miércoles, 19 de enero de 2011

aquí les dejo el catecismo

Catecismo Menor de Westminster

                                              



P. 1.     ¿Cuál es el fin principal del hombre?
R. El fin principal del hombre es el de glorificar a Dios, y gozar de él para siempre. Sal. 86:9; Is. 60:21; Rom. 11:36; 1 Cor. 6:20; 1 Cor. 10:31; Apoc. 4:11; Sal. 16:5–11; Sal. 144:15; Is. 12:2; Lu. 2:10; Fil. 4:4; Apoc. 21:3–4.

P. 2.     ¿Qué regla ha dado Dios para enseñarnos cómo hemos de glorificarle y gozar de él?
R. La palabra de Dios que se contiene en las Escrituras del Antiguo y del Nuevo Testamento, es la única regla que ha dado Dios para enseñarnos cómo hemos de glorificarle y gozar de él. Mateo. 19:4–5; Gen. 2:24; Lucas 24:27, 44; 1 Cor. 2:13; 1 Cor. 14:37; 2 Pe. 1:20–21; 2 Pe. 3:2,15–16; Dt. 4:2; Sal. 19:7–11; Is. 8:20; Juan 15:11; Juan 20:30–31; Hechos 17:11; 2 Tim. 3:15–17; 1 Juan 1:4.

P. 3.     ¿Qué es lo que principalmente enseñan las Escrituras?
R. Lo que principalmente enseñan las Escrituras es lo que el hombre ha de creer respecto a Dios y los deberes que Dios impone al hombre. Gen. 1:1; Juan 5:39; Juan 20:31; Rom. 10:17; 2 Tim. 3:15; Dt. 10:12–13; Jos. 1:8; Sal. 119:105; Mic. 6:8; 
2 Tim. 3:16–17.

P. 4.     ¿Qué es Dios?
R. Dios es un Espíritu, infinito, eterno e inmutable en su ser, sabiduría, poder, santidad, bondad, justicia y verdad. Dt. 4:15–19; Lucas 24:39; Juan 1:18; Juan 4:24; Hechos 17:29. 1 Reyes 8:27; Sal. 139:7–10; Sal. 145:3; Sal. 147:5; Jer. 23:24; Rom. 11:33–36; Dt. 33:27; Sal. 90:2; Sal. 102:12, 24–27; Apoc. 1:4, 8; Sal. 33:11; Mal. 3:6; Heb. 1:12; Heb. 6:17–18; Heb. 13:8; Santiago 1:17; Ex. 3:14; Sal. 115:2–3;1 Tim. 1:17; 1 Tim. 6:15–16; Sal. 104:24; Rom. 11:33–34; Heb. 4:13; 1 Juan 3:20; Gen. 17:1; Mateo 19:26; Apoc. 1:8;  Hab. 1:13; 1 Ped. 1:15–16; 1 Juan 3:3, 5; Apoc. 15:4; Gen. 18:25; Ex. 34:6–7; Dt. 32:4; Rom. 3:5, 26; Sal. 103:5; Sal. 107:8; Mateo 19:17; Rom. 2:4; Ex. 34:6; Dt. 32:4; Sal. 86:15; Sal. 117:2; Heb. 6:18.

P. 5.     ¿Hay más de un Dios?
R. No hay sino uno solo, el Dios Vivo y verdadero. Dt. 6:4;  Is. 44:6; Is. 45:21–22; 1 Cor. 8:4–6; Jer. 10:10; Juan 17:3; 1 Tes. 1:9; 1 Juan 5:20. 

P. 6.     ¿Cuántas personas hay en la Divinidad?
R. Hay tres personas en la Divinidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; y estas tres personas son un solo Dios, las mismas en sustancia, iguales en poder y gloria. Mateo 3:16–17; Mateo 28:19; 2 Cor. 13:14; 1 Ped. 1:2; Sal. 45:6; Juan 1:1; Juan 17:5; Hechos 5:3–4; Rom. 9:5; Col. 2:9. Judas 24–25.

P. 7.     ¿Qué son los decretos de Dios?
R. Los decretos de Dios son su propósito eterno, según el consejo de su propia voluntad, en virtud del cual ha preordenado, para su propia gloría, todo lo que sucede. Sal. 33:11; Is. 14:24; Hechos 2:23; Ef. 1:11–12.

P. 8.     ¿Cómo ejecuta Dios sus decretos?
R.  Dios ejecuta sus decretos en las obras de creación y de providencia. Sal. 148:8; Is. 40:26; Dan. 4:35; Hechos 4:24–28; Apoc. 4:11.

P. 9.     ¿Qué es la obra de creación?
R. La obra de creación consiste en el haber hecho Dios todas las cosas de la nada, por su poderosa palabra, en el espacio de seis días y todas muy buenas. Gen. 1:1; Sal. 33:6, 9; Heb. 11:3; Gen. 1:31.

P. 10.   ¿Cómo creó Dios al hombre?
R. Dios creó al hombre, varón y hembra, según su propia imagen, en ciencia, justicia y santidad, con dominio sobre todas las criaturas. Gen. 1:27; Col. 3:10; Ef. 4:24; Gen. 1:28; Sal. 8.

P. 11.   ¿Cuáles son las obras de providencia de Dios?
R. Las obras de providencia de Dios son aquellas con que santa, sabia y poderosamente, preserva y gobierna a todas sus criaturas y todas las acciones de éstas. Sal. 145:17; Sal. 104:24; Heb. 1:3; Neh. 9:6; Ef. 1:19–22; Sal. 36:6; Pr. 16:33; Mateo 10:30.

P. 12.   ¿Qué acto particular de providencia ejecutó Dios respecto del hombre en el estado en el  que éste fue creado?
R. Cuando Dios hubo creado al hombre, hizo con él una alianza de vida bajo condición de perfecta obediencia; vedándole a comer del árbol de la ciencia del bien y del mal so pena de muerte. Gen. 2:16–17; Santiago 2:10.

P. 13.  ¿Permanecieron nuestros primeros padres en el estado en que fueron creados?
R. Nuestros primeros padres, dejados a su libre albedrío, cayeron del estado en que fueron creados, pecando contra Dios. Gen. 3:6–8, 13; 2 Cor. 11:3.

P. 14.   ¿Qué es el pecado?
R. El pecado es la falta de conformidad con la ley de Dios o la transgresión de ella. Lev. 5:17; Santiago 4:17; 1 Juan 3:4.

P. 15.   ¿Cuál fue el pecado por cuya causa nuestros primeros padres cayeron del estado en que fueron creados?
R. El pecado por cuya causa nuestros primeros padres cayeron del estado en que fueron creados fue el comer del fruto prohibido. Gén. 3:6.

P. 16.   ¿Cayó todo el género humano en la primera transgresión?
R. Habiéndose hecho la alianza con Adán, no para él solo, sino también para su posteridad, todo el género humano descendiendo de él según la generación ordinaria, pecó en él y cayó con él en su primera transgresión. Gen. 2:16–17; Santiago 2:10; Rom. 5:12–21; 1 Cor. 15:22.

P. 17.   ¿A qué estado redujo la caída al hombre?
R. La caída redujo al hombre a un estado de pecado y de miseria. Gen. 3:16–19, 23; Rom. 3:16; Rom. 5:12; Ef. 2:1.

P. 18.   ¿En qué consiste lo pecaminoso del estado en que cayó el hombre?
R. Lo pecaminoso del estado en que cayó el hombre consiste en la culpabilidad del primer pecado de Adán, la falta de justicia original y la depravación de toda su naturaleza, llamada comúnmente pecado original, con todas las transgresiones actuales que de ella dimanan. Rom. 5:12, 19; Rom. 3:10; Col. 3:10; Ef. 4:24; Sal. 51:5; Juan 3:6; Rom. 3:18; Rom. 8:7–8; Ef. 2:3; Gen. 6:5; Sal. 53:1–3; Mateo 15:19; Rom. 3:10–18, 23; Gál. 5:19–21; Santiago 1:14–15.

P. 19.   ¿En qué consiste la miseria del estado en que cayó el hombre?
R. Todo el género humano perdió por su caída, la comunión con Dios, está bajo su ira, y maldición, y expuesto a todas las miserias de esta vida actual, a la muerte misma, y a las penas del infierno para siempre. Gen. 3:8, 24; Juan 8:34, 42, 44; Ef. 2:12; Ef. 4:18; Juan 3:36; Rom. 1:18; Ef. 2:3.; Ef. 5:6; Gál. 3:10; Apon. 22:3; Gen. 3:16–19; Job 5:7; Ecl. 2:22–23; Rom. 8:18–23; Ezeq. 18:4; Rom. 5:12; Rom. 6:23; Mateo 25:41, 46; 2 Tes. 1:9; Apoc. 14:9–11.

P. 20.   ¿Dejó Dios a todo el género humano perecer en su estado de pecado y de miseria?
R. Habiendo Dios, de su propia soberana voluntad, elegido desde el principio a los que han de gozar de la vida eterna, entró en una alianza de gracia para libertarles de su estado de pecado y de miseria, e introducirles en un estado de salud, por medio de un Redentor. Hechos 13:48; Ef. 1:4–5; 2 Tes. 2:13–14; Gen. 3:15; Gen. 17:7; Ex. 19:5–6;  Jer. 31:31–34; Mateo 20:28; 1 Cor. 11:25; Heb. 9:15.

P. 21.   ¿Quién es el Redentor de los elegidos de Dios?
R. El único Redentor de los elegidos de Dios es el Señor Jesucristo, quien siendo el Hijo eterno de Dios, se hizo hombre; y así era y permanece para siempre, Dios y hombre en dos naturalezas distintas y una sola persona. Juan 14:6; Hechos 4:12; 1 FIM. 2:5–6; Sal. 2:7; Mateo 3:17; Mateo 17:5; Juan 1:18; Isa. 9:6; Mateo 1:23; Juan 1:14; Gál. 4:4; Hechos 1:11; Heb. 7:24–25.

P. 22.   ¿Cómo se hizo Cristo hombre siendo como era Hijo de Dios?
R. Cristo el Hijo de Dios, se hizo hombre, tomándose un cuerpo verdadero y una alma racional; siendo concebido por obra del Espíritu Santo en el vientre de la Virgen María, de la cual nació, mas sin pecado. Fil. 2:7; Heb. 2:14, 17; Lucas 1:27, 31, 35; 2 Cor. 5:21; Heb. 4:15; Heb. 7:26; 1 Juan 3:5. 

P. 23.   ¿Qué oficios ejecuta Cristo como Redentor nuestro?
R. Cristo, como Redentor nuestro, ejecuta los oficios de Profeta, de Sacerdote y de Rey, tanto en su estado de humillación como en el de exaltación. Dt. 18:18; Hechos 2:33Acts 3:22–23; Heb. 1:1–2; Heb. 4:14–15; Heb. 5:5–6; Is. 9:6–7; Lucas 1:32–33; Juan 18:37; 1 Cor. 15:25.

P. 24.   ¿Cómo ejecuta Cristo el oficio de Profeta?
R. Cristo ejecuta el oficio de Profeta, revelándonos por su Palabra y Espíritu, la voluntad de Dios para nuestra salvación. Lucas 4:18–19, 21; Hechos 1:1–2; Heb. 2:3; Juan 15:26–27; Hechos 1:8; 1 Ped. 1:11; Juan 4:41–42; Juan 20:30–31.

P. 25.   ¿Cómo ejecuta Cristo el oficio de Sacerdote?
R. Cristo ejecuta el oficio de Sacerdote en haberse ofrecido a sí mismo, una sola vez en sacrificio para satisfacer las demandas de la justicia Divina, reconciliarnos con Dios. y en interceder continuamente por nosotros. Is. 53; Hechos 8:32–35; Heb. 9:26–28; Heb. 10:12; Rom. 5:10–11; 2 Cor. 5:18; Col. 1:21–22; Rom. 8:34; Heb. 7:25; Heb. 9:24.

P. 26.   ¿Cómo ejecuta Cristo el oficio de Rey?
R. Cristo ejercita el oficio de Rey. sujetándonos a sí mismo, rigiendo y defendiéndonos, y restringiendo y venciendo a todos sus enemigos y los nuestros. Sal. 110:3; Mateo 28:18–20; Juan 17:2; Sal. 2:6–9; Sal. 110:1–2; Mateo 12:28; 1 Cor. 15:24–26; Col. 2:15.

P. 27. ¿En qué consistió la humillación de Cristo?
R. La humillación de Cristo consistió en haber nacido, y esto, en una baja condición sujeto a la ley sufriendo las miserias de esta vida. La ira de Dios y la muerte maldita de la Cruz: en haber sido sepultado y en haber permanecido bajo el dominio de la muerte por algún tiempo. Lucas 2:7; 2 Cor. 8:9; Gál. 4:4; Gal. 4:4; Is. 53:3; Lucas 9:58; Juan 4:6; Juan 11:35; Heb. 2:18; Sal. 22:1; Mateo 27:46; Is. 53:10; 1 Juan 2:2; Gál. 3:13; Fil. 2:8; Mateo 12:40; 1 Cor. 15:3–4. 


P. 28.   ¿En qué consiste la exaltación de Cristo?
R. La exaltación de Cristo consiste en haber resucitado de entre los muertos al tercer día, en haber ascendido al cielo, en estar sentado a la diestra de Dios Padre y en venir, el último día para juzgar al mundo. 1 Cor. 15:4; Sal. 68:18; Hechos 1:11; Ef. 4:8; Sal. 110:1; Hechos 2:33–34; Heb. 1:3; Mateo 16:27; Hechos 17:31.

P. 29.   ¿Cómo somos hechos partícipes de la redención comprada por Cristo?
R. Somos hechos partícipes de la redención comprada por Cristo, por la aplicación eficaz que de ella nos hace el Espíritu Santo. Tito 3:4-7.

P. 30.   ¿Cómo nos aplica el Espíritu Santo la redención comprada por Cristo?
R. El Espíritu Santo nos aplica la redención comprada por Cristo, obrando fe en nosotros, y uniéndonos así a Cristo por nuestro llamamiento eficaz. Rom. 10:17; 1 Cor. 2:12–16; Ef. 2:8; Fil. 1:29. Juan 15:5; 1 Cor. 1:9; Ef. 3:17.

P. 31.   ¿Qué es llamamiento eficaz?
R. Llamamiento eficaz es la obra del Espíritu de Dios por la cual, convenciéndonos de nuestro pecado y de nuestra miseria, ilustrando nuestras mentes con el conocimiento de Cristo y renovando nuestras voluntades, nos persuade a abrazar a Cristo, que nos ha sido ofrecido gratuitamente en el Evangelio, y nos pone en capacidad de hacerlo. Hechos 26:18; 1 Cor. 2:10, 12; 2 Cor. 4:6; Ef. 1