jueves, 10 de febrero de 2011

CAPITULO 8 DEL LIBRO


¿Cómo Puedo Cambiar?/Las Herramientas Del Oficio (II)

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Por Robin Boisvert. Traducción por Covenant Life Church.
Capítulo 8 del Libro ¿Cómo Puedo Cambiar?
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En el anterior capítulo exploramos tres de las herramientas principales - la Escritura, la conciencia, y la oración - que usa el Espíritu Santo para llevar a cabo nuestra santificación. Pero nos quedan por lo menos seis importantes medios. Para poder responder a la obra santificadora del Espíritu, debemos familiarizarnos con estas otras herramientas esenciales del oficio.

Negarte a Ti Mismo y una Vida de Discipulado

Hace algunos años la compañía Fritos introdujo un ‘chip’ extremadamente picante. Traté de disimular mi placer de que, siendo que los niños no los soportaban, yo no tendría que compartirlos.
En la tienda mis hijos me preguntaban: “Oye, papi, ¿por qué compramos esa clase? ¡A nosotros no nos gusta!” Yo sé,pensaba yo. Esa es precisamente la razón.
Después de pocos meses, Fritos descontinuó ese sabor...sin duda bajo órdenes desde arriba.
Medita en Juan 15:13. ¿Cuál es la medida del verdadero amor?
El famoso líder cristiano chino Watchman Nee escribió una vez, “Recordemos que la única razón de todo malentendimiento, toda inquietud, todo descontento, es que secretamente nos amamos a nosotros mismos”.[1] 1 Sólo puedo añadir que con algunos de nosotros, no es secreto. Podemos tratar de esconder nuestro egoísmo, pero inevitablemente las burbujas surgen a la superficie. Mucho mejor es obedecer el llamado de Jesús y tratar directamente con este amor de nosotros mismos.
Dirigiéndose a todos, declaró: "Si alguien quiere ser mi discípulo, que se niegue a sí mismo, lleve su cruz cada día y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la salvará." (Lc 9:23-24)
Cada día en la escuela de discipulado de Cristo se ofrecen nuevas oportunidades para negarse a sí mismo. ¿Por qué es tan importante esta muy olvidada clave para la vida cristiana? Porque vence el egoísmo, haciendo posible que amemos a Dios y a los demás.
"Hay dentro de cada uno de nosotros un enemigo que toleramos para nuestro peligro. Jesús lo llamó ‘vida’ y ‘el yo’, o como diríamos nosotros, la vida del yo. Permitir que este enemigo viva es, al final, perderlo todo. Repudiarlo y renunciar a todo por Cristo es no perder nada al final, sino preservarlo todo para la vida eterna."[2]
— A.W. Tozer
Una arena en la que el egoísmo se expone muy rápidamente es el matrimonio. Con frecuencia he dicho a mi esposa (en chiste sólo a medias), “Cariño, no es que no te quiera. Mi problema es que me amo a mí mismo más”. Afortunadamente, Dios nos da una cruz hecha a la medida para desechar esas actitudes.
No te dejes engañar por la verborrea de los psicólogos que enseñan que debemos primero aprender a amarnos a nosotros mismo. Ya de por sí nos amamos a nosotros mismos demasiado. De hecho, nos damos el beneficio de la duda en casi toda posible circunstancia. Culpamos a otros por los conflictos mientras nos adulamos a nosotros mismos por tener nobles intenciones. Si sólo extendiéramos a los demás la misma gracia que nos otorgamos a nosotros mismos...qué mundo tan maravilloso sería éste.
Para más estudio: ¿Cuál es la suposición fundamental de la exhortación de Pablo en Efesios 5:28-33?
Cuando Jesús dijo que uno de los requisitos para la vida eterna era amar al prójimo como a nosotros mismos no estaba sugiriendo que el amor de sí mismo era de ninguna manera deficiente. Más bien, estaba diciendo que amemos al prójimo como ya nos amamos a nosotros mismos - y eso es amar mucho. Pero no vendrá naturalmente. Puede ser una de las cosas menos naturales que hagas. Amar a los demás se logra sólo cuando practicamos negarnos a nosotros mismos en el camino del discipulado.
1 Piensa en una persona que conoces bien que tiene una necesidad específica. ¿Cómo podrías sacrificarte para servirla durante la próxima semana?




La negación de ti mismo y el amor se cruzan en el punto de servir. Jesús nos dio el supremo ejemplo cuando fue a la cruz en nuestro lugar. Ese fue el supremo acto de servicio sin egoísmo. Pero durante toda su vida Él puso las necesidades y el bienestar de los demás antes que los suyos. Ya sea lavando los pies de sus discípulos o dando de comer a las multitudes, nuestro Señor dirigió con su ejemplo. En Filipenses 2 Pablo podría señalar la actitud de servicio, de negación de sí mismo que demostró Jesús como una que todos los cristianos deben emular.
Cada uno debe velar no sólo por sus propios intereses sino también por los intereses de los demás. La actitud de ustedes debe ser como la de Cristo Jesús, quien, siendo por naturaleza Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. Por el contrario, se rebajó voluntariamente tomando la naturaleza de siervo... (Fil 2:4-7)
"El negarse a sí mismo espera a los hijos de Dios a medida que pasan a sus devociones privadas. Está a la puerta de testificar y de cualquier otro servicio a nuestro santo Señor. Es un elemento muy doloroso en cada lucha por la santidad. Negarse a sí mismo es la clave para la solución de numerosos interrogantes que dejan perplejo al creyente de hoy. Un entendimiento correcto de esta básica exigencia bíblica silenciaría una hueste de errores sobre el evangelismo, la santificación y la vida práctica."[3]
— Walter Chantry
Otro libro en esta serie, Disciplines for Life (Disciplinas para la vida), explica en detalle las diversas maneras bíblicas en las que podemos practicar una vida de discipulado. Los ejercicios espirituales como el ayuno, la oración consistente, y la confesión exigen esfuerzo. Pero valen la pena; prometen recompensas ahora y en la vida venidera.

Pruebas en el Camino

Fue uno de los amigos de Job quien correctamente supuso, “con todo, el hombre nace para sufrir, tan cierto como que las chispas vuelan” (Job 5:7). Esa ha sido nuestra suerte desde la caída. Muchas de esas dificultades, por supuesto, resultan de nuestro propio pecado e insensatez. En más de una ocasión yo he trazado un dolor de cabeza a la tensión causada por mi propia necia persistencia en preocuparme. Cuando Clara y yo experimentamos fricción en nuestro matrimonio, es más probable que mi egoísmo sea el culpable. No debemos sorprendernos cuando padecemos las consecuencias de nuestro comportamiento pecaminoso. Sin embargo, el Señor en su gracia puede usar aún esas consecuencias para que crezcamos en santidad si nos arrepentimos y tratamos de aprender de ellas.
¿Pero qué de esas pruebas - esos escenarios como los de José - por los que no somos responsables? No es probable que nuestros familiares nos vendan como esclavos, pero hay momentos cuando los demás pecan contra nosotros, o cuando padecemos aflicciones sólo porque vivimos en un mundo caído.
José vio el cuadro completo. Reconoció su eterno destino y el destino de los que le rodeaban. Como consecuencia, pudo apreciar la manera en que Dios soberanamente dirigía las circunstancias de su vida. Como dijo a sus hermanos, “Es verdad que ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios transformó el mal en bien para lograr lo que hoy estamos viendo: salvar la vida de mucha gente” (Gn 50:20).
Cuando las cosas parecen ir en contra nuestra, debemos darnos cuenta de que nuestro Padre tiene un propósito en mente y está primordialmente interesado en cómo respondemos. De hecho, no es demasiado decir que Dios trama las dificultades para animarnos a seguir adelante en dependiente confianza en Él:
Para más estudio: ¿Por qué pidió Dios a Abraham que sacrificara a Isaac (Génesis 22:1-18)? ¿Qué emociones crees que experimentó Abraham al obedecer a Dios?
Recuerda que durante cuarenta años el SEÑOR tu Dios te llevó por todo el camino del desierto, y te humilló y te puso a prueba para conocer lo que había en tu corazón y ver si cumplirías o no sus mandamientos. Te humilló y te hizo pasar hambre, pero luego te alimentó con maná, comida que ni tú ni tus antepasados habían conocido, con lo que te enseñó que no sólo de pan vive el hombre, sino de todo lo que sale de la boca del SEÑOR. (Dt 8:2-3)
¿Quién humilló y probó a los israelitas, llevándolos a un lugar de hambre? ¿Fue Satanás? No - fue Dios. ¿Por qué? Para que supieran cuánto necesitaban de una continua, vital relación con Él. Pausa un momento para dejar que esto penetre en tu mente: Dios está preparado a sacrificar tu felicidad temporal para lograr su eterno y clemente propósito en ti. Como cristiano genuino, para ti “Es necesario pasar por muchas dificultades para entrar en el reino de Dios” (Hch 14:22). No confundas con la crueldad o el descuido la amorosa disciplina de tu Padre.
"Perdemos mucho consuelo en los momentos de prueba porque tendemos a verlos como evidencia de que Dios nos ha dejado solos en vez de evidencia de su paternal disciplina y cuidado. Sin embargo, Hebreos 12:7 dice, “Lo que soportan es para su disciplina, pues Dios los está tratando como a hijos”. El escritor de Hebreos no cualificó la dificultad. No sugirió que algunas dificultades son disciplina de Dios, mientras que otras quizás no lo sean. Simplemente dijo que soportaran la dificultad - toda - como disciplina de Dios. Puedes estar seguro de que cualquier dificultad que llegue a tu vida de cualquier fuente inmediata, Dios está en soberano control de ella y la está usando como un instrumento de disciplina en tu vida."[4]
— Jerry Bridges
José aprendió lo que todos debemos aprender: “que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito” (Ro 8:28). No algunas cosas, ni tan siquiera casi todas las cosas. Todas las cosas. Hasta en los casos de violación o de abuso sexual de un niño o defectos de nacimiento o enfermedades incurables, el soberano Dios siempre tiene un plan de redención que llevará a su mayor gloria.
Para comprender lo que Pablo dice aquí, debemos enfocarnos en los asuntos de Dios, no en los nuestros. Su propósito es que seamos conformados a la imagen de su Hijo. Por tanto, las dificultades o injusticias - aunque no nos parezcan favorables - cualifican como “bien” porque sirven para hacernos más como Cristo.
Medita en 1 Pedro 1:6-7. He aquí una nueva manera de ver el sufrimiento que te ayudará a soportar hasta las pruebas más difíciles.
Esto no es fácil de aceptar ni de comprender. Yo no te culparía por preguntar, “Pero, ¿cómo puede Pablo decir que todas las cosas resultan para mi bien? Veo que muchas cosas resultan para mi bien, pero muchas otras parecen ir en contra mía”. Permíteme tratar de contestar eso con una ilustración.
Antes de la venida de los relojes digitales, el mecanismo interno de un reloj consistía de varias ruedas dentadas, unas se movían en una dirección y otras en la dirección opuesta. A primera vista parecería improbable que algo útil pudiera resultar de dicho arreglo. Pero cuando se le daba cuerda al resorte principal, aunque las ruedas se movieran en dirección opuesta, todas trabajaban juntas para mover las agujas del reloj hacia adelante.
Así es con el orden providencial de Dios del universo...y de nuestra vida.[5] Necesitamos darnos cuenta de que Dios está tan interesado en nuestro crecimiento espiritual (santificación) que está dispuesto a sacrificar nuestra felicidad temporal para asegurarnos las bendiciones eternas.
2 “De prueba a triunfo” es un tema bíblico consistente. Usando la cita bíblica junto a cada una de las “pruebas” de la lista siguiente, escribe la victoria final que cada uno de estos individuos experimentó.
•Hombre ciego de nacimiento (Juan 9:3)
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•Cristianos perseguidos en Jerusalén (Hechos 8:1,4)
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•El vientre estéril de Elisabet (Lucas 1:5-7, 13-17)
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•La crucifixión de Jesús (Filipenses 2:8-11)
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•El llamado a Abraham para sacrificar a Isaac (Génesis 22:15-18)
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Es fácil ser cristiano cuando las cosas van bien. Pero en el calor de las circunstancias difíciles, algunos dudan poder mantener su lealtad a Cristo. Con frecuencia, de cristiano joven, yo leía el relato de cuando Pedro negó a Cristo y me preguntaba si yo algún día haría lo mismo. Quizás tú has tenido pensamientos parecidos. Pero el hecho es que Jesús oró por Pedro y a través de la gracia lo restauró a un lugar de gran utilidad.
La razón por la que perseveramos como cristianos es porque Dios mismo nos preserva:
Medita en 1 Pedro 1:3-5. Dios mismo promete protegernos con su poder hasta el final.
La razón por la que perseveramos como cristianos es porque Dios mismo nos preserva: Mis ovejas oyen mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna, y nunca perecerán, ni nadie podrá arrebatármelas de la mano. Mi Padre, que me las ha dado, es más grande que todos; y de la mano del Padre nadie las puede arrebatar. El padre y yo somos uno. (Jn 10:27-30)
Es difícil imaginarse una declaración de protección que sea más enfática y alentadora.
"Las peticiones de Cristo mandan tal ayuda a la fe que se mantiene firme hasta en su hora más oscura. Siempre que nuestra vida cae víctima de las trampas del diablo como lo fue Pedro, no podemos confiar en nuestra propia fortaleza, ni tan siquiera en nuestra propia fe, sino sólo en la fidelidad de Cristo en orar por sus hermanos débiles. Ese conocimiento trae consuelo. También trae seguridad de que nada jamás nos separará del amor de Dios en Cristo."[6]
— Sinclair Ferguson
“La doctrina [de la perseverancia] declara que los regenerados son salvos a través de la perseverancia en fe y una vida cristiana hasta el final, y que es Dios quien los mantiene perseverando”, escribe J.I. Packer.[7] La Palabra de Dios nos dice que Jesucristo salva “por completo” a todos los que por medio de Él se acercan a Dios (Heb 7:25).
Por tanto, todo cristiano puede tener la seguridad de que perseverará, no por la propia fortaleza ni la habilidad de ningún individuo, sino porque Dios es fiel para guardarnos.

