacada repetidamente. Hoy la suficiencia de la Biblia es puesta en duda por los que sugieren, abierta y sutilmente, que es incapaz de tratar con algunos de los interrogantes más profundos y necesidades más fundamentales de la humanidad. Pero la Biblia de ninguna manera depende de ninguna fuente externa de conocimiento. Es más que suficiente. Este maravilloso libro es la herramienta principal del Espíritu Santo para cambiarnos.
¿Cómo ocurre ese cambio? Cuando oímos y aplicamos la Palabra de Dios, que también se conoce como obediencia. Eso sólo sucederá consistentemente a medida que nos comprometemos con las siguientes disciplinas:
Algunos amigos míos practican una disciplina de ‘no Biblia, no desayuno’. Algunos la leen por la noche. Otros pasan momentos con Dios durante el día. Pero yo no conozco a ninguno que tenga un andar profundamente espiritual que no pase tiempo todos los días con Dios en su Palabra. Es indispensable. Exige de un compromiso específico. Jerry White
Apartar un tiempo regular para leer la Biblia...y cumplir con la cita. Lo primero por la mañana es para muchos el mejor momento. Por supuesto que eso quizás signifique acostarte más temprano para dormir lo suficiente. Si no estás leyendo tu Biblia regularmente, y no pareces poder ponerlo en tu horario, es porque algo menos importante se ha hecho muy importante. Averigua lo que es y haz cambios. Sé despiadado.
2 Según una encuesta de Barna, 73% de los norteamericanos dicen que es importante leer la Biblia. Un asombroso 93% de hogares en los Estados Unidos tienen por lo menos una Biblia. Pero fíjate con cuánta frecuencia en realidad se abren esas Biblias...luego marca el cuadrado que refleja más correctamente tu propio hábito de lectura.
En una semana promedio, los norteamericanos leen la Biblia...
Todos los días 12%
Varios días 15%
Un día 16%
Nunca 57%
Una distracción mayor son las noticias y la información. En esta edad de comunicación instante y global, muchos cristianos pasan más tiempo con los periódicos, revistas de noticias, y noticieros que con el Señor. Ahora hay más cosas que nunca para sobresaltarnos, airarnos, asustarnos, y robarnos tiempo precioso. Pero no hay manera posible para poder controlar o responder a todo lo que está sucediendo. Por supuesto que no estoy sugiriendo ignorancia o inacción, pero si el periódico o las noticias de la noche invaden tu estudio de la Biblia, entonces es tiempo que hagas ajustes mayores.
Comprométete a un plan de estudio específico.Leer a través de la NIV Study Bible me ha dado buen resultado a mí. De esta manera me veo obligado a leer esas porciones de la Escritura que podría considerar menos importantes o menos interesantes. Se toma una lectura completa de la Biblia para desarrollar una imagen completa de Dios. Como dijo una vez el difunto A.W. Tozer, “Podemos tener una opinión correcta de la verdad solamente al atrevernos a creer todo lo que Dios ha dicho de sí mismo”.A.W. Tozer, Gems From Tozer (Harrisburg, PA: Send the Light Trust/ Christian Publications, Inc., 1969), p. 4.
Para más estudio: Timoteo se benefició inmensamente al tener a Pablo como su mentor. Para ver el impacto de esta relación lee 2 Timoteo 1:13-14 y 3:10-15.
Hay un buen número de buenos recursos que pueden mejorar tu tiempo diario con la Palabra. Hemos puesto unos cuantos en la sección “Lectura recomendada” al final de este capítulo. Variar tu método de vez en cuando hará más placentera y beneficiosa esta disciplina.
La palabra escondida comunica el pensamiento de guardar algo para los tiempos de futura necesidad. Hacemos esto al meditar continuamente en la Palabra de Dios, al pensar constantemente en ella, y aplicar sus verdades a las situaciones diarias de la vida. Yo personalmente he encontrado que un programa sistemático para memorizar la Escritura es absolutamente necesario para la continua meditación en la Palabra de Dios. No puedo pensar durante el día lo que no tengo en mi corazón.Jerry Bridges
Busca a alguien que te ayude. Tu estudio de la Biblia acelerará grandemente al relacionarte con un mentor cristiano. Aprenderás mucho simplemente al preguntar, “¿Cómo es que tú estudias la Escritura?” También te beneficiará (aunque no sin cierta vergüenza) cuando él o ella te pregunte, “Así que...¿de verdad lo estás haciendo?” Ser responsable ante otra persona es de gran beneficio. Sólo mira que la persona que te pide cuentas no tenga similares defectos - ni el don de misericordia.
Guarda la Palabra de Dios en tu corazón memorizándote la Escritura. Pablo indica la transformación interna que ocurre a medida que comenzamos a dejar que la Biblia dé forma a nuestros pensamientos y actitudes: “No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta” (Ro 12:2). La memorización quizás no te sea fácil, pero a medida que tejes la Palabra en la tela de tu vida, estarás bien preparado cuando venga la tentación o la adversidad.
Una Conciencia Limpia
Esto afirmo. No puedo hacer lo contrario...mi conciencia es cautiva de la Palabra de Dios. No puedo y no retraeré en nada, pues ir contra mi conciencia no es ni correcto ni seguro. Que Dios me ayude. Amén7Quoted in Roland Bainton, Here I Stand: A Life of Martin Luther (Nashville, TN: Abingdon Press, 1950), p. 185.
La famosa defensa de Lutero ante la Dieta de Worms [en inglés ‘lombrices’] (ese era el nombre del concilio oficial que lo enjuició, ¡en serio!) indica el importante lugar que ocupa la conciencia en la vida del cristiano. También tiene un lugar importante en nuestra santificación.
Todos nosotros sin duda nos hemos encontrado con esta misteriosa facultad llamada conciencia. Cuando, en el sexto grado, yo tiré un aro de goma a un grupo de estudiantes por la puerta del aula, no esperaba golpear a nadie en el ojo. Pero así fue. Y cuando mi compañera de clase gritó de dolor, ni ella ni ninguno de los demás sabía lo que había sucedido. Pero mi conciencia sí lo sabía e insistió en que yo tomara responsabilidad por lo que había hecho. Yo luché contra ello, tratando de salir con cualquier posible excusa, pero fue en vano. Mi conciencia se negó a soltarme del anzuelo. La única manera de silenciarla fue admitir mi culpa y aceptar las consecuencias.
Este incidente ilustra el rasgo más extraordinario de la conciencia - los juicios que declara son completamente objetivos e imparciales.Ole Christian Hallesby, Conscience (Minneapolis, MN: AugsburgPublishing House, 1933), p. 14. En otras palabras, uno nunca puede ganar un argumento con su conciencia. Siempre está trabajando, hasta en los sueños. Puede funcionar como testigo, al decir lo que ve u oye. Puede funcionar como abogado, acusándonos por delitos o, en raras ocasiones, defendiéndonos. También puede funcionar como juez, entregando veredictos categóricos que no pueden ser apelados.
Medita en Romanos 1:20-21. ¿Por qué no hay excusa para rechazar la ley moral de Dios?
-Mentiste-, proclama la conciencia.
-¡No mentí! Sólo decía la verdad a modo de no causar ningún conflicto innecesario.-
-Mentiste.-
La conciencia no discute el asunto. Sólo lo declara. Esta es la razón por la que la conciencia lleva a algunos a la distracción y por la que harán todo lo posible por apagarla, o amortiguarla con el alcohol o las drogas.
¡Grande en realidad es el poder de la conciencia! Poderosa es la influencia que puede ejercer en el corazón de los hombres! Puede infundir terror en la mente de monarcas en su trono. Puede hacer temblar y sacudir a las multitudes ante unos cuantos valientes amigos de la verdad como una manada de ovejas. Tan ciega y equivocada como la conciencia con frecuencia es, incapaz de convertir a un hombre o de llevarlo a Cristo, con todo es una parte muy bendita de la constitución del hombre, y la mejor amiga en la congregación que tiene el predicador del evangelio.[5]
— J.C. Ryle
La palabra en sí quiere decir “saber junto con”. El teólogo Ole Hallesby explica el significado de esta definición:
Es, entonces, no simplemente un saber, un conocimiento junto con algo o alguien. Tampoco necesitamos tener duda respecto a junto con qué es lo que el hombre en su conciencia sabe. Entre todas las razas...es una característica del hombre que él en su conciencia sabe junto con una voluntad que está sobre y por encima de la suya propia...Esta voluntad, que es la voluntad de Dios, es lo que los hombres llaman la ley o la ley moral, o sea, la ley según la cual la vida del hombre debe vivirse.Ole Christian Hallesby, Conscience, p. 12.
Aunque imparcial, la conciencia no es infalible. Puede estar mal informada. Puede ser demasiado sensible. O, si ha sido represada rutinariamente, quizás yo sea absolutamente sensible. La persona que ignora su conciencia se dirige al desastre. Pronto perderá la habilidad de distinguir entre la iniquidad y la justicia, entre el bien y el mal. Esto explica mucho sobre nuestra sociedad...y sobre mi primer encuentro con las drogas
Cuando yo tenía dieciocho años un amigo me dio un porro (un cigarrillo de mariguana). Era 1968 y las drogas acababan de comenzar a filtrarse en los suburbios de Washington, D.C. donde yo vivía. Yo sabía que era ilegal. Yo sabía que era malo. Mi conciencia me gritaba...pero yo lo hice de todos modos. Un par de días después me fumé otro porro, y otra vez sonó la sirena de mi conciencia. Sólo que esta vez no era tan fuerte. Después de media docena de veces, casi ni la podía oír. Como resultado, poco a poco perdí mi compás moral. En esas raras ocasiones cuando apenas podía distinguir la voz de mi conciencia, la consideraba como una molestia y una aguafiestas.
Si el hombre cauteriza su conciencia pronto la verá como una maldición. Pero Dios no dio la conciencia para bendecirnos. No siempre trae noticias placenteras. Puede excusar como también acusar, felicitar como también condenar. Y como dijo Pablo al joven Timoteo, la conciencia es una salvaguarda esencial de la vida cristiana:
Timoteo, hijo mío, te doy este encargo porque tengo en cuenta las profecías que antes se hicieron acerca de ti. Deseo que, apoyado en ellas, pelees la buena batalla y mantengas la fe y una buena conciencia. Por no hacerle caso a su conciencia, algunos han naufragado en la fe. (1Ti 1:18-19)
Puede que la conciencia sea una arma sencilla, pero es altamente eficaz en la batalla contra el pecado. “No hacerle caso a la conciencia” es lo mismo que cometer suicidio espiritual.
3 Lee Efesios 4:25-32, luego toma un minuto para escuchar a tu conciencia. ¿Te das cuenta de alguna ofensa sin confesar contra Dios u hombre?
Una conciencia limpia es uno de los beneficios más preciosos del nuevo nacimiento. “Así que, hermanos, mediante la sangre de Jesús,” dice el escritor de Hebreos, “Acerquémonos, pues, a Dios con corazón sincero y con la plena seguridad que da la fe, interiormente purificados de una conciencia culpable” (Heb 10:19,22; Heb 9:14). ¡Qué gracia la de Cristo de purgarnos con su sangre de las asquerosas manchas de nuestros pecados pasados! Ahora que tenemos una conciencia limpia, debemos esforzarnos para mantenerla así.
La conciencia funciona como una luz de advertencia en el tablero de mandos de nuestra vida, y necesitamos poner atención cuando se enciende intermitentemente. El proceso es el mismo que cualquier mecánico de automóviles seguiría: determinar de dónde proviene la dificultad y luego corregirla. Por lo regular la solución tiene que ver con confesar el pecado y pedir perdón.
Después de cometer adulterio con Betsabé y de asesinar a Urías, el rey David siguió como si nada hubiera ocurrido durante meses ignorando la luz roja de su conciencia. Él nos escribe sobre su experiencia en el Salmo 32:
Medita en Hechos 24:16. ¿Pablo daba por sentado la conciencia?
Dichoso aquel a quien se le perdonan sus transgresiones, a quien se le borran sus pecados. Dichoso aquel a quien el SEÑOR no toma en cuenta su maldad y en cuyo espíritu no hay engaño. Mientras guardé silencio, mis huesos se fueron consumiendo por mi gemir todo el día. Mi fuerza se fue debilitando como al calor del verano, porque día y noche tu mano pesaba sobre mí. Pero te confesé mi pecado, y no te oculté mi maldad. Me dije: ‘Voy a confesar mis transgresiones al SEÑOR’, y tú perdonaste mi maldad y mi pecado. Por eso los fieles te invocan en momentos de angustia; caudalosas aguas podrán desbordarse, pero a ello no los alcanzarán. (Sal 32:1-6)
Para más estudio: Escribe Salmo 139:23-24 en una tarjeta pequeña y ponla en un lugar donde te sirva de recordatorio diario.
Mientras David guardó silencio su conciencia no calló. El pecado sin confesar lo llevó a la angustia espiritual y física. Pero el perdón y la liberación le llegaron tan pronto como reconoció su comportamiento y se arrepintió. El testimonio de David muestra que una conciencia limpia podría curar muchos de los problemas que tenemos, incluso muchos que son llamados “enfermedades mentales” o “depresión”.
Se llegó el momento de que nosotros los cristianos hagamos frente a nuestra responsabilidad con la santidad. Con demasiada frecuencia decimos que somos ‘derrotados’ por este o aquel pecado. No, no somos derrotados; simplemente somos desobedientes. Podría ser algo bueno si dejáramos de usar las palabras ‘victoria’ y ‘derrota’ para describir nuestro progreso en la santidad. Más bien debemos usar las palabras ‘obediencia’ y ‘desobediencia’. Jerry Bridges
Cuando el cristiano tiene una conciencia saludable, le advertirá antes de iniciar un acto malo. Durante el acto la conciencia podría guardar silencio. Pero después de verdad se dejará oír. Las palabras, los pensamientos, las actitudes, y los motivos también pasan bajo su implacable escrutinio. Recuerda - esto es una bendición.
Una conciencia activa fomenta el examen de sí mismo que marca al cristiano en crecimiento. Es una tremenda aliada de la verdad. Como se mencionó arriba, el peligro principal es que faltamos en obedecer a la conciencia y ésta se cauteriza. El cristiano sin una conciencia limpia puede ser chantajeado por el enemigo. Al haber perdido un equipo de navegación tan crucial, ya no puede discernir el curso correcto, y corre el riesgo de naufragar. Esto no es algo insignificante.
Para más estudio: Para entender las opiniones de Pablo sobre la conciencia débil y la conciencia fuerte, lee 1 Corintios 8:4-13 y 10:23-33.
Pero una conciencia hipersensible puede ser un problema tan grande como la que se ha cauterizado. Esto no es raro entre los cristianos serios, especialmente cuando son recién convertidos. Los que tienen lo que a veces se llama una conciencia demasiado escrupulosa o débil, viven en un continuo estado de injustificada culpa. “Aquí lo más insignificante puede producir una conciencia malvada, de hecho, una ansiedad muy insoportable. Puede ser, o un acto insignificante, o un pequeño pensamiento o una palabra descuidada”.Ole Christian Hallesby, Conscience, p. 142 Un pedazo de basura en el suelo que no se recoge se convierte en un pecado mayor porque “comete pecado todo el que sabe hacer el bien y no lo hace” (Stg 4:17). O un comentario de improviso que no es absolutamente correcto se convierte en una mentira premeditada.
Durante esos ataques de duda, cuando el creyente en un grado excepcionalmente marcado pierde contacto con la gracia que puede sentir, su vida entera en Dios cae fuera de balance, como quien dice. Todos los valores espirituales se distorsionan, y tiende a perderlos totalmente de vista. Ya no parece poder beneficiarse de sus anteriores experiencias cristianas ni de su anterior perspicacia sobre asuntos espirituales. Los asuntos esenciales y los no esenciales se convierten en una confusa masa en lo que a él respecta. Dios le enseñará en momentos así cuán impotente es en sí mismo tanto en la moralidad como en la religión. Ole Christian Hallesby
Como ilustran estos ejemplos, los que tienen una conciencia demasiado escrupulosa yerran al exaltar la letra del versículo bíblico por encima del espíritu del versículo. Recuerda, Dios está más interesado en el motivo del corazón que en los detalles externos.
También es posible que falten en distinguir entre la tentación y el pecado. Es cierto que con frecuencia la una lleva al otro, pero no son lo mismo. La tentación es inevitable, pero no es necesario que dé a luz el pecado. Como dijo Lutero, “No puedes evitar que los pájaros vuelen sobre tu cabeza, pero puedes evitar que hagan un nido en tu pelo”.
Mi consejo a los que tienen una conciencia hipersensible es que busquen el consejo de un cristiano maduro - un pastor o el líder de un grupo pequeño que pueda ayudarles a separar lo esencial de lo no esencial. También la activa participación en el ministerio de grupos pequeños de tu iglesia es indispensable para mantener una conciencia saludable.
4 ¿Cuál de los siguientes considerarías ser pecados dignos de arrepentimiento? (Marca todos los que apliquen.)
Dejar un poco de chicle masticado debajo del asiento frente al tuyo en la iglesia.
Fantasear brevemente de que tu suegra se ha mudado a Nepal.
Doblar a la izquierda con la luz en rojo en el único semáforo en el pueblo a las 2:47 a.m.
Dejar que pase una semana sin bañar a tu niño pequeño.
Tirar una lata vacía de refresco que pudo haber sido reciclada.
La Oración
La oración es nuestra cuerda salvavidas de comunicación con Dios. A través de la oración tenemos una avenida para acercarnos a nuestro Padre celestial y expresar nuestra gratitud y comunicarle nuestras necesidades. Es una oportunidad de múltiples facetas para tener comunión con el Creador del universo. La oración consistente, persistente nos cambia tan profundamente como cualquier otro medio usado por el Espíritu Santo.
La Biblia nos anima, “Oren en el Espíritu en todo momento, con peticiones y ruegos. Manténganse alerta y perseveren en oración por todos los santos” (Ef 6:18). Hay por lo menos tres clases de oración que contribuyen grandemente a nuestra santificación. Examinémoslas individualmente.
La oración como un clamor de liberación del pecado. Es difícil imaginarse una situación más desesperante que en la que Jonás se encontraba. Habiendo desobedecido el mandato de Dios de ir a Nínive, acabó en el estómago de un gran pez. La oración era su única esperanza:
Entonces Jonás oró al SEÑOR su Dios desde el vientre del pez. Dijo: ‘En mi angustia clamé al SEÑOR, y él me respondió. Desde las entrañas del sepulcro pedí auxilio, y tú escuchaste mi clamor’. (Jon 2:1-2)
No sólo te sientes ahí solo o apartado colgando la cabeza, y sacudiéndola y mordiéndote los puños preocupado y buscando una salida, sin nada más en tu mente que lo malo que te sientes, cuánto sufres, qué pobre tipo eres. ¡Levántate, perezoso tunante! ¡De rodillas! ¡Levanta las manos y los ojos al cielo!  Martin Luther
No importa cuán desesperante sea el predicamento, nuestro primer paso para ser liberados del pecado es siempre hacia el Señor. Este paso se logra a través de la oración. Cuando yo sé que he pecado, la salida no es complicada - sólo difícil. El Espíritu Santo me dirige a clamar pidiendo misericordia, a confesar mi pecado, y a pedir perdón.
La promesa de Dios está clara: “Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad” (1Jn 1:9). La palabra griega que se traduce aquí como “confesamos” significa “decir la misma cosa” - estar de acuerdo con Dios de que en verdad hemos pecado. Él ya sabe cuál es nuestro pecado. Él solamente está esperando que nosotros nos hagamos responsables del pecado. Una vez lo hagamos, Él promete perdonarnos y purificarnos. Yo encuentro interesante que la base para el perdón de Dios no es su misericordia, sino más bien su fidelidad y justicia. Podemos someter con confianza nuestras peticiones a Dios por lo que Jesús hizo por nosotros en la cruz.
Medita en Salmo 86:1-7. Aunque merecemos su ira, Dios nos ama grandemente cuando clamamos pidiendo liberación del pecado.
La oración por libertad de pecado es una manifestación de verdadero humildad. Y humildad es necesaria para experimentar gracia.
La oración es una petición de dirección. Yo recuerdo los tiempos justo antes de pedir a mi esposa que se casara conmigo. ¡Vaya, si en serio quería recibir dirección de parte de Dios! Sólo la cantidad de las oraciones pidiéndole dirección debió haber comunicado claramente al Señor que yo de verdad quería saber cuál era su voluntad.
Recibir dirección tiene que ver con más que solamente la oración, por supuesto. Por ejemplo, exige de estudio bíblico y fiel aplicación de la sabiduría que ya poseemos. Anticipa que tengamos una sincera determinación para hacer la voluntad de Dios suceda lo que suceda, y una disposición a oír la multitud de consejeros que misericordiosamente Él pone a nuestro alrededor. Pero la oración es primordial en la dirección simplemente porque nos mantiene en constante contacto con Aquel que nos dirige por sendas de justicia por amor a su nombre (Sal 23:3).
Nadie puede reducir a una fórmula la verdadera dirección. Consiste en oír y obedecer, una relación constante reforzada por la comunicación regular, y en reposar en las seguras promesas de Dios. Mi propia opinión es que el cristiano que se propone a hacer la voluntad de Dios encontrará muy difícil no ver esa voluntad si es que es una persona de oración.
5 Describe brevemente un incidente cuando recibiste liberación o dirección de Dios como resultado de la oración.
La oración como sumisión a la voluntad de Dios.En el huerto de Getsemaní, Jesús hizo la oración más conmovedora de todas: “Padre, si quieres, no me hagas beber este trago amargo: pero no se cumpla mi voluntad, sino la tuya” (Lc 22:42). Iba acompañada de un fuerte clamor a Dios y una presión tan intensa que Cristo sudó gotas de sangre. Fue expresada cuando estaba sin la compañía de ningún ser humano, porque sus amigos más cercanos se habían dormido. Nuestro Señor estaba solo. Aquí, en su hora de mayor prueba, Jesús nos dio un modelo de verdadera sumisión, una humildad que lo cualificó para heredar la tierra.
Hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, los aviones aliados hicieron llover sobre Alemania grandes bombas incendiarias. Ciudades como Dresde y Hamburgo quedaron completamente destruidas. Uno de los sobrevivientes de Dresde fue John Noble, un ciudadano norteamericano que junto con su familia fue puesto bajo arresto en su casa cuando estalló la guerra.John Noble, I Found God in Soviet Russia (London: Lakeland, Marshall, Morgan and Scott, 1959) Tenía 22 años de edad.
Para más estudio: Lee Hebreos 12:7-13. ¿Qué promesa encontramos aquí que nos motiva a someternos a Dios?
Después que se rindieron los poderes del Axis en 1945, John esperaba volver a los Estados Unidos. Pero los comunistas soviéticos controlaban ahora esa parte de Alemania, y ellos tenían otros planes para él. Fue encarcelado bajo un pretexto y durante los próximos diez años fue sujeto al más inhumano trato que uno se pueda imaginar. Sólo una pequeñísima fracción de los prisioneros sobrevivieron. Los que habían padecido bajo los alemanes y los comunistas dijeron que aunque los nazis eran mucho más crueles y vengativos en su trato de los prisioneros, los comunistas eran más mortíferos, ya que sistemáticamente hacían morir de hambre a los que estaban en sus garras.
Aunque Noble se había criado en un hogar cristiano, su fe no se extendía mucho más allá de la asistencia superficial a la iglesia. Se daban gracias a Dios antes de comer, pero las oraciones, si se hacían, no salían del corazón. Su padre, un anterior ministro, se había vuelto más y más materialista a través de los años. Llevó a la familia a Alemania a mediados de los 1930 para dirigir una fábrica de cámaras. Así es como quedaron atrapados en Alemania cuando las tropas de Hitler comenzaron a marchar.
Medita en Filipenses 1:20-21. Una vez más, Pablo sirve como un perfecto modelo y ejemplo. ¿Cuál era una de sus preocupaciones mientras se enfrentaba con la probabilidad de ser ejecutado?
En la cárcel a todos los prisioneros repetidamente se les negaba comida por largos lapsos de tiempo. Luego llegó un devastador período de doce días sin nada excepto un poquito de agua con sabor a café al día. Muchos de los hombres murieron. Desde su solitaria celda, John podía oír cuando sacaban los cadáveres arrastrándolos, la cabeza golpeando las gradas. La desesperanza y el desaliento eran como una nube a su alrededor. Pero durante ese tiempo de lenta y dolorosa muerte por hambre, Dios en su gracia se reveló a John Noble.
Por supuesto que había orado durante el comienzo de su cautiverio. De hecho, había orado con frecuencia, pidiendo a Dios comida, seguridad, y liberación. Pero cuando le fue dada fe para confiar en Cristo, el enfoque de sus oraciones cambió de preservación de sí mismo a una humilde entrega a la voluntad de Dios. Ahora, ya fuera que viviera o muriera, estaba sometido a Dios. Ya no se pertenecía a sí mismo. Como resultado, ya no tenía miedo. Una paz que sobrepasaba toda comprensión humana se apoderó de su alma.
La oración hará que el hombre deje de pecar, o el pecado tentará al hombre a dejar de orar. John Bunyan
El padre de John, uno de sus compañeros de cárcel en Dresde, también volvió a dedicar su vida a Cristo y recibió la misma gracia para orar diciendo, “pero no se cumpla mi voluntad, sino la tuya”. Aunque habían de pasar varios años más en la cárcel, después escribieron de no tener nada de qué lamentarse. Nunca se sintieron más ricos espiritualmente ni más cerca de Cristo que cuando, naturalmente hablando, las cosas parecían más inexorables. Y su confianza en Jesús, que era tan preciosa para ellos, les dio el poder para reclamar la miserable vida de muchos otros. Durante toda su terrible experiencia, la humilde oración de sumisión a la voluntad de Dios mantuvo su corazón tierno y cerca de Él.
Como puedes ver, la oración - junto con la Palabra de Dios y una conciencia regenerada - son poderosas herramientas en la mano del Espíritu. Tienen un admirable potencial para conformarnos a la imagen de Cristo. Ahora que tienes cierta idea de cómo funcionan éstas, hurguemos en el resto de la caja de herramientas.
Discusión Grupo
1.    Martín Lutero una vez dijo, “El hombre es justificado por la fe solamente, pero no por una fe que está sola”. ¿Cómo se podría aplicar eso a las preguntas del autor sobre fumar antes de su conversión? (Páginas 53-54)
2.    ¿Qué pecados considerarías estar entre los más dominantes o adictivos? ¿Por qué?
3.    ¿Puedes recordar maneras específicas en las que el Espíritu Santo obró para santificarte después de tu conversión?
4.    ¿Cómo afecta tu expectación de cambiar el conocimiento de que Dios mismo está obrando en ti?
5.    Piensa en una cueva subterránea, excavada a través de siglos por el constante gotear del agua. En la medida en que la Palabra de Dios “gotea” en tu vida ahora, ¿cuánto tiempo se tomará para producir un cambio visible?
6.    . ¿Qué sería necesario para asegurar que estás leyendo - y aplicando - la Palabra de Dios regularmente?
7.    ¿Cómo calificarías tu conciencia? (A) Demasiado insensible, (B) Demasiado sensible, (C) Exactamente correcta.
8.    . “Cuando yo sé que he pecado”, dice el autor, “la salida no es complicada - s¬ólo difícil” (Página ). ¿Por qué es difícil orar pidiendo a Dios liberación?
9.    “La oración cambia las cosas” anuncia un rótulo muy conocido. ¿De qué maneras has visto que eso es cierto en tu vida?

jueves, 27 de enero de 2011

una buena reflexión (Celo por las cosas de Dios)

El mal de Eliasib

Representación pictorica de Nehemías.-
4Y antes de esto el sacerdote Eliasib, siendo jefe de la cámara de la casa de nuestro Dios, había emparentado con Tobías, 5y le había hecho una gran cámara, en la cual guardaban antes las ofrendas, el incienso, los utensilios, el diezmo del grano, del vino y del aceite, que estaba mandado dar a los levitas, a los cantores y a los porteros, y la ofrenda de los sacerdotes. 6Mas a todo esto, yo no estaba en Jerusalén, porque en el año treinta y dos de Artajerjes rey de Babilonia fui al rey; y al cabo de algunos días pedí permiso al rey 7para volver a Jerusalén; y entonces supe del mal que había hecho Eliasib por consideración a Tobías, haciendo para él una cámara en los atrios de la casa de Dios. 8Y me dolió en gran manera; y arrojé todos los muebles de la casa de Tobías fuera de la cámara, 9y dije que limpiasen las cámaras, e hice volver allí los utensilios de la casa de Dios, las ofrendas y el incienso. Nehemías 13

En el post anterior exponía algunas razones que anteceden en orden a las citas que doy en esta entrada. La orden de separación de aquellos que se habían mezclado con extranjeros había sido observada con prontitud.


Estos leyeron la Ley de Dios y hallaron en ella las instrucciones, el temor de Dios era sobre ellos y llevaron a cabo la orden del Dios de Moisés. Las reformas habían empezado como consecuencia del avivamiento que provino de Dios por Su Palabra, Dios estaba siendo glorificado en medio de Israel.

Quiero resaltar brevemente algunos principios que podemos extraer de esta sección del pasaje que estamos leyendo en el capítulo trece de Nehemías.

4Y antes de esto el sacerdote Eliasib, siendo jefe de la cámara de la casa de nuestro Dios, había emparentado con Tobías,

Eliasib, quién era un líder importante y jefe de la habitación de la casa de Dios donde eran guardadas en el pasado con celo todas aquellas cosas referidas a la liturgia, la adoración y el servicio levítico. ¿Qué hizo Eliasib? Abusando del honor de ser el jefe de este especial cobertizo, y por causa de un emparenta-miento, o unión con otra familia, le hizo una gran cámara a Tobías, cosa que no debía ser jamás.

5y le había hecho una gran cámara, en la cual guardaban antes las ofrendas, el incienso, los utensilios, el diezmo del grano, del vino y del aceite, que estaba mandado dar a los levitas, a los cantores y a los porteros, y la ofrenda de los sacerdotes.

No se la razón por la cual el hizo esto. Posiblemente era parte de una dote, o un regalo a aquel que era posiblemente el padre de la esposa de su hijo, o viceversa. Lo cierto es que Eliasib hizo algo que no le era permitido, usó con irresponsabilidad el llamado que tenía, y abusó de su autoridad para dar lo que no era suyo. Dispuso un uso diferente al que debía tener esa cámara.

Esa cámara había sido asignada para guardar: 1.- Ofrendas, 2.- Incienso, 3.- Utensilios, 4.- El diezmo del grano, 5.- De vino, 6.- del aceite, todas estas cosas que estaban ordenadas a ser entregadas a los levitas, los cantores, porteros y sacerdotes. ¿Cómo sucedió esto? Sabemos que estos eran días de restauración, y que esa restauración era necesaria por cuanto el Pueblo había declinado y rozado la apostasía.

Este líder espiritual no fue un fiel administrador del don de Dios y su ministerio y había usado aquello que pertenecía a Dios para usos utilitarios y personales, para agradar a un hombre, pero desagradando a Dios, para considerar a un hombre, pero no al Dios de sus padres.

6Mas a todo esto, yo no estaba en Jerusalén, porque en el año treinta y dos de Artajerjes rey de Babilonia fui al rey; y al cabo de algunos días pedí permiso al rey 7para volver a Jerusalén; y entonces supe del mal que había hecho Eliasib por consideración a Tobías, haciendo para él una cámara en los atrios de la casa de Dios.

Nehemías llama a esto “…el mal que había hecho…” apenas supo todo esto tuvo la reacción que debe tener todo hijo de Dios cuando su gloria es puesta en afrenta y cuando Su Pueblo desobedece la Ley de Dios y lastima la Obra.

¿Sabía Eliasib que estaba obrando mal? ¿Por qué permitió esto?, ¿Desde cuando la Casa de Dios había sido abandonada de esa forma? ¡Líderes egoístas y llenos de rapacidad! ¡Oportunistas que usan el ministerio para dar lo que no es suyo, y para obtener lo que tampoco es suyo, alabanzas y favores en Nombre de Dios! Esta fue su reacción:

8Y me dolió en gran manera; y arrojé todos los muebles de la casa de Tobías fuera de la cámara, 9y dije que limpiasen las cámaras, e hice volver allí los utensilios de la casa de Dios, las ofrendas y el incienso.

¡El celo de Tu Casa me consume! Nehemías al ver como había sido contaminada la Casa de Dios de inmediato fue movido a la purificación del lugar de manera radical, pero antes tuvo un profundo dolor. Este dolor intenso por causa de Dios, y por lo que había sucedido hizo que con determinación y una pasión justificada sacara todos los muebles de Tobías, y ordenara limpiarla, para darle el uso que le correspondía según estaba escrito en la Palabra de Dios.

Quiero dejar algunas observaciones:

1.- Debemos recordar que en los tiempos de Nehemías la Ley Civil y Ceremonial, al igual que la Moral eran inseparables. Fue con el tiempo y los cambios generacionales que el derecho, la liturgia, y la moral fueron estableciendo ciertas y marcadas diferencias hasta nuestros días.

2.- Nosotros vivimos en una generación diferente y con una revelación más amplia y completa que la que tuvieron aquellos hombres de Dios. Por lo tanto, no debemos obviar el Nuevo Pacto y entender estos pasajes de Nehemías dentro del contexto de toda la Escritura.

3.- El pecado de Eliasib, siendo un líder; fue tener una pobre visión de Dios, este hombre declinó de tal manera que hizo aquel mal dando lo que no era de el, y acabando de alguna manera con el culto al Dios de Israel, quitando al Pueblo Judío la dicha de tener un lugar de culto público, retirando lo sagrado de esa cámara, para satisfacer deseos mezquinos.

4.- Eliasib: 4.1- Llenó la cámara levítica con aquello que no debía estar allí, es decir, los muebles de Tobías. 4.2- Contaminó la cámara con aquellas cosas, y 4.3- Sacó los utensilios y demás cosas del culto a Dios. Esto es lo que ocurre cuando sacamos de la Iglesia de Cristo la Palabra de Dios.

Poco a poco los líderes que dejan de lado la Ley de Dios, sustituyen la exposición de la Biblia por entretenimiento, humor, juegos, distracciones, o cultos voluntarios, o sus propias ideas de cómo deben ser hechas las cosas, contaminan la iglesia, y sacan de ella la Palabra de Dios y sus principios rectores, ¡Que desgracia! ¡Que fin terrible les espera sino llega un despertar de Dios! Me he tomado la libertad de hacer una aplicación espiritual del mismo porque creo que tiene conexiones con lo que afirmo. Estas cosas que sucedieron en el pasado, se repiten hoy día de diferentes maneras.

5.- Nehemías finalmente supo lo que sucedía, y es que el pecado de los líderes espirituales tarde o temprano se conocen. Y obedeció a la Ley de Dios, se dolió en gran manera y limpió la cámara restableciendo en ella el uso que Dios le había asignado.

6.- Esto implica otra fase del avivamiento y Reforma. Ya se había separado de aquellos que se habían mezclado con los enemigos de Dios de manera radical, ahora se había restablecido el uso de esta cámara especial ceremonial levítica.

Tres cosas para considerar:

1.- Un líder espiritual jamás debe pensar que el don o responsabilidad que ha recibido, es del mismo como si fuera dueño de estas cosas. Toda buena dádiva, y todo don perfecto descienden de lo Alto. Usar los recursos de Dios para fines personales es un gran mal que traerá pronto juicio y amonestación. Esto es ser un disipador de las riquezas celestiales. No es digno del ministerio aquel que usa los recursos de Dios en tales fines. Su caída está cerca.

2.- Un líder espiritual con una elevada visión de Dios, estará siempre presto para restablecer el verdadero culto y adoración a Dios, reprendiendo a los que desprecian la Ley de Dios, y doliéndose de que esto suceda. El silencio ante la apostasía es complicidad. Debemos preocuparnos si poco nos importa el estado actual de la Iglesia de JESÚS. Roguemos a Dios compasión, indignación y dolor cuando los hombres no guarden Su Ley.

3.- Cada cristiano debe examinar su vida y determinar si aquello que Dios le ha dado está siendo usado para su propio beneficio egoísta, o para la edificación y expansión de Reino y gloria de Dios. Y además cada cristiano debe indignarse cuando su Palabra es torcida y desobedecida primeramente por el mismo, y luego por los demás procurando con velocidad cortar de raíz y echar fuera todo aquello que ocupa el lugar que debe tener el único y Soberano REY de nuestras vidas, JESÚS el Cristo.

¡Oh hermanos! ¡Dios no permita que dejemos de lado la Ley de Dios! ¡Dios no permita que como Eliasib sustituyamos el uso correcto del ministerio para usos personales y oportunistas! Dios nos de hombres y mujeres valientes que se duelan profundamente hasta las lagrimas al ver tal situación de desobediencia en tantas iglesias, pero que tengan el valor y la determinación que tuve Nehemías para restablecer el verdadero culto al Dios Creador.

miércoles, 26 de enero de 2011

Mis hermanos aquí les dejo una pagina

espero les guste, es de chile el pastor Luis Puebla.


http://www.alaluzdelapalabra.es.tl/

voy a empezar a publicar los capítulos del libro el sermón del monte de martin lloyd-jones

este es el capitulo 1  espero lo lean y sigan la lectura 


CAPITULO 1
Introducción General
Al examinar cualquier enseñanza, es norma sabia proceder de lo general a lo particular.
Sólo así se puede evitar el peligro de que 'los árboles no dejen ver el bosque'. Esta
norma tiene importancia particular en el caso del Sermón del Monte. Debemos tener en
cuenta, por tanto, que hay que empezar por plantearse ciertos problemas generales
respecto a este famoso Sermón y al lugar que ocupa en la vida, pensamiento y
perspectivas del pueblo cristiano.
El problema obvio para empezar es este: ¿Por qué debemos estudiar el Sermón del
Monte? ¿Por qué debo llamarles la atención acerca de su enseñanza? Bueno, la verdad
es que no sé que forme parte del deber del predicador explicar los procesos mentales y
afectivos propios, aunque desde luego que nadie debería predicar si no siente que Dios
le ha dado un mensaje. Todo el que intenta predicar y explicar las Escrituras debe
aguardar que Dios lo guíe y conduzca. Supongo, pues, que la razón básica de que
predique acerca del Sermón del Monte es que he sentido esta persuasión, esta
compulsión, esta dirección del Espíritu. Digo esto con toda intención, porque de haber
dependido de mí no hubiera escogido predicar una serie de sermones acerca del
Sermón del Monte. Según entiendo este sentido de compulsión, creo que la razón
específica de que lo vaya a hacer es la condición en que se encuentra la Iglesia
cristiana en estos tiempos.
No me parece que sea juzgar con dureza decir que la característica más obvia de la vida
de la Iglesia cristiana de hoy es, por desgracia, su superficialidad. Esta apreciación se
basa no sólo en observaciones actuales, sino todavía más en tales observaciones
hechas a la luz de épocas anteriores de la vida de la Iglesia. Nada hay más saludable
para la vida cristiana que leer la historia de la Iglesia, que volver a leer lo referente a los
grandes movimientos del Espíritu de Dios, y observar lo que ha sucedido en la Iglesia
en distintos momentos de su historia. Ahora bien, creo que cualquiera que contemple el
estado actual de la Iglesia cristiana a la luz de ese marco histórico llegará a la
conclusión indeseada de que la característica destacada de la vida de la Iglesia de hoy
es, como he dicho ya, la superficialidad. Cuando digo esto, pienso no sólo en la vida y
actividad de la Iglesia en un sentido evangelizador. A este respecto me parece que
todos estarían de acuerdo en que la superficialidad es la característica más obvia.
Pienso no sólo en las actividades evangeliza-doras modernas en comparación y
contraste con los grandes esfuerzos evangelizadores de la Iglesia en el pasado - la
tendencia actual a la vocinglera, por ejemplo, y el empleo de recursos que hubieran
horrorizado y chocado a nuestros padres. Pienso también en la vida de la Iglesia en
general; de ella se puede decir lo mismo, incluso en materias como su concepto de la
santidad y su enfoque todo de la doctrina de la santificación.
Lo importante es que descubramos las causas de esto. En cuanto a mí, sugeriría que
una causa básica es la actitud que tenemos respecto a la Biblia, nuestra falla en
tomarla en serio, en tomarla como es y en dejar que nos hable. Junto a esto, quizás,
está nuestra tendencia invariable a ir de un extremo a otro. Pero lo principal, me parece,
es la actitud que tenemos respecto a las Escrituras. Permítanme explicar con algo más
de detalle qué quiero decir con esto.
Nada hay más importante en la vida cristiana que la forma en que tratamos la Biblia, y la
forma en que la leemos. Es nuestro texto, nuestra única fuente, nuestra autoridad
única. Nada sabemos de Dios y de la vida cristiana en un sentido verdadero sin la
Biblia. Podemos sacar conclusiones de la naturaleza (y posiblemente de varias
experiencias místicas) por medio de las que podemos llegar a creer en un Creador
supremo. Pero creo que la mayoría de los cristianos están de acuerdo, y ésta ha sido la
persuasión tradicional a lo largo de la historia de la Iglesia, que no hay autoridad aparte
de este Libro. No podemos depender sólo de experiencias subjetivas porque hay
espíritus malos además de los buenos; hay experiencias falsas. Ahí, en la Biblia, está
nuestra única autoridad.
Muy bien; sin duda es importante que tratemos a la Biblia de una forma adecuada.
Debemos comenzar por estar de acuerdo en que no basta leer la Biblia. Se puede leerla
de una forma tan mecánica que no saquemos ningún provecho de ello. Por esto creo
que debemos tener cuidado de todas las reglas y normas en materia de disciplina en la
vida espiritual. Es bueno leer la Biblia a diario, pero puede ser infructuoso si lo
hacemos sólo para poder decir que leemos la Biblia todos los días. Soy un gran
defensor de los esquemas para la lectura de la Biblia, pero debemos andar con cuidado
de que con el empleo de tales esquemas no nos contentamos con leer la parte
asignada para el día sin luego reflexionar ni meditar acerca de lo leído. De nada serviría
esto. Debemos tratar la Biblia como algo que es de importancia vital.
La Biblia misma nos lo dice. Sin duda recuerdan la famosa observación del apóstol
Pedro respecto a los escritos del apóstol Pablo. Dice que hay cosas en ellos que son
'difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen... para su propia
perdición'. Lo que quiere decir es lo siguiente. Leen estas Cartas de Pablo, desde
luego; pero las deforman, las desvirtúan para su propia destrucción. Se puede muy
bien leer estas Cartas y no ser mejor al final que lo que se era al comienzo debido a lo
que uno le ha hecho decir a Pablo, desvirtuándolo para destrucción propia. Esto es
algo que siempre debemos tener presente respecto a la Biblia en general. Puedo estar
sentado con la Biblia abierta frente a mí; puedo estar leyendo sus palabras y
recorriendo sus capítulos; y con todo puedo estar sacando una conclusión que no tiene
nada que ver con las páginas que he leído.
No cabe duda de que la causa más común de todo esto es la tendencia frecuente de
leer la Biblia con una teoría ya en mente. Nos acercamos a la Biblia con dicha teoría, y
todo lo que leemos queda coloreado por ella. Todos nosotros sabemos que así sucede.
En un sentido es cierto lo que se dice que con la Biblia se puede probar todo lo que se
quiere. Así nacieron las herejías. Los herejes no eran hombres poco honrados; eran
hombres equivocados. No debería pensarse que eran hombres que se propusieron
expresamente equivocarse y enseñar algo erróneo; se cuentan más bien entre los
hombres más sinceros que la Iglesia ha tenido. ¿Qué les ocurrió entonces? El
problema fue este: llegaron a tener una teoría y se sintieron complacidos con ella;
luego fueron con esta teoría a la Biblia, y les pareció encontrarla en la misma. Si lee
medio versículo e insiste demasiado en otro medio versículo de otro pasaje, pronto
habrá demostrado su teoría.
Ahora bien, debemos tener cuidado con esto. Nada hay más peligroso que ir a la Biblia
con una teoría, con ideas preconcebidas, con alguna idea favorita propia, porque en
cuanto se hace, se pasa por la tentación de insistir demasiado en un aspecto y dejar de
lado otro.
Este peligro tiende a manifestarse sobre todo en el problema de la relación entre ley y
gracia. Siempre ha sucedido así en la historia de la Iglesia desde su comienzo y sigue
sucediendo hoy día. Algunos insisten tanto en la ley que reducen el evangelio de
Jesucristo con su libertad gloriosa a poco más que una colección de máximas morales.
Para -ellos todo es ley y no queda nada de gracia. Hablan de tal modo de la vida
cristiana como de algo que debemos hacer para llegar a ser cristianos, que se convierte
en puro legalismo y la gracia desaparece de ella. Pero recordemos también que es
igualmente posible insistir tanto en la gracia a costa de la ley que también se llegue a
perder el evangelio del Nuevo Testamento.
Permítanme darles un ejemplo de esto. El apóstol Pablo, nada menos que él, se vio
constantemente ante semejante dificultad. Nunca hubo un hombre cuya predicación,
con su poderosa insistencia en la gracia, fuera más a menudo mal entendida. Seguro
recuerdan la conclusión que algunos habían sacado en Roma y en otros lugares.
Decían, "Bueno, pues, si esto es lo que enseña Pablo, hagamos el mal para que la
gracia pueda abundar, porque, sin duda alguna, esta enseñanza conduce a esa
conclusión y no a otra. Pablo había dicho simplemente, "Cuando el pecado abundó,
sobreabundó la gracia." Bien pues, sigamos pecando a fin de que la gracia pueda
sobreabundar.' 'Dios no lo quiera', dice Pablo; y lo tiene que repetir constantemente.
Decir que porque estamos bajo la gracia ya no tenemos nada que ver con la ley, no es
lo que enseñan las Escrituras. Desde luego que ya no estamos bajo la ley sino bajo la
gracia. Pero esto no significa que no necesitemos observar la ley. No estamos bajo la
ley en el sentido de que nos condene; ya no nos juzga ni condena. [¡No! pero debemos
observarla, e incluso ir más allá. El argumento del apóstol Pablo es que debería vivir, no
como el que está bajo la ley, sino como hombre libre en Cristo. Cristo observó la ley,
vivió la ley; como este mismo Sermón del Monte subraya, nuestra justicia debe exceder
la de los escribas y fariseos. En realidad, no ha venido a abolir la ley; cada uno de sus
detalles debe cumplirse. Y esto es algo que vemos muchas veces olvidado en este
intento de situar a la ley y la gracia como antítesis, y la consecuencia es que hay
hombres y mujeres que prescinden de la ley en forma total.
Pero, déjenme decir lo siguiente. ¿No es cierto que en el caso de muchos de nosotros,
en la práctica nuestra idea de la doctrina de la gracia es tal que muy pocas veces
tomamos la sencilla enseñanza del Señor Jesucristo con seriedad? Hemos insistido
tanto en la enseñanza de que todo es gracia y de que no deberíamos tratar de imitar su
ejemplo para ser cristianos, que quedamos virtualmente en la posición de prescindir
por completo de su enseñanza y de decir que no tenemos nada que ver con ella porque
estamos bajo gracia. Pero me pregunto con cuánta seriedad tomamos el evangelio de
nuestro Señor y Salvador Jesucristo. La mejor forma de enfrentarse con este problema
me parece que es examinar el Sermón del Monte. ¿Qué idea tenemos, me pregunto, de
este Sermón? Suponiendo que en este momento sugiriera que escribiéramos todas las
respuestas a las siguientes preguntas: ¿Qué significa para nosotros el Sermón del
Monte? ¿En qué sentido entra a formar parte de nuestras vidas y qué lugar ocupa en
nuestro pensar y en nuestra perspectiva de la vida? ¿Qué relación tenemos con este
Sermón extraordinario que ocupa un lugar tan prominente en estos tres capítulos del
Evangelio según San Mateo? Creo que encontrarían el resultado muy interesante y
quizá muy sorprendente. Sí, claro, estamos muy enterados de la doctrina de la gracia y
del perdón, y tenemos los ojos puestos en Cristo. Pero aquí en estos documentos, que
decimos tienen autoridad, está este Sermón. ¿En qué punto entran a formar parte de
nuestra perspectiva?
Esto quiero decir cuando hablo de trasfondo e introducción. Sin embargo, demos un
paso más; planteémonos otra pregunta vital. ¿A quién está destinado el Sermón del
Monte? ¿A quién se aplica? ¿Cuál es en realidad el propósito de este Sermón; qué
importancia tiene? En cuanto a esto, ha habido opiniones opuestas. Hubo una vez el
llamado punto de vista 'social' del Sermón del Monte. Decía que el Sermón del Monte es
en realidad lo único importante en el Nuevo Testamento, que en él está el fundamento
del llamado evangelio social. Los principios, se decía, que contiene hablan de cómo
deben vivir los hombres, y lo único que hay que hacer es aplicar el Sermón del Monte.
Con ello se puede establecer el reino de Dios en la tierra, la guerra se acabará y todos
los problemas concluirán. Este es el punto de vista típico del evangelio social, pero no
tenemos por qué gastar tiempo en él. Ha pasado de moda ya; sólo perdura entre ciertas
personas que se podrían considerar como reliquias de la mentalidad de hace treinta
años. Las dos guerras mundiales han acabado con este punto de vista. Aunque en
muchos sentidos critiquemos la teología de Barth, debemos rendirle este tributo: ha
puesto de una vez por todas en completo ridículo al evangelio social. Pero desde luego
que la verdadera respuesta a este punto de vista acerca del Sermón del Monte es que
siempre ha prescindido de las Bienaventuranzas, de esas afirmaciones con que
comienza el Sermón, —'Bienaventurados los pobres en espíritu'; 'bienaventurados los
que lloran.' Como esperamos demostrarles, estas afirmaciones significan que nadie
puede vivir el Sermón del Monte por sí mismo, sin ayuda. Los defensores del evangelio
social, después de haber prescindido de las Bienaventuranzas según conveniencia, han
insistido en la consideración de los mandatos y han dicho, 'Este es el evangelio.'
Otro punto de vista, que quizá resulte más grave para nosotros, es el que considera el
Sermón del Monte como una simple elaboración o exposición de la ley mosaica.
Nuestro Señor, dicen, se dio cuenta de que los fariseos, los escribas y otros maestros
del pueblo interpretaban mal la Ley que Dios había dado a su pueblo por medio de
Moisés; lo que hace, pues, en el Sermón del Monte es elaborar y explicar la ley
mosaica, dándole un contenido espiritual más elevado. Este punto de vista es más
grave, desde luego; y con todo me parece que es completamente inadecuado aunque
no sea por otra cosa sino porque también prescinde de las Bienaventuranzas. Las
Bienaventuranzas nos colocan de inmediato en un terreno que va completamente más
allá de la ley de Moisés. El Sermón del Monte sí explica y expone la ley en algunos
puntos - pero va más allá de esto.
El otro punto de vista que quiero mencionar es el que podríamos llamar punto de vista
'dispensacional' del Sermón del Monte. Es probable que muchos de ustedes lo
conozcan. Ciertas 'Biblias' lo han popularizado. (Nunca me han gustado tales adjetivos;
sólo hay una Biblia, pero por desgracia tendemos a hablar de la 'Biblia tal' o la 'Biblia
cual'.) Se han popularizado, pues, ciertas enseñanzas por Este medio, las cuales
enseñan un punto de vista dispensacional del Sermón del Monte; en esencia afirman
que no tiene nada que ver con los cristianos de hoy. Dicen que nuestro Señor comenzó
a predicar acerca del Reino de Dios, y que el Sermón del Monte estuvo relacionado con
la inauguración de este reino. Por desgracia, siguen diciendo, los judíos no creyeron su
enseñanza. Por ello nuestro Señor no pudo establecer el reino, y por tanto, casi a modo
de idea tardía, vino la muerte en la cruz, y a modo de otra idea tardía, vino la institución
de la Iglesia y la era de la Iglesia, lo cual perdurará hasta cierto punto de la historia.
Entonces nuestro Señor regresará con el reino y volverá a entrar en vigor el Sermón del
Monte. Esto es lo que enseñan; dicen, de hecho, que el Sermón del Monte no tiene nada
que ver con nosotros. Es 'para la era del reino.' Estuvo desde un principio destinado
para aquellos a quienes nuestro Señor predicaba; entrará en vigor de nuevo en el
milenio. Es la ley de esa era y del reino de los cielos; y no tiene absolutamente nada
que ver con los cristianos de ahora.
No cabe duda de que estamos frente a un problema serio. Este punto de vista o es
acertado o es erróneo. Según él no necesito leer el Sermón del Monte; no me deben
preocupar los preceptos que contiene; no tengo por qué sentirme condenado si no
hago ciertas cosas; no tiene nada que ver conmigo. Me parece que se puede responder
a todo esto del siguiente modo. El Sermón del Monte fue predicado en forma primaria y
específica a los discípulos. 'Sentándose, vinieron a él sus discípulos. Y abriendo su
boca les enseñaba, diciendo. . .' Ahora bien, se parte de la base de que se les predicó a
ellos. Tomemos, por ejemplo, las palabras que les dirigió, 'Vosotros sois la sal de la
tierra'; 'Vosotros sois la luz del mundo.' Si el Sermón del Monte no tiene nada que ver
con los cristianos de hoy, jamás debemos decir que somos la sal de la tierra ni que
somos la luz del mundo> porque eso no se aplica a nosotros. Se aplicó sólo a los
primeros discípulos; se volverá a aplicar a otros más adelante. Pero, entretanto, no
tiene nada que ver con nosotros. También debemos prescindir de las promesas del
Sermón. No debemos decir que debemos hacer que nuestra luz brille ante los hombres
a fin de que vean nuestras buenas obras y glorifiquen a nuestro Padre que está en el
cielo. Si todo el Sermón del Monte no se puede aplicar a los cristianos de hoy, todo él
carece de importancia. Pero es evidente que nuestro Señor predicó a estos hombres y
les dijo lo que debían hacer en este mundo, no sólo mientras El estuviera aquí, sino
también después de que se hubiera ido. Se predicó a personas que debían practicarlo
en ese tiempo y por siempre después.
No sólo esto. Para mí otra consideración muy importante es que en el Sermón del
Monte no se encuentra ninguna enseñanza que no se halle también en las distintas
Cartas del Nuevo Testamento. Hagan una lista de las enseñanzas del Sermón del
Monote; luego lean las Cartas. Encontrarán que la enseñanza del Sermón del Monte
también se encuentra en ellas. Ahora bien, las Cartas son para los cristianos de hoy;
por ello si la enseñanza que contienen es la misma que tenemos en el Sermón del
Monte, es evidente que la enseñanza del Sermón es también para los cristianos de hoy.
Este argumento es de peso e importante. Pero quizá se podría expresar mejor de la
siguiente forma. El Sermón del Monte no es sino un desarrollo acabado, grandioso, y
perfecto de lo que nuestro Señor llamó su 'nuevo mandamiento'. Este nuevo
mandamiento fue que nos amáramos unos a otros como él nos ama. El Sermón del
Monte no es otra cosa sino un desarrollo de esto. Si somos de Cristo, y nuestro Señor
nos ha mandado esto, que nos amemos unos a otros, aquí se nos muestra cómo
hacerlo.
El punto de vista dispensacional se basa en una idea errónea del reino de Dios. De ahí
nace la confusión. Estoy de acuerdo, desde luego, en que el reino de Dios en un
sentido todavía no ha sido establecido en la tierra. Es un reino que ha de venir; sí. Pero
es también un reino que ha venido. 'El reino de Dios está en medio de vosotros', y
'dentro de vosotros'; el reino de Dios está en todo cristiano verdadero, y en la Iglesia.
Significa 'el reino de Dios', el 'reino de Cristo'; y Cristo reina hoy en todo cristiano
verdadero. Reina en la Iglesia cuando esta lo reconoce de verdad. El reino ha venido, el
reino viene, el reino ha de venir. Siempre debemos tener esto presente, sin embargo.
Dondequiera que Cristo es aceptado como Rey, el reino de Dios ha venido, de modo
que, si bien no podemos decir que reina sobre todo el mundo en los momentos
actuales, sí reina ciertamente de esa forma en los corazones y vidas de todo su pueblo.
No hay, por tanto, nada tan peligroso como decir que el Sermón del Monte no tiene
nada que ver con los cristianos de ahora. Más bien quiero expresarlo de este modo: es
para todo el pueblo cristiano. Es una descripción perfecta de la vida del reino de Dios.
Ahora bien, no me cabe la menor duda de que por esta razón Mateo lo puso al
comienzo de su evangelio. Se considera que Mateo escribió el evangelio especialmente
para los judíos. Esto fue lo que quiso hacer. De ahí que insista tanto en el reino de los
cielos. ¿Y qué quiso subrayar Mateo? Sin duda que esto. Los judíos tenían una idea
falsa y materialista del reino. Creían que el Mesías era alguien que iba a llegar para
emanciparlos políticamente. Esperaban a alguien que los liberara del yugo romano.
Siempre pensaron en el reino en un sentido externo, mecánico, militar, materialista. Por
esto Mateo coloca la enseñanza verdadera respecto al reino en las primeras páginas del
Evangelio, por qué el gran propósito de este Sermón es presentar una exposición del
reino como algo que es esencialmente espiritual. El reino es sobre todo algo 'dentro de
vosotros'. Es lo que dirige y gobierna el corazón, la mente y la perspectiva. No sólo no
es algo que conduce a un gran poderío militar, sino que es 'pobre en espíritu'. En otras
palabras, no se nos dice en el Sermón del Monte, 'Vivan así y serán cristianos'; más
bien se nos dice, 'Como son cristianos vivan así.' Así deberían vivir los cristianos; así
han de vivir los cristianos.