El Lugar de la Ley

CLos cristianos con frecuencia se confunden acerca del lugar que tiene la ley de Dios en la santificación. Yo he oído a algunos proclamar altamente, sin ninguna cualificación, que la ley ha sido abolida - y que de buena nos libramos. Y he oído exactamente lo opuesto de otros cuyo plan para reformar a la sociedad incluye volver a instituir en su totalidad la ley del Antiguo Testamento, administrada al igual que la ley islámica es puesta en vigencia en algunos países islámicos fundamentalistas hoy. Según lo veo yo, ningún extremo hace justicia a la enseñanza del Antiguo Testamento sobre el tema.
Pero antes de pasar más adelante, clarifiquemos lo que queremos decir con “la ley”. Estoy endeudado con el teólogo Bruce Milne por la siguiente descripción:
Por “ley” aquí se quiere decir las prescripciones morales fundamentales del Antiguo Testamento resumidas en el decálogo [los Diez mandamientos]. Las leyes ceremoniales del Antiguo Testamento han sido reemplazadas en el sentido de que Cristo las ha cumplido; la legislación social del Antiguo Testamento cesó de ser normativa en el sentido de que la iglesia ha reemplazado la teocracia de Israel. Los principios subyacentes de las leyes ceremoniales y sociales tienen continua relevancia y aplicación.[8]
La definición de Milne representa la destilación de mucho del bastante razonado estudio teológico. Hace importantes distinciones entre el uso de la ley ahora y la manera en que se aplicaba durante la época del Antiguo Testamento. También toma en cuenta la absoluta importancia de la persona y obra de nuestro Señor, cuya venida, aunque de acuerdo a la ley, resultó en un reconocimiento totalmente nuevo de lo que significa la ley. La Escritura muestra la transición que hemos hecho de esclavos de la ley a hijos: “Pero cuando se cumplió el plazo, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, a fin de que fuéramos adoptados como hijos” (Gá 4:4-5).
"La ley nos lleva al evangelio. El evangelio nos salva de la maldición de la ley pero a su vez nos dirige de nuevo a la ley en busca de su espíritu, su bondad y su belleza. La ley de Dios todavía es una lámpara a nuestros pies. Sin ella tropezamos y caemos y vamos a tientas en la oscuridad."[9]
— R.C. Sproul
Milne ha refutado a los presuntos reformadores que buscan institucionalizar las leyes mosaicas, pero todavía es necesario dirigirnos a los que consideran que la ley ha sido anulada y cancelada. ¿Es la ley una ayuda continua o un estorbo pasado de moda?
La inequívoca respuesta a esta pregunta es...las dos cosas. Si vemos la ley como un medio de aparecer justos ante Dios (justificación), entonces nos estorbará para lograr verdadera justificación como los fariseos. Ellos no vieron que guardar la ley nunca fue con el fin de justificarnos, ni siquiera bajo el Antiguo Pacto. Por otro lado, si entendemos el propósito de Dios para la ley, entonces permanece un medio útil en nuestra búsqueda de la santificación.
La ley siempre ha representado el carácter de Dios, reflejando su interés en la santidad. Y los Diez mandamientos todavía sirven como el eficaz resumen de las expectaciones morales y éticas que Dios tiene de la raza humana.
Hagámonos otra pregunta fundamental: ¿Por qué Dios dio estas “prescripciones morales” en primer lugar? Si la ley nunca ha tenido el propósito de santificarnos, ¿cuál es su propósito?
Medita en 1 Timoteo 1:8. ¿Cuál es el gran “si” de este versículo?
Detener el mal. Según la Escritura, la ley se ha instituido para refrenar la propagación del mal (1Ti 1:9-11). Debido a que la falta de ley amenaza la santidad individual y de la sociedad, cierta restricción en ello es esencial. En este sentido la ley de Dios corresponde a la ley criminal secular.
Para mostrarnos nuestro pecado. “Entonces, ¿cuál era el propósito de la ley? Fue añadida por causa de las transgresiones hasta que viniera la descendencia a la cual se hizo la promesa” (Gá 3:19). Como dice la edición New English Bible, la ley fue añadida “para hacer del mal comportamiento una ofensa legal”, o sea, para hacer que los hombres estuvieran claramente concientes de la distinción entre el bien y el mal. O como dice William Hendriksen, “para producir dentro de su corazón y su mente un naciente sentido de culpabilidad.”[10] J.B. Phillips lo expresa bien en su traducción de la Biblia: “Es el filo recto de la ley lo que nos muestra cuán torcidos somos” (Ro 3:20). Una vez que haya expuesto nuestra verdadera naturaleza, la ley puede lograr su próximo crucial propósito.
Para más estudio: Lee Deuteronomio 4:1. ¿Por qué redunda para nuestro propio bien obedecer la ley?
Traernos a Cristo. “Antes de venir esta fe”, escribió Pablo, “la ley nos tenía presos, encerrados hasta que la fe se revelara” (Gá 3:23). Tratar de cumplir las exigencias de la ley es una tarea inútil. Y eso, de hecho, es la verdadera revelación que la ley tiene la intención de dar. Existe para mostrarnos nuestra condición pecaminosa, débil y desesperante. “Así que la ley vino a ser nuestro guía encargado de conducirnos a Cristo, para que fuéramos justificados por la fe” (Gá 3:24). Una vez hayamos magullado nuestra legalista persona contra las inflexibles exigencias de la ley, estaremos listos para “volvernos a Dios y a su Hijo Jesucristo buscando perdón y poder”.[11]
Servir como una guía para una vida santa.. Como las guardas a lo largo de una carretera, la ley está diseñada para evitar que nos desviemos del camino. También clarifica el camino que debemos seguir. Torah, la palabra hebrea para “ley”, tiene varios significados, incluso “la clase de instrucción que un buen padre da a su hijo”.[12] Dios como nuestro Padre quiere evitarnos dificultades innecesarias. Si queremos vivir sabiamente, guardaremos su ley.
Una vez venimos a Cristo, nuestra relación con la ley cambia radicalmente. Nuestro motivo para obedecer sus decretos ya no es el temor sino la gratitud. Cuando nos damos cuenta de que el Dios que nos creó, nos redime, y nos sostiene con inmerecida gracia es digno de nuestra gozosa obediencia, diremos junto con el salmista, “¡Cuánto amo yo tu ley!” (Sal 119:97).
3 Amar la ley de Dios es una cosa; amar las leyes del Tío Sam es otra. ¿Cuál de las siguientes leyes amabas tú antes de ser cristiano? ¿Y ahora?(Marca todas las que apliquen.)
No-CristianoCristiano
❏No debes exceder el límite de velocidad❏
❏Debes dar cuenta de todas tus entradas que están sujetas a impuesto❏
❏No debes vender alcohol a los menores de edad❏
❏Debes usar el cinturón de seguridad❏
Los que consideran la ley fuera de moda e irrelevante posan varias preguntas que valen la pena responder:
“Pero ¿acaso no terminó la ley?”
Sólo como un medio para la justicia. “De hecho, Cristo es el fin de la ley, para que todo el que cree reciba la justicia” (Ro 10:4).
“¿No dijo Pablo que no estamos ‘bajo la ley’ (Ro 6:14)?”
Es verdad que ahora estamos bajo la gracia, no la ley, como la fuerza dominante en nuestra vida. Pero lo que Pablo quiso decir es que “ya no estamos bajo condenación por nuestro fracaso en guardar la ley”.[13]
“¿No anuló Jesús la ley?”
¿Es la ley obligatoria para el cristiano?... ‘No’ en el mismo sentido en que nuestra aceptación ante Dios no depende de ella. Cristo en su muerte cumplió totalmente con las exigencias de la ley, de modo que nosotros somos liberados de ella. Ya no tiene ningún derecho en nosotros. Ya no es nuestro Amo. ‘Sí’ en el sentido de que nuestra nueva vida todavía es una esclavitud. Todavía ‘servimos’. Todavía somos esclavos, aunque hemos sido dados de alta de la ley. Pero el motivo y los medios de nuestro servicio han sido alterados. ¿Por qué servimos? No porque la ley sea nuestra ama y tengamos que hacerlo, sino porque Cristo es nuestro esposo y queremos hacerlo. No porque la obediencia a la ley lleva a la salvación, sino porque la salvación lleva a la obediencia de la ley. La ley dice, Haz esto y vivirás. El evangelio dice, Tú vives, de modo que haz esto. El motivo ha cambiado.[14]
— John R.W. Stott
Absolutamente no. “No piensen que he venido a anular la ley o los profetas; no he venido a anularlos sino a darles cumplimiento” (Mt 5:17). “Lo que Jesús destruyó”, escribe J.I. Packer, “eran inadecuadas exposiciones de la ley, no la ley en sí (Mt 5:21-48; 15:1-9; etc.). Al dar exposiciones más ciertas, Él en realidad volvió a publicar la ley”.[15] 14 Jesús clarificó el espíritu de la ley, diciendo en efecto, “No adulterio, ni siquiera en pensamiento. No asesinato, ni siquiera odio”.
Es gran privilegio del cristiano estar libre de la ley. Sin embargo, no debemos interpretar esto como un comentario despectivo de la ley. La culpa no está en la ley sino en nosotros; es débil porque nuestra carne es débil. Pero afortunadamente, lo que nosotros no pudimos hacer, Dios lo hizo por nosotros.
En efecto, la ley no pudo liberarnos porque la naturaleza pecaminosa anuló su poder; por eso Dios envió a su propio Hijo en condición semejante a nuestra condición de pecadores, para que se ofreciera en sacrificio por el pecado. Así condenó Dios al pecado en la naturaleza humana, a fin de que las justas demandas de la ley se cumplieran en nosotros, pues no vivimos según la naturaleza pecaminosa sino según el Espíritu. (Ro 8:3-4)
Medita en Romanos 10:4. Por medio de nuestra unión con Cristo hemos cumplido totalmente con los justos requisitos de la ley.
Podemos resumir nuestra discusión como sigue: La ley todavía está en efecto y tiene un propósito valioso, pero a través de Cristo nuestro estado bajo la ley ha cambiado para siempre. El papel de Dios en nuestra vida ahora es principalmente el de Padre, no Juez. Cuando pecamos lo entristecemos y somos disciplinados, pero no somos repudiados. Su trato con nosotros ahora es el amor castigador de un padre, no la desaprobación legal de un juez.

La Iglesia

La vida cristiana es ineludiblemente corporativa. La idea de un hombre santo o de una mujer santa aparte de una iglesia santa es ajena al Nuevo Testamento. Sin embargo una gran mayoría de norteamericanos hoy creen que pueden servir a Dios con igual eficacia aparte de la comunidad de creyentes. En las palabras de un participante en una encuesta de Gallup, “Yo soy mi propia iglesia”.
Una de las desafortunadas consecuencias del “robusto individualismo” norteamericano es una vena que evita a muchos formar las relaciones duraderas que caracterizan a la iglesia. La resistencia a comprometerse en nombre de la libertad resulta en un mal desarrollado crecimiento espiritual.
Luego está el temor que paraliza a la gente el momento en que considera participar en la iglesia:
“¿Y qué si se dan cuenta de cómo en realidad soy?”
“Todos menos yo tienen su vida en orden”.
“Yo no soy como todos los demás”.
Yo he oído tantos comentarios como éstos que puedo decir con confianza que todos los miembros de las iglesias tienen (o han tenido) pensamientos parecidos. La respuesta a esos temores es que la iglesia se compone de personas imperfectas que, con la ayuda de Dios, están aprendiendo a seguirlo. Nadie ya “ha llegado”. ¿Eres imperfecto? ¡Excelente! Cabrás muy bien.
"La Biblia no sabe nada de solitaria religión. Caballero, ¿usted desea servir a Dios e ir al cielo? Recuerde, usted no puede servir a Dios solo. Por lo tanto debe buscar compañeros o hacerlos."
— John Wesley
El egoísmo es otro problema que mantiene a la gente asilada de la hermandad de la iglesia. Algunos son demasiado ensimismados como para molestarse con interesarse por ninguna otra persona. Pero el simple hecho es que nos necesitamos los unos a los otros. “Uno no puede decir ser cristiano”, escribe Charles Colson, “y al mismo tiempo decir que vive fuera de la iglesia. Hacerlo así es en el mejor de los casos hipocresía - en el peor de los casos, blasfemia”.[16] La santificación sólo se puede desarrollar en el contexto de la comunidad cristiana.
No hay substituto para el aliento y la admonición que vienen de los fieles hermanos en la iglesia. El Nuevo Testamento contiene treinta pasajes con “unos a los otros” mostrando la importancia de las vidas compartidas. Además, todos nos beneficiamos de las personas que demuestran fe en acción, enseñándonos así cómo ser buenos esposos, esposas, padres, amigos, o trabajadores. Como se mencionó en el capítulo anterior, es muy importante formar parte de un grupo pequeño donde uno puede conocer y ser conocido.
Para más estudio: Lee 1 Tesalonicenses 5:4-11. ¿Cómo es que el último versículo en este pasaje refuerza el llamado de Pablo a vivir como “hijos de la luz”?
Además de todo esto, es a la Iglesia que Cristo ha dado los dones de apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros. ¿Por qué? Para preparar a los santos para que los santos puedan cumplir con la obra del ministerio al que son llamados (Ef 4:11-13). Dios da dirección espiritual para los cristianos dentro de la iglesia local. Es en la iglesia que recibimos cuidado pastoral y somos preparados para servir. Podemos dar gracias a Dios por los ministerios de apoyo a la iglesia y el bien que hacen, pero no son indispensables. La Iglesia sí lo es.
4 ¿Cuáles son dos (¡por lo menos!) de los beneficios “indispensables” que tú has recibido por participar en una iglesia local?
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Los sacramentos

Si creciste asistiendo a los cultos de la iglesia, probablemente conoces muy bien los sacramentos. Aunque las tradiciones cristianas no están de acuerdo con el número o la práctica de los sacramentos, hay dos - bautismo y comunión - que siempre se han considerado como distintivamente cristianos y centrales a la vida de la Iglesia. Estos dos son igualmente esenciales en la vida de cada creyente.
Un sacramento en realidad es una promesa de Dios puesta en acción ante nuestros ojos.[17] Se nos dice que nuestros pecados han sido lavados por la sangre del Cordero. Pero luego se nos invita a dar evidencia de nuestra fe en esa promesa al seguir a Cristo por medio de las aguas del bautismo. De igual manera, se nos promete vida eterna y hermandad con Jesús, y luego se nos permite tener comunión con Él cuando recibimos la propia cena del Señor.
No hay ninguna magia en estos actos. El bautismo no lo hace a uno cristiano. Más bien, sólo los cristianos cualifican para ser bautizados. Ni tampoco se imparte gracia salvadora a través de la comunión. Sin embargo Cristo está presente por su Espíritu cuando recordamos su cuerpo inmolado y su sangre derramada.
Estas ordenanzas tienen gran valor para nuestra santificación. Son vívidos recordatorios experimentales de las grandes verdades de la fe cristiana - nuestra redención a través de la obra consumada de Jesucristo y de nuestra inmanente comunión con Él hasta que vuelva por nosotros. O, como lo dice Sinclair Ferguson, traen “nueva realización de nuestra unión y comunión con Cristo. Nos señalan hacia atrás a su fundamento y hacia adelante a su consumación en gloria”.[18] Los sacramentos mantienen estas verdades al frente y en el centro, ayudándonos a mantenernos firmes, lo que es esencial para el crecimiento espiritual.

Alabanza y Adoración

Hace poco asistí a una conferencia sobre asesoramiento bíblico. Aunque la oración de apertura estaba lejos de ser superficial, ninguno de nosotros nos sentimos particularmente movidos. Sin embargo, la sesión del día siguiente comenzó con alabanza. Esta vez cuando el dirigente oró antes de comenzar su mensaje, la alabanza verbal, las manos levantadas y un “Amén” aquí y allá acompañaron cada una de sus frases. ¿Cuál fue la diferencia? La alabanza nos había dirigido el corazón hacia arriba y nos había ablandado hacia el Espíritu de Dios.
Para más estudio: ¿Qué vio el siervo de Eliseo cuando Dios levantó su vista por encima de sus circunstancias? (2R 6:15-17)
Entre nuestros grandes privilegios como cristianos, ninguno es más grande que el privilegio de alabar. Su poder para restaurar la perspectiva apenas se puede sobreestimar. Cuán fácil es en este mundo caído ponerse “fuera de tono”, perder la conexión con la grandeza y misericordia de Dios. La confianza en sí mismo por un lado y el desánimo por otro puede evitar que veamos a nuestro Señor exaltado. Pero cuando comenzamos a alabar...cuando su Espíritu nos levanta los ojos para contemplar de nuevo la majestad y maravilla de Dios...se nos vuelve a poner en contacto con las realidades eternas. También al magnificar a Dios invariablemente nos humillamos, y eso nos pone en una posición perfecta para recibir gracia. Todos haríamos bien en hacer eco al escritor del himno que dijo, “Ven Tú Fuente de toda bendición, entona mi corazón para cantarte mi adoración”.
El Salmo 95 nos da un maravilloso patrón para alabar y un entendimiento del papel de la alabanza en la santificación:
5 Toma uno o dos minutos para leer Salmo 77 y luego contesta las siguientes preguntas:
•¿Cómo es que el corazón del salmista está fuera de tono (v. 2,4,7-9)?
•¿Cómo trata él con sus dudas (v.10-12)?
•¿Cómo es que la adoración cambia su opinión de Dios (v. 13-20)?
Vengan, cantemos con júbilo al SEÑOR; aclamemos a la roca de nuestra salvación. Lleguemos ante él con acción de gracias, aclamémoslo con cánticos. Vengan, postrémonos reverentes, doblemos la rodilla ante el SEÑOR nuestro Hacedor. Porque él es nuestro Dios y nosotros somos el pueblo de su prado; ¡somos un rebaño bajo su cuidado! Si ustedes oyen hoy su voz, no endurezcan el corazón...(Sal 95:1-2,6-8)
Después de invitarnos a cantar, a aclamar, a agradecer, y a exaltar, el salmista nos insta a inclinarnos en adoración. También nos advierte que no endurezcamos el corazón cuando oigamos la voz de Dios. La conexión no es simplemente coincidental: Dios con frecuencia habla a nuestro corazón mientras adoramos. Él nos habla de su majestad, su soberanía sobre nuestra vida, su cuidado providencial de nosotros, y muchas otras cosas maravillosas. También puede revelar áreas específicas en las que necesitamos cambiar o aventurarnos a nuevas esferas. Si no escuchamos, o si endurecemos el corazón como lo hizo Israel tan frecuentemente durante su andar por el desierto, arriesgamos el disgusto y la disciplina de Dios.
El combustible para la adoración es una verdadera visión de la grandeza de Dios; el fuego que hace que el combustible arda candente es el avivamiento del Espíritu Santo; la caldera hecha viva y tibia por la llama de la verdad es nuestro espíritu renovado; y el calor que resulta de nuestros afectos es la poderosa adoración, que penetra en nuestras confesiones, añoranzas, aclamaciones, lágrimas, cantos, gritos, cabezas inclinadas, manos levantadas y vidas obedientes.[19]
— John Piper
Como pastor, me doy perfecta cuenta de las luchas con las que se enfrenta la gente a través de la semana, y de mis propias limitaciones para ayudarles. Pero cuando nos reunimos como iglesia para adorar los domingos por la mañana, puedo ver cómo consistentemente Dios usa estos momentos para pastorear a su pueblo. Los desanimados, los solitarios, y los temerosos todos encuentran las fuertes y tiernas manos de Dios ahí para sostenerlos a medida que lo adoran.
No creo que haya una estrategia pastoral más eficaz para ayudar a las personas que dirigirlas al lugar donde Dios mismo pueda ministrarles. En el lugar de la adoración, la vida cambia.

Discusión Grupo

  1. ¿Cuál es una cosa especialmente sacrificante que tú has hecho por otra persona?
  2. . “Ya, de por sí, nos amamos a nosotros mismos demasiado”, dice el autor. (Página ) ¿Tú estás de acuerdo o no?
  3. Describe una prueba que experimentaste que llegó a redundar para bien.
  4. ¿Qué beneficios específicos pueden resultar de las pruebas con que te enfrentas ahora mismo?
  5. ¿Este capítulo cambió la manera en que piensas de la ley? Explica.
  6. ¿Qué es lo que la ley nunca tuvo la intención de hacer? (Página 75)
  7. En respuesta a tu invitación para asistir a la iglesia, tu vecino dice (con una pizca de arrogancia), “Yo soy mi propia iglesia”. ¿Cómo le responderías?
  8. Lee en voz alta la cita de John Piper que se encuentra en esta página. ¿Por qué las vidas obedientes son un resultado natural de la adoración?

UN ENLACE PARA QUE PUEDAN VER ALGO BUENO

http://thirdmill.org/

REFLEXION NUEVA

“No lo digo por que tenga escasez, pues he aprendido a contentarme” Fil. 4: 11

En una ocasión hablaba con un hombre y este me decía. “En la vida hay situaciones a las que nunca puedes adaptarte y mucho menos contentarte, y la escases es una de ellas”
Para muchas personas las circunstancias determinan sus obras y lo cierto es, que muchos de los momentos difíciles que  enfrentamos no son deseados, de tal manera que en cierta forma esto sirve para justificar el actuar de algunos, la desdicha que enfrentan sirven para justificar el mal proceder, de este modo, un hombre que nace con la pobreza como un estado en el que le tocó estar sumido, puesto que el no lo deseó, si no mas bien se le fue impuesto, su impulso a estar descontento con este estado y proceder a robar le sirve a su corazón como justificación, de esta manera encontramos que las circunstancias  determinan su actuar.

El apóstol Pablo escribe una carta que refleja un profundo amor por los hermanos filipenses estando en prisión, y a lo largo  de los cuatros capítulos se puede sentir este amor pero al final de este ultimo capitulo, pablo escribe unas palabras que demarcan el entendimiento que Pablo tenía  de las circunstancias y el servicio a Dios. 

El adoctrinar a las Iglesias Era parte del ministerio Apostólico y las circunstancias en las que Pablo desarrollo esta labor no era precisamente las mejores, y antes de terminar su escrito a los filipense, puesto que ellos bendijeron en momentos difíciles al Apóstol, era necesaria una ultima enseñanza, Pablo estaba interesado en que estos hermanos entendieran, que sus palabras a lo largo de la carta no obedecían a un interés personal, o un interés en las bendiciones económicas que ellos le hacían llegar.

Las circunstancias no determinan mi labor en el evangelio.

No se trataba de las palabras de un Pablo que  sentía que debía tener contento a los aportadores de su ministerio, no se trataba de las alabanzas de uno que pensaba que sin ellos y sus ofrendas su ministerio estaría acabado, no, nada de lo escrito por el Apóstol obedecía a esto, su compromiso por el evangelio no radicaba en las malas circunstancias  a las que los filipenses podrían librarlo, pues escribe    “No lo digo por que tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación”

Las situaciones sean dulces o agrias no deben detener nuestra labor en pro del reino de los cielos, no deberíamos presentar   como justificación a nuestro poco compromiso en el evangelio la mala situación a la que pudiésemos estar atravesando, pablo dice,  cual quiera que sea mi situación, y esta obra  debe realizarse en el mejor de los estados en los que se puede encontrar el creyente “el contentamiento”  de esta forma pablo establece que  muy a pesar de  las circunstancia vivía contento sirviendo al Señor, que las distintas situaciones serían para el Apóstol el medio para trabajar para el Señor, no un obstáculo, aprendamos nosotros también a estar contentos sirviendo a nuestro Salvador sea cual sea nuestras circunstancias.   


Por.  Pator David Guzman Mendoza

martes, 1 de febrero de 2011

libro como puedo cambiar capitulo 7

Feb 01, 2011 07:00 am
Por Robin Boisvert (Sovereign Grace Ministries)
Allá por los días cuando un paquete de cigarrillos todavía costaba 35 céntimos yo fumaba mucho. Algunos podrían decir que era amigo de la nicotina, un tipo regular al estilo Chesterfield. Yo era un adicto al tabaco y lo sabía.
Dejar de fumar no era el problema - lo había hecho una docena de veces. Pero cuando el deseo de fumar se hacía muy fuerte, yo comenzaba otra vez. Así que decidí dejar de comprar cigarrillos. Eso tampoco dio resultado. Sólo me convirtió en una molestia para mis amigos, ya que siempre estaba pidiéndoles cigarrillos. En mi punto más bajo, me encontré sacando del cenicero colillas medio fumadas.
Por este tiempo me di cuenta de que el Espíritu Santo me estaba redarguyendo de mis pecados y acercándome a Jesús. Aunque mi fumar era solamente una de las evidencias de mi estado interno, parecía simbólico de mi vida entera. Estaba atrapado. Cada vez que había intentado dejar de fumar había fracasado. No podía ver cómo jamás podría vencer este hábito. Ni tan siquiera estaba seguro de que quería hacerlo.
Sabía que Jesús iba principalmente tras mi corazón, no mi hábito. Con todo, no me podía imaginar seguirlo y fumar al mismo tiempo. Así que una noche pregunté a Larry, un creyente a quien acababa de conocer, si un tipo podía ser cristiano y seguir fumando. Esa era mi versión de la pregunta de los fariseos para atrapar a Jesús sobre el pago de los impuestos al César. Pensaron que podían atraparlo de cualquier manera que contestara.
Medita en Romanos 8:29. ¿Cuál es el aspecto del carácter de Jesús que te gustaría de verdad ver en tu propia vida?
Mi estrategia era algo como esto. Si Larry contestaba, “No - nadie puede ser cristiano y fumar,” yo solemnemente pronunciaría su respuesta como legalista y contraria al principio de que Dios mira el corazón. Por otro lado, si decía, “Sí, no hay problema”, entonces yo podía despedir el cristianismo como un conjunto sin significado de creencias que no tenían ningún poder. Pero la pregunta no era totalmente cínica. Parte de mí desesperadamente quería creer - y ser libre.
Bueno, Larry me dio una respuesta con la que yo no había contado. “Supongamos”, dijo, “que tú quisieras animar a alguien a confiar en el Señor. ¿Crees que tendrías más efecto como testigo con un cigarrillo en la mano o sin uno?”
Hmmmm...buena respuesta. De repente el asunto no era el fumar, sino si yo quería que mi vida glorificara a Dios o no. En realidad era un asunto de motivo.
No soy de la opinión de que a la persona con verdadera fe en Jesucristo se le negaría la entrada al cielo por tener un paquete de cigarrillos en su bolsillo. Pero eso no tiene nada que ver con el asunto, pues el propósito de Dios en la santificación es que seamos conformados a la imagen de Jesucristo. Y yo no puedo imaginarme a Jesús acercarse a la mujer samaritana (Jn 4:7-18) y decir, “¿Tienes fuego? Gracias. Ahora, hablemos de tu pecado. ¿Cuántos esposos has tenido?”
Gracia no es simplemente poca severidad cuando hemos pecado. Gracia es el don de Dios que permite no pecar. Gracia es poder, no sólo perdón. John Piper
Por cierto, yo ya no soy un tipo regular al estilo Chesterfield. Dios tenía medios disponibles para ayudarme a dejar el vicio - los mismos medios que examinaremos en estos dos próximos capítulos. Pero, de primera importancia era mi motivo. Dios siempre ayudará a aquel cuyo motivo es correcto, que en realidad quiere glorificarlo y hacer su voluntad. Pero no nos dejará usarlo simplemente para mejorar la calidad de nuestra vida o cambiar nuestras circunstancias. El no busca nada menos que nuestro corazón. En la santidad, el motivo siempre precede a los medios.
Antes de ahondar más en la próxima sección, repasemos rápidamente lo que hemos aprendido hasta aquí sobre el plan de Dios para la santificación. Somos nuevas creaciones que gozamos de una viva unión con Jesucristo. Pero todavía estamos en una batalla. Experimentamos tanto guerra como paz interior; luchamos con el pecado y reposamos en Cristo.
1 ¿Puedes encontrar un versículo bíblico que demuestra que somos impotentes para ganarnos la salvación de Dios? (Si no sabes dónde buscar, trata Efesios capítulo 2.)
Un claro entendimiento de esta tensión entre el “ahora y el todavía no” te guardará de ciertas serias mal interpretaciones. Por ejemplo, sólo porque te encuentras con severas tentaciones y batallas espirituales no quiere decir necesariamente que has cometido algo malo. Una persona santa no es la que nunca tiene ningún conflicto espiritual, ni que ya ha alcanzado la perfección. Más bien, una persona santa es la que se está haciendo más como Cristo a través del proceso de obedecer a Dios en medio de las luchas cotidianas de la vida.
Aprendamos del Maestro
Como la mayoría de los hombres, yo tengo gran afición por las herramientas. Todavía puedo recordar mi emoción cuando mis amigos me dieron una caja de herramientas nuevecita, completamente equipada en la fiesta de mi despedida de soltero. No me aguantaba porque terminara la fiesta para poder jugar con mis nuevas herramientas. De hecho, estaba tan ansioso que me herí el dedo tratando de abrir la caja.
Para más estudio: Lee Romanos 3:9-12. ¿Consideras ésta una justa descripción de ti mismo? Si no, ¿qué evidencia bíblica encuentras a lo contrario?
Cualquier cristiano genuino admitirá que tiene seria necesidad de reparación espiritual. ¡Qué seguridad tenemos en saber que el Espíritu Santo tiene las herramientas correctas para hacer esas reparaciones - para santificarnos! Todavía más importante, él personalmente tiene la responsabilidad de enseñarnos cómo usar esas herramientas para que maduremos y cambiemos. Y Él nos puede enseñar cómo usarlas sin que nos hagamos daño a nosotros mismos.
Como la tercera persona de la Trinidad, el Espíritu Santo es quien cambia nuestra vida. El Espíritu de Dios participa en nuestra salvación de principio a fin. Ser regenerados (nacidos de nuevo) es nacer del Espíritu. Tanto el arrepentimiento como la fe - los dos lados de la conversión - son dones que da el Espíritu.Anthony A. Hoekema, Saved by Grace (Grand Rapids, MI: Eerdmans Publishing Co., 1989), p. 29. Él está activo en nuestra justificación y en nuestra adopción. Él nos llena, intercede por nosotros, nos sella en Cristo para el día de la redención, y al final nos glorificará.
Dios no deja ni tan siquiera el asunto de la conversión finalmente en manos del hombre...Ni tampoco Dios deja al riesgo incierto nuestro crecimiento y perseverancia y santidad. Más bien, Él dice, ‘Infundiré mi Espíritu en ustedes, y haré que sigan mis preceptos y obedezcan mis leyes’ (Ezequiel 36:27). Es el Señor mismo quien obra en nosotros para querer y hacer su buena voluntad (Filipenses 2:12-13; Hebreos 13:21).- John Piper
Pero ahora nos ocupamos con el Espíritu Santo en su papel como santificador. Somos los que han sido “elegidos...según la previsión de Dios el Padre, mediante la obra santificadora del Espíritu, para obedecer a Jesucristo y ser redimidos por su sangre” (1P 1:2). A través del resto de este capítulo y el próximo, examinaremos algunas de las herramientas con las que Él tan eficazmente obra en nosotros.
La Palabra de Dios
La Biblia es la singular revelación de Dios al hombre. Nos dice verdades que jamás podríamos encontrar en ninguna otra fuente, como la manera en que comenzó el mundo, lo que sucede después que morimos, y así por el estilo. También nos dice algunas cosas que jamás hubiéramos querido saber: somos nacidos en pecado, estamos en necesidad de redención, y somos incapaces de agradar a Dios por nosotros mismos. ¡Alguien ha dicho que la Biblia debe ser la Palabra de Dios porque el hombre jamás escribiría algo tan desaprobante de sí mismo!
Medita en Jeremías 23:29. ¿Alguna vez has sentido el poder de la Palabra de Dios como se describe en este pasaje?
La Biblia no nos adula, ni tampoco enseña - como lo hacen virtualmente todas las religiones - que el hombre puede perfeccionarse a sí mismo. De hecho, la Escritura es pesimista hasta el extremo respecto a la innata habilidad del hombre. Es por eso que es una herramienta tan valiosa y esencial en la santificación del hombre. Jesús mismo confirmó esto cuando oró al Padre, “Santifícalos en la verdad; tu palabra es la verdad” (Jn 17:17).
El libro clásico de John Bunyan, El Progreso del Peregrino empieza cuando el héroe, Cristiano, encuentra “el libro”...y ese fue el comienzo de sus problemas. Pero también fue el comienzo del final de sus problemas. El Espíritu Santo y la Biblia conspiran juntos para convencernos de nuestra gran necesidad de Dios. Pero tal como descubrió Cristiano, ellos nos convencen para poder convertirnos, y nos convierten para poder transformarnos:
Pero tú, permanece firme en lo que has aprendido y de lo cual estás convencido, pues sabes de quiénes lo aprendiste. Desde tu niñez conoces las Sagradas Escrituras, que pueden darte la sabiduría necesaria para la salvación mediante la fe en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia. (2 Ti 3:14-16)
Medita en Salmo 32:8-9. Si ignoramos la Escritura, Dios quizás tenga que sacar la brida y el freno.
Como Pablo hace claro en esta carta a Timoteo, la Escritura tiene un singular poder para producir cambio en el cristiano. Nos enseña las leyes y los caminos de Dios, luego nos reprende cuando no cumplimos con esa instrucción. Pero también nos corrige. No sólo nos dice que estamos equivocados; sino que nos vuelve a levantar y nos pone en el camino recto. Finalmente, nos instruye en justicia, enseñándonos cómo vivir.
¿Alguna vez has notado que se usan muchas vívidas metáforas para describir la Palabra de Dios?
Es nuestro alimento y bebida espiritual. “No sólo de pan vive el hombre, sino de todo lo que sale de la boca del SEÑOR” (Dt 8:3). La escritura es leche para los pequeños y comida sólida para los maduros (Heb 5:12-14).
Es un espejo. “El que escucha la palabra pero no la pone en práctica es como el que se mira el rostro en un espejo y, después de mirarse, se va y se olvida en seguida de cómo es” (Stg 1:23-24). La Biblia nos muestra a nosotros mismos tal como Dios nos ve. Es una verificación de la realidad, que revela quién y qué en realidad somos.
Es una luz. “Tu palabra es una lámpara a mis pies; es una luz en mi sendero” (Sal 119:105). La Escritura nos muestra la manera en que debemos vivir y lo que debemos evitar.
Es semilla. “Un sembrador salió a sembrar...La semilla es la palabra de Dios” (Lc 8:5,11). Cuando se siembra en el buen terreno de un corazón receptivo, da mucho fruto.
Es una espada.“Ciertamente, la palabra de Dios es viva y poderosa, y más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta la médula de los huesos, y juzga los pensamientos y las intenciones del corazón” (Heb 4:12).
Lo que todas estas figuras tienen en común (y hay más) es la absoluta necesidad y utilidad de la Escritura. Nada sobre la Biblia es superfluo, y no necesita suplemento. Es suficiente para todas las cosas que tienen que ver con la salvación y la santidad, “a fin de que el siervo de Dios esté enteramente capacitado para toda buena obra” (2 Ti 3:17).
Para más estudio: ¿Es suficiente solamente oír la Palabra para producir cambio? (Ve Mateo 7:24-27; Juan 14:21-24; Santiago 1:22))
En generaciones pasadas, la inspiración e infalibilidad de la Santa Escritura ha sido atacada repetidamente. Hoy la suficiencia de la Biblia es puesta en duda por los que sugieren, abierta y sutilmente, que es incapaz de tratar con algunos de los interrogantes más profundos y necesidades más fundamentales de la humanidad. Pero la Biblia de ninguna manera depende de ninguna fuente externa de conocimiento. Es más que suficiente. Este maravilloso libro es la herramienta principal del Espíritu Santo para cambiarnos.
¿Cómo ocurre ese cambio? Cuando oímos y aplicamos la Palabra de Dios, que también se conoce como obediencia. Eso sólo sucederá consistentemente a medida que nos comprometemos con las siguientes disciplinas:
Algunos amigos míos practican una disciplina de ‘no Biblia, no desayuno’. Algunos la leen por la noche. Otros pasan momentos con Dios durante el día. Pero yo no conozco a ninguno que tenga un andar profundamente espiritual que no pase tiempo todos los días con Dios en su Palabra. Es indispensable. Exige de un compromiso específico. Jerry White
Apartar un tiempo regular para leer la Biblia...y cumplir con la cita. Lo primero por la mañana es para muchos el mejor momento. Por supuesto que eso quizás signifique acostarte más temprano para dormir lo suficiente. Si no estás leyendo tu Biblia regularmente, y no pareces poder ponerlo en tu horario, es porque algo menos importante se ha hecho muy importante. Averigua lo que es y haz cambios. Sé despiadado.
2 Según una encuesta de Barna, 73% de los norteamericanos dicen que es importante leer la Biblia. Un asombroso 93% de hogares en los Estados Unidos tienen por lo menos una Biblia. Pero fíjate con cuánta frecuencia en realidad se abren esas Biblias...luego marca el cuadrado que refleja más correctamente tu propio hábito de lectura.
En una semana promedio, los norteamericanos leen la Biblia...
❏Todos los días 12%
❏Varios días 15%
❏Un día 16%
❏Nunca 57%
Una distracción mayor son las noticias y la información. En esta edad de comunicación instante y global, muchos cristianos pasan más tiempo con los periódicos, revistas de noticias, y noticieros que con el Señor. Ahora hay más cosas que nunca para sobresaltarnos, airarnos, asustarnos, y robarnos tiempo precioso. Pero no hay manera posible para poder controlar o responder a todo lo que está sucediendo. Por supuesto que no estoy sugiriendo ignorancia o inacción, pero si el periódico o las noticias de la noche invaden tu estudio de la Biblia, entonces es tiempo que hagas ajustes mayores.
Comprométete a un plan de estudio específico.Leer a través de la NIV Study Bible me ha dado buen resultado a mí. De esta manera me veo obligado a leer esas porciones de la Escritura que podría considerar menos importantes o menos interesantes. Se toma una lectura completa de la Biblia para desarrollar una imagen completa de Dios. Como dijo una vez el difunto A.W. Tozer, “Podemos tener una opinión correcta de la verdad solamente al atrevernos a creer todo lo que Dios ha dicho de sí mismo”.A.W. Tozer, Gems From Tozer (Harrisburg, PA: Send the Light Trust/ Christian Publications, Inc., 1969), p. 4.
Para más estudio: Timoteo se benefició inmensamente al tener a Pablo como su mentor. Para ver el impacto de esta relación lee 2 Timoteo 1:13-14 y 3:10-15.
Hay un buen número de buenos recursos que pueden mejorar tu tiempo diario con la Palabra. Hemos puesto unos cuantos en la sección “Lectura recomendada” al final de este capítulo. Variar tu método de vez en cuando hará más placentera y beneficiosa esta disciplina.
La palabra escondida comunica el pensamiento de guardar algo para los tiempos de futura necesidad. Hacemos esto al meditar continuamente en la Palabra de Dios, al pensar constantemente en ella, y aplicar sus verdades a las situaciones diarias de la vida. Yo personalmente he encontrado que un programa sistemático para memorizar la Escritura es absolutamente necesario para la continua meditación en la Palabra de Dios. No puedo pensar durante el día lo que no tengo en mi corazón.Jerry Bridges
Busca a alguien que te ayude. Tu estudio de la Biblia acelerará grandemente al relacionarte con un mentor cristiano. Aprenderás mucho simplemente al preguntar, “¿Cómo es que tú estudias la Escritura?” También te beneficiará (aunque no sin cierta vergüenza) cuando él o ella te pregunte, “Así que...¿de verdad lo estás haciendo?” Ser responsable ante otra persona es de gran beneficio. Sólo mira que la persona que te pide cuentas no tenga similares defectos - ni el don de misericordia.
Guarda la Palabra de Dios en tu corazón memorizándote la Escritura. Pablo indica la transformación interna que ocurre a medida que comenzamos a dejar que la Biblia dé forma a nuestros pensamientos y actitudes: “No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta” (Ro 12:2). La memorización quizás no te sea fácil, pero a medida que tejes la Palabra en la tela de tu vida, estarás bien preparado cuando venga la tentación o la adversidad.
Una Conciencia Limpia
Esto afirmo. No puedo hacer lo contrario...mi conciencia es cautiva de la Palabra de Dios. No puedo y no retraeré en nada, pues ir contra mi conciencia no es ni correcto ni seguro. Que Dios me ayude. Amén7Quoted in Roland Bainton, Here I Stand: A Life of Martin Luther (Nashville, TN: Abingdon Press, 1950), p. 185.
La famosa defensa de Lutero ante la Dieta de Worms [en inglés ‘lombrices’] (ese era el nombre del concilio oficial que lo enjuició, ¡en serio!) indica el importante lugar que ocupa la conciencia en la vida del cristiano. También tiene un lugar importante en nuestra santificación.
Todos nosotros sin duda nos hemos encontrado con esta misteriosa facultad llamada conciencia. Cuando, en el sexto grado, yo tiré un aro de goma a un grupo de estudiantes por la puerta del aula, no esperaba golpear a nadie en el ojo. Pero así fue. Y cuando mi compañera de clase gritó de dolor, ni ella ni ninguno de los demás sabía lo que había sucedido. Pero mi conciencia sí lo sabía e insistió en que yo tomara responsabilidad por lo que había hecho. Yo luché contra ello, tratando de salir con cualquier posible excusa, pero fue en vano. Mi conciencia se negó a soltarme del anzuelo. La única manera de silenciarla fue admitir mi culpa y aceptar las consecuencias.
Este incidente ilustra el rasgo más extraordinario de la conciencia - los juicios que declara son completamente objetivos e imparciales.Ole Christian Hallesby, Conscience (Minneapolis, MN: AugsburgPublishing House, 1933), p. 14. En otras palabras, uno nunca puede ganar un argumento con su conciencia. Siempre está trabajando, hasta en los sueños. Puede funcionar como testigo, al decir lo que ve u oye. Puede funcionar como abogado, acusándonos por delitos o, en raras ocasiones, defendiéndonos. También puede funcionar como juez, entregando veredictos categóricos que no pueden ser apelados.
Medita en Romanos 1:20-21. ¿Por qué no hay excusa para rechazar la ley moral de Dios?
-Mentiste-, proclama la conciencia.
-¡No mentí! Sólo decía la verdad a modo de no causar ningún conflicto innecesario.-
-Mentiste.-
La conciencia no discute el asunto. Sólo lo declara. Esta es la razón por la que la conciencia lleva a algunos a la distracción y por la que harán todo lo posible por apagarla, o amortiguarla con el alcohol o las drogas.
¡Grande en realidad es el poder de la conciencia! Poderosa es la influencia que puede ejercer en el corazón de los hombres! Puede infundir terror en la mente de monarcas en su trono. Puede hacer temblar y sacudir a las multitudes ante unos cuantos valientes amigos de la verdad como una manada de ovejas. Tan ciega y equivocada como la conciencia con frecuencia es, incapaz de convertir a un hombre o de llevarlo a Cristo, con todo es una parte muy bendita de la constitución del hombre, y la mejor amiga en la congregación que tiene el predicador del evangelio.[5]
— J.C. Ryle
La palabra en sí quiere decir “saber junto con”. El teólogo Ole Hallesby explica el significado de esta definición:
Es, entonces, no simplemente un saber, un conocimiento junto con algo o alguien. Tampoco necesitamos tener duda respecto a junto con qué es lo que el hombre en su conciencia sabe. Entre todas las razas...es una característica del hombre que él en su conciencia sabe junto con una voluntad que está sobre y por encima de la suya propia...Esta voluntad, que es la voluntad de Dios, es lo que los hombres llaman la ley o la ley moral, o sea, la ley según la cual la vida del hombre debe vivirse.Ole Christian Hallesby, Conscience, p. 12.
Aunque imparcial, la conciencia no es infalible. Puede estar mal informada. Puede ser demasiado sensible. O, si ha sido represada rutinariamente, quizás yo sea absolutamente sensible. La persona que ignora su conciencia se dirige al desastre. Pronto perderá la habilidad de distinguir entre la iniquidad y la justicia, entre el bien y el mal. Esto explica mucho sobre nuestra sociedad...y sobre mi primer encuentro con las drogas
Cuando yo tenía dieciocho años un amigo me dio un porro (un cigarrillo de mariguana). Era 1968 y las drogas acababan de comenzar a filtrarse en los suburbios de Washington, D.C. donde yo vivía. Yo sabía que era ilegal. Yo sabía que era malo. Mi conciencia me gritaba...pero yo lo hice de todos modos. Un par de días después me fumé otro porro, y otra vez sonó la sirena de mi conciencia. Sólo que esta vez no era tan fuerte. Después de media docena de veces, casi ni la podía oír. Como resultado, poco a poco perdí mi compás moral. En esas raras ocasiones cuando apenas podía distinguir la voz de mi conciencia, la consideraba como una molestia y una aguafiestas.
Si el hombre cauteriza su conciencia pronto la verá como una maldición. Pero Dios no dio la conciencia para bendecirnos. No siempre trae noticias placenteras. Puede excusar como también acusar, felicitar como también condenar. Y como dijo Pablo al joven Timoteo, la conciencia es una salvaguarda esencial de la vida cristiana:
Timoteo, hijo mío, te doy este encargo porque tengo en cuenta las profecías que antes se hicieron acerca de ti. Deseo que, apoyado en ellas, pelees la buena batalla y mantengas la fe y una buena conciencia. Por no hacerle caso a su conciencia, algunos han naufragado en la fe. (1Ti 1:18-19)
Puede que la conciencia sea una arma sencilla, pero es altamente eficaz en la batalla contra el pecado. “No hacerle caso a la conciencia” es lo mismo que cometer suicidio espiritual.
3 Lee Efesios 4:25-32, luego toma un minuto para escuchar a tu conciencia. ¿Te das cuenta de alguna ofensa sin confesar contra Dios u hombre?
Una conciencia limpia es uno de los beneficios más preciosos del nuevo nacimiento. “Así que, hermanos, mediante la sangre de Jesús,” dice el escritor de Hebreos, “Acerquémonos, pues, a Dios con corazón sincero y con la plena seguridad que da la fe, interiormente purificados de una conciencia culpable” (Heb 10:19,22; Heb 9:14). ¡Qué gracia la de Cristo de purgarnos con su sangre de las asquerosas manchas de nuestros pecados pasados! Ahora que tenemos una conciencia limpia, debemos esforzarnos para mantenerla así.
La conciencia funciona como una luz de advertencia en el tablero de mandos de nuestra vida, y necesitamos poner atención cuando se enciende intermitentemente. El proceso es el mismo que cualquier mecánico de automóviles seguiría: determinar de dónde proviene la dificultad y luego corregirla. Por lo regular la solución tiene que ver con confesar el pecado y pedir perdón.
Después de cometer adulterio con Betsabé y de asesinar a Urías, el rey David siguió como si nada hubiera ocurrido durante meses ignorando la luz roja de su conciencia. Él nos escribe sobre su experiencia en el Salmo 32:
Medita en Hechos 24:16. ¿Pablo daba por sentado la conciencia?
Dichoso aquel a quien se le perdonan sus transgresiones, a quien se le borran sus pecados. Dichoso aquel a quien el SEÑOR no toma en cuenta su maldad y en cuyo espíritu no hay engaño. Mientras guardé silencio, mis huesos se fueron consumiendo por mi gemir todo el día. Mi fuerza se fue debilitando como al calor del verano, porque día y noche tu mano pesaba sobre mí. Pero te confesé mi pecado, y no te oculté mi maldad. Me dije: ‘Voy a confesar mis transgresiones al SEÑOR’, y tú perdonaste mi maldad y mi pecado. Por eso los fieles te invocan en momentos de angustia; caudalosas aguas podrán desbordarse, pero a ello no los alcanzarán. (Sal 32:1-6)
Para más estudio: Escribe Salmo 139:23-24 en una tarjeta pequeña y ponla en un lugar donde te sirva de recordatorio diario.
Mientras David guardó silencio su conciencia no calló. El pecado sin confesar lo llevó a la angustia espiritual y física. Pero el perdón y la liberación le llegaron tan pronto como reconoció su comportamiento y se arrepintió. El testimonio de David muestra que una conciencia limpia podría curar muchos de los problemas que tenemos, incluso muchos que son llamados “enfermedades mentales” o “depresión”.
Se llegó el momento de que nosotros los cristianos hagamos frente a nuestra responsabilidad con la santidad. Con demasiada frecuencia decimos que somos ‘derrotados’ por este o aquel pecado. No, no somos derrotados; simplemente somos desobedientes. Podría ser algo bueno si dejáramos de usar las palabras ‘victoria’ y ‘derrota’ para describir nuestro progreso en la santidad. Más bien debemos usar las palabras ‘obediencia’ y ‘desobediencia’. Jerry Bridges
Cuando el cristiano tiene una conciencia saludable, le advertirá antes de iniciar un acto malo. Durante el acto la conciencia podría guardar silencio. Pero después de verdad se dejará oír. Las palabras, los pensamientos, las actitudes, y los motivos también pasan bajo su implacable escrutinio. Recuerda - esto es una bendición.
Una conciencia activa fomenta el examen de sí mismo que marca al cristiano en crecimiento. Es una tremenda aliada de la verdad. Como se mencionó arriba, el peligro principal es que faltamos en obedecer a la conciencia y ésta se cauteriza. El cristiano sin una conciencia limpia puede ser chantajeado por el enemigo. Al haber perdido un equipo de navegación tan crucial, ya no puede discernir el curso correcto, y corre el riesgo de naufragar. Esto no es algo insignificante.
Para más estudio: Para entender las opiniones de Pablo sobre la conciencia débil y la conciencia fuerte, lee 1 Corintios 8:4-13 y 10:23-33.
Pero una conciencia hipersensible puede ser un problema tan grande como la que se ha cauterizado. Esto no es raro entre los cristianos serios, especialmente cuando son recién convertidos. Los que tienen lo que a veces se llama una conciencia demasiado escrupulosa o débil, viven en un continuo estado de injustificada culpa. “Aquí lo más insignificante puede producir una conciencia malvada, de hecho, una ansiedad muy insoportable. Puede ser, o un acto insignificante, o un pequeño pensamiento o una palabra descuidada”.Ole Christian Hallesby, Conscience, p. 142 Un pedazo de basura en el suelo que no se recoge se convierte en un pecado mayor porque “comete pecado todo el que sabe hacer el bien y no lo hace” (Stg 4:17). O un comentario de improviso que no es absolutamente correcto se convierte en una mentira premeditada.
Durante esos ataques de duda, cuando el creyente en un grado excepcionalmente marcado pierde contacto con la gracia que puede sentir, su vida entera en Dios cae fuera de balance, como quien dice. Todos los valores espirituales se distorsionan, y tiende a perderlos totalmente de vista. Ya no parece poder beneficiarse de sus anteriores experiencias cristianas ni de su anterior perspicacia sobre asuntos espirituales. Los asuntos esenciales y los no esenciales se convierten en una confusa masa en lo que a él respecta. Dios le enseñará en momentos así cuán impotente es en sí mismo tanto en la moralidad como en la religión. Ole Christian Hallesby
Como ilustran estos ejemplos, los que tienen una conciencia demasiado escrupulosa yerran al exaltar la letra del versículo bíblico por encima del espíritu del versículo. Recuerda, Dios está más interesado en el motivo del corazón que en los detalles externos.
También es posible que falten en distinguir entre la tentación y el pecado. Es cierto que con frecuencia la una lleva al otro, pero no son lo mismo. La tentación es inevitable, pero no es necesario que dé a luz el pecado. Como dijo Lutero, “No puedes evitar que los pájaros vuelen sobre tu cabeza, pero puedes evitar que hagan un nido en tu pelo”.
Mi consejo a los que tienen una conciencia hipersensible es que busquen el consejo de un cristiano maduro - un pastor o el líder de un grupo pequeño que pueda ayudarles a separar lo esencial de lo no esencial. También la activa participación en el ministerio de grupos pequeños de tu iglesia es indispensable para mantener una conciencia saludable.
4 ¿Cuál de los siguientes considerarías ser pecados dignos de arrepentimiento? (Marca todos los que apliquen.)
❏Dejar un poco de chicle masticado debajo del asiento frente al tuyo en la iglesia.
❏Fantasear brevemente de que tu suegra se ha mudado a Nepal.
❏Doblar a la izquierda con la luz en rojo en el único semáforo en el pueblo a las 2:47 a.m.
❏Dejar que pase una semana sin bañar a tu niño pequeño.
❏Tirar una lata vacía de refresco que pudo haber sido reciclada.
La Oración
La oración es nuestra cuerda salvavidas de comunicación con Dios. A través de la oración tenemos una avenida para acercarnos a nuestro Padre celestial y expresar nuestra gratitud y comunicarle nuestras necesidades. Es una oportunidad de múltiples facetas para tener comunión con el Creador del universo. La oración consistente, persistente nos cambia tan profundamente como cualquier otro medio usado por el Espíritu Santo.
La Biblia nos anima, “Oren en el Espíritu en todo momento, con peticiones y ruegos. Manténganse alerta y perseveren en oración por todos los santos” (Ef 6:18). Hay por lo menos tres clases de oración que contribuyen grandemente a nuestra santificación. Examinémoslas individualmente.
La oración como un clamor de liberación del pecado. Es difícil imaginarse una situación más desesperante que en la que Jonás se encontraba. Habiendo desobedecido el mandato de Dios de ir a Nínive, acabó en el estómago de un gran pez. La oración era su única esperanza:
Entonces Jonás oró al SEÑOR su Dios desde el vientre del pez. Dijo: ‘En mi angustia clamé al SEÑOR, y él me respondió. Desde las entrañas del sepulcro pedí auxilio, y tú escuchaste mi clamor’. (Jon 2:1-2)
No sólo te sientes ahí solo o apartado colgando la cabeza, y sacudiéndola y mordiéndote los puños preocupado y buscando una salida, sin nada más en tu mente que lo malo que te sientes, cuánto sufres, qué pobre tipo eres. ¡Levántate, perezoso tunante! ¡De rodillas! ¡Levanta las manos y los ojos al cielo!  Martin Luther
No importa cuán desesperante sea el predicamento, nuestro primer paso para ser liberados del pecado es siempre hacia el Señor. Este paso se logra a través de la oración. Cuando yo sé que he pecado, la salida no es complicada - sólo difícil. El Espíritu Santo me dirige a clamar pidiendo misericordia, a confesar mi pecado, y a pedir perdón.
La promesa de Dios está clara: “Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad” (1Jn 1:9). La palabra griega que se traduce aquí como “confesamos” significa “decir la misma cosa” - estar de acuerdo con Dios de que en verdad hemos pecado. Él ya sabe cuál es nuestro pecado. Él solamente está esperando que nosotros nos hagamos responsables del pecado. Una vez lo hagamos, Él promete perdonarnos y purificarnos. Yo encuentro interesante que la base para el perdón de Dios no es su misericordia, sino más bien su fidelidad y justicia. Podemos someter con confianza nuestras peticiones a Dios por lo que Jesús hizo por nosotros en la cruz.
Medita en Salmo 86:1-7. Aunque merecemos su ira, Dios nos ama grandemente cuando clamamos pidiendo liberación del pecado.
La oración por libertad de pecado es una manifestación de verdadero humildad. Y humildad es necesaria para experimentar gracia.
La oración es una petición de dirección. Yo recuerdo los tiempos justo antes de pedir a mi esposa que se casara conmigo. ¡Vaya, si en serio quería recibir dirección de parte de Dios! Sólo la cantidad de las oraciones pidiéndole dirección debió haber comunicado claramente al Señor que yo de verdad quería saber cuál era su voluntad.
Recibir dirección tiene que ver con más que solamente la oración, por supuesto. Por ejemplo, exige de estudio bíblico y fiel aplicación de la sabiduría que ya poseemos. Anticipa que tengamos una sincera determinación para hacer la voluntad de Dios suceda lo que suceda, y una disposición a oír la multitud de consejeros que misericordiosamente Él pone a nuestro alrededor. Pero la oración es primordial en la dirección simplemente porque nos mantiene en constante contacto con Aquel que nos dirige por sendas de justicia por amor a su nombre (Sal 23:3).
Nadie puede reducir a una fórmula la verdadera dirección. Consiste en oír y obedecer, una relación constante reforzada por la comunicación regular, y en reposar en las seguras promesas de Dios. Mi propia opinión es que el cristiano que se propone a hacer la voluntad de Dios encontrará muy difícil no ver esa voluntad si es que es una persona de oración.
5 Describe brevemente un incidente cuando recibiste liberación o dirección de Dios como resultado de la oración.
La oración como sumisión a la voluntad de Dios.En el huerto de Getsemaní, Jesús hizo la oración más conmovedora de todas: “Padre, si quieres, no me hagas beber este trago amargo: pero no se cumpla mi voluntad, sino la tuya” (Lc 22:42). Iba acompañada de un fuerte clamor a Dios y una presión tan intensa que Cristo sudó gotas de sangre. Fue expresada cuando estaba sin la compañía de ningún ser humano, porque sus amigos más cercanos se habían dormido. Nuestro Señor estaba solo. Aquí, en su hora de mayor prueba, Jesús nos dio un modelo de verdadera sumisión, una humildad que lo cualificó para heredar la tierra.
Hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, los aviones aliados hicieron llover sobre Alemania grandes bombas incendiarias. Ciudades como Dresde y Hamburgo quedaron completamente destruidas. Uno de los sobrevivientes de Dresde fue John Noble, un ciudadano norteamericano que junto con su familia fue puesto bajo arresto en su casa cuando estalló la guerra.John Noble, I Found God in Soviet Russia (London: Lakeland, Marshall, Morgan and Scott, 1959) Tenía 22 años de edad.
Para más estudio: Lee Hebreos 12:7-13. ¿Qué promesa encontramos aquí que nos motiva a someternos a Dios?
Después que se rindieron los poderes del Axis en 1945, John esperaba volver a los Estados Unidos. Pero los comunistas soviéticos controlaban ahora esa parte de Alemania, y ellos tenían otros planes para él. Fue encarcelado bajo un pretexto y durante los próximos diez años fue sujeto al más inhumano trato que uno se pueda imaginar. Sólo una pequeñísima fracción de los prisioneros sobrevivieron. Los que habían padecido bajo los alemanes y los comunistas dijeron que aunque los nazis eran mucho más crueles y vengativos en su trato de los prisioneros, los comunistas eran más mortíferos, ya que sistemáticamente hacían morir de hambre a los que estaban en sus garras.
Aunque Noble se había criado en un hogar cristiano, su fe no se extendía mucho más allá de la asistencia superficial a la iglesia. Se daban gracias a Dios antes de comer, pero las oraciones, si se hacían, no salían del corazón. Su padre, un anterior ministro, se había vuelto más y más materialista a través de los años. Llevó a la familia a Alemania a mediados de los 1930 para dirigir una fábrica de cámaras. Así es como quedaron atrapados en Alemania cuando las tropas de Hitler comenzaron a marchar.
Medita en Filipenses 1:20-21. Una vez más, Pablo sirve como un perfecto modelo y ejemplo. ¿Cuál era una de sus preocupaciones mientras se enfrentaba con la probabilidad de ser ejecutado?
En la cárcel a todos los prisioneros repetidamente se les negaba comida por largos lapsos de tiempo. Luego llegó un devastador período de doce días sin nada excepto un poquito de agua con sabor a café al día. Muchos de los hombres murieron. Desde su solitaria celda, John podía oír cuando sacaban los cadáveres arrastrándolos, la cabeza golpeando las gradas. La desesperanza y el desaliento eran como una nube a su alrededor. Pero durante ese tiempo de lenta y dolorosa muerte por hambre, Dios en su gracia se reveló a John Noble.
Por supuesto que había orado durante el comienzo de su cautiverio. De hecho, había orado con frecuencia, pidiendo a Dios comida, seguridad, y liberación. Pero cuando le fue dada fe para confiar en Cristo, el enfoque de sus oraciones cambió de preservación de sí mismo a una humilde entrega a la voluntad de Dios. Ahora, ya fuera que viviera o muriera, estaba sometido a Dios. Ya no se pertenecía a sí mismo. Como resultado, ya no tenía miedo. Una paz que sobrepasaba toda comprensión humana se apoderó de su alma.
La oración hará que el hombre deje de pecar, o el pecado tentará al hombre a dejar de orar. John Bunyan
El padre de John, uno de sus compañeros de cárcel en Dresde, también volvió a dedicar su vida a Cristo y recibió la misma gracia para orar diciendo, “pero no se cumpla mi voluntad, sino la tuya”. Aunque habían de pasar varios años más en la cárcel, después escribieron de no tener nada de qué lamentarse. Nunca se sintieron más ricos espiritualmente ni más cerca de Cristo que cuando, naturalmente hablando, las cosas parecían más inexorables. Y su confianza en Jesús, que era tan preciosa para ellos, les dio el poder para reclamar la miserable vida de muchos otros. Durante toda su terrible experiencia, la humilde oración de sumisión a la voluntad de Dios mantuvo su corazón tierno y cerca de Él.
Como puedes ver, la oración - junto con la Palabra de Dios y una conciencia regenerada - son poderosas herramientas en la mano del Espíritu. Tienen un admirable potencial para conformarnos a la imagen de Cristo. Ahora que tienes cierta idea de cómo funcionan éstas, hurguemos en el resto de la caja de herramientas.
Discusión Grupo
1.    Martín Lutero una vez dijo, “El hombre es justificado por la fe solamente, pero no por una fe que está sola”. ¿Cómo se podría aplicar eso a las preguntas del autor sobre fumar antes de su conversión? (Páginas 53-54)
2.    ¿Qué pecados considerarías estar entre los más dominantes o adictivos? ¿Por qué?
3.    ¿Puedes recordar maneras específicas en las que el Espíritu Santo obró para santificarte después de tu conversión?
4.    ¿Cómo afecta tu expectación de cambiar el conocimiento de que Dios mismo está obrando en ti?
5.    Piensa en una cueva subterránea, excavada a través de siglos por el constante gotear del agua. En la medida en que la Palabra de Dios “gotea” en tu vida ahora, ¿cuánto tiempo se tomará para producir un cambio visible?
6.    . ¿Qué sería necesario para asegurar que estás leyendo - y aplicando - la Palabra de Dios regularmente?
7.    ¿Cómo calificarías tu conciencia? (A) Demasiado insensible, (B) Demasiado sensible, (C) Exactamente correcta.
8.    . “Cuando yo sé que he pecado”, dice el autor, “la salida no es complicada - s¬ólo difícil” (Página ). ¿Por qué es difícil orar pidiendo a Dios liberación?
9.    “La oración cambia las cosas” anuncia un rótulo muy conocido. ¿De qué maneras has visto que eso es cierto en tu vida?

jueves, 27 de enero de 2011

una buena reflexión (Celo por las cosas de Dios)

El mal de Eliasib

Representación pictorica de Nehemías.-
4Y antes de esto el sacerdote Eliasib, siendo jefe de la cámara de la casa de nuestro Dios, había emparentado con Tobías, 5y le había hecho una gran cámara, en la cual guardaban antes las ofrendas, el incienso, los utensilios, el diezmo del grano, del vino y del aceite, que estaba mandado dar a los levitas, a los cantores y a los porteros, y la ofrenda de los sacerdotes. 6Mas a todo esto, yo no estaba en Jerusalén, porque en el año treinta y dos de Artajerjes rey de Babilonia fui al rey; y al cabo de algunos días pedí permiso al rey 7para volver a Jerusalén; y entonces supe del mal que había hecho Eliasib por consideración a Tobías, haciendo para él una cámara en los atrios de la casa de Dios. 8Y me dolió en gran manera; y arrojé todos los muebles de la casa de Tobías fuera de la cámara, 9y dije que limpiasen las cámaras, e hice volver allí los utensilios de la casa de Dios, las ofrendas y el incienso. Nehemías 13

En el post anterior exponía algunas razones que anteceden en orden a las citas que doy en esta entrada. La orden de separación de aquellos que se habían mezclado con extranjeros había sido observada con prontitud.


Estos leyeron la Ley de Dios y hallaron en ella las instrucciones, el temor de Dios era sobre ellos y llevaron a cabo la orden del Dios de Moisés. Las reformas habían empezado como consecuencia del avivamiento que provino de Dios por Su Palabra, Dios estaba siendo glorificado en medio de Israel.

Quiero resaltar brevemente algunos principios que podemos extraer de esta sección del pasaje que estamos leyendo en el capítulo trece de Nehemías.

4Y antes de esto el sacerdote Eliasib, siendo jefe de la cámara de la casa de nuestro Dios, había emparentado con Tobías,

Eliasib, quién era un líder importante y jefe de la habitación de la casa de Dios donde eran guardadas en el pasado con celo todas aquellas cosas referidas a la liturgia, la adoración y el servicio levítico. ¿Qué hizo Eliasib? Abusando del honor de ser el jefe de este especial cobertizo, y por causa de un emparenta-miento, o unión con otra familia, le hizo una gran cámara a Tobías, cosa que no debía ser jamás.

5y le había hecho una gran cámara, en la cual guardaban antes las ofrendas, el incienso, los utensilios, el diezmo del grano, del vino y del aceite, que estaba mandado dar a los levitas, a los cantores y a los porteros, y la ofrenda de los sacerdotes.

No se la razón por la cual el hizo esto. Posiblemente era parte de una dote, o un regalo a aquel que era posiblemente el padre de la esposa de su hijo, o viceversa. Lo cierto es que Eliasib hizo algo que no le era permitido, usó con irresponsabilidad el llamado que tenía, y abusó de su autoridad para dar lo que no era suyo. Dispuso un uso diferente al que debía tener esa cámara.

Esa cámara había sido asignada para guardar: 1.- Ofrendas, 2.- Incienso, 3.- Utensilios, 4.- El diezmo del grano, 5.- De vino, 6.- del aceite, todas estas cosas que estaban ordenadas a ser entregadas a los levitas, los cantores, porteros y sacerdotes. ¿Cómo sucedió esto? Sabemos que estos eran días de restauración, y que esa restauración era necesaria por cuanto el Pueblo había declinado y rozado la apostasía.

Este líder espiritual no fue un fiel administrador del don de Dios y su ministerio y había usado aquello que pertenecía a Dios para usos utilitarios y personales, para agradar a un hombre, pero desagradando a Dios, para considerar a un hombre, pero no al Dios de sus padres.

6Mas a todo esto, yo no estaba en Jerusalén, porque en el año treinta y dos de Artajerjes rey de Babilonia fui al rey; y al cabo de algunos días pedí permiso al rey 7para volver a Jerusalén; y entonces supe del mal que había hecho Eliasib por consideración a Tobías, haciendo para él una cámara en los atrios de la casa de Dios.

Nehemías llama a esto “…el mal que había hecho…” apenas supo todo esto tuvo la reacción que debe tener todo hijo de Dios cuando su gloria es puesta en afrenta y cuando Su Pueblo desobedece la Ley de Dios y lastima la Obra.

¿Sabía Eliasib que estaba obrando mal? ¿Por qué permitió esto?, ¿Desde cuando la Casa de Dios había sido abandonada de esa forma? ¡Líderes egoístas y llenos de rapacidad! ¡Oportunistas que usan el ministerio para dar lo que no es suyo, y para obtener lo que tampoco es suyo, alabanzas y favores en Nombre de Dios! Esta fue su reacción:

8Y me dolió en gran manera; y arrojé todos los muebles de la casa de Tobías fuera de la cámara, 9y dije que limpiasen las cámaras, e hice volver allí los utensilios de la casa de Dios, las ofrendas y el incienso.

¡El celo de Tu Casa me consume! Nehemías al ver como había sido contaminada la Casa de Dios de inmediato fue movido a la purificación del lugar de manera radical, pero antes tuvo un profundo dolor. Este dolor intenso por causa de Dios, y por lo que había sucedido hizo que con determinación y una pasión justificada sacara todos los muebles de Tobías, y ordenara limpiarla, para darle el uso que le correspondía según estaba escrito en la Palabra de Dios.

Quiero dejar algunas observaciones:

1.- Debemos recordar que en los tiempos de Nehemías la Ley Civil y Ceremonial, al igual que la Moral eran inseparables. Fue con el tiempo y los cambios generacionales que el derecho, la liturgia, y la moral fueron estableciendo ciertas y marcadas diferencias hasta nuestros días.

2.- Nosotros vivimos en una generación diferente y con una revelación más amplia y completa que la que tuvieron aquellos hombres de Dios. Por lo tanto, no debemos obviar el Nuevo Pacto y entender estos pasajes de Nehemías dentro del contexto de toda la Escritura.

3.- El pecado de Eliasib, siendo un líder; fue tener una pobre visión de Dios, este hombre declinó de tal manera que hizo aquel mal dando lo que no era de el, y acabando de alguna manera con el culto al Dios de Israel, quitando al Pueblo Judío la dicha de tener un lugar de culto público, retirando lo sagrado de esa cámara, para satisfacer deseos mezquinos.

4.- Eliasib: 4.1- Llenó la cámara levítica con aquello que no debía estar allí, es decir, los muebles de Tobías. 4.2- Contaminó la cámara con aquellas cosas, y 4.3- Sacó los utensilios y demás cosas del culto a Dios. Esto es lo que ocurre cuando sacamos de la Iglesia de Cristo la Palabra de Dios.

Poco a poco los líderes que dejan de lado la Ley de Dios, sustituyen la exposición de la Biblia por entretenimiento, humor, juegos, distracciones, o cultos voluntarios, o sus propias ideas de cómo deben ser hechas las cosas, contaminan la iglesia, y sacan de ella la Palabra de Dios y sus principios rectores, ¡Que desgracia! ¡Que fin terrible les espera sino llega un despertar de Dios! Me he tomado la libertad de hacer una aplicación espiritual del mismo porque creo que tiene conexiones con lo que afirmo. Estas cosas que sucedieron en el pasado, se repiten hoy día de diferentes maneras.

5.- Nehemías finalmente supo lo que sucedía, y es que el pecado de los líderes espirituales tarde o temprano se conocen. Y obedeció a la Ley de Dios, se dolió en gran manera y limpió la cámara restableciendo en ella el uso que Dios le había asignado.

6.- Esto implica otra fase del avivamiento y Reforma. Ya se había separado de aquellos que se habían mezclado con los enemigos de Dios de manera radical, ahora se había restablecido el uso de esta cámara especial ceremonial levítica.

Tres cosas para considerar:

1.- Un líder espiritual jamás debe pensar que el don o responsabilidad que ha recibido, es del mismo como si fuera dueño de estas cosas. Toda buena dádiva, y todo don perfecto descienden de lo Alto. Usar los recursos de Dios para fines personales es un gran mal que traerá pronto juicio y amonestación. Esto es ser un disipador de las riquezas celestiales. No es digno del ministerio aquel que usa los recursos de Dios en tales fines. Su caída está cerca.

2.- Un líder espiritual con una elevada visión de Dios, estará siempre presto para restablecer el verdadero culto y adoración a Dios, reprendiendo a los que desprecian la Ley de Dios, y doliéndose de que esto suceda. El silencio ante la apostasía es complicidad. Debemos preocuparnos si poco nos importa el estado actual de la Iglesia de JESÚS. Roguemos a Dios compasión, indignación y dolor cuando los hombres no guarden Su Ley.

3.- Cada cristiano debe examinar su vida y determinar si aquello que Dios le ha dado está siendo usado para su propio beneficio egoísta, o para la edificación y expansión de Reino y gloria de Dios. Y además cada cristiano debe indignarse cuando su Palabra es torcida y desobedecida primeramente por el mismo, y luego por los demás procurando con velocidad cortar de raíz y echar fuera todo aquello que ocupa el lugar que debe tener el único y Soberano REY de nuestras vidas, JESÚS el Cristo.

¡Oh hermanos! ¡Dios no permita que dejemos de lado la Ley de Dios! ¡Dios no permita que como Eliasib sustituyamos el uso correcto del ministerio para usos personales y oportunistas! Dios nos de hombres y mujeres valientes que se duelan profundamente hasta las lagrimas al ver tal situación de desobediencia en tantas iglesias, pero que tengan el valor y la determinación que tuve Nehemías para restablecer el verdadero culto al Dios Creador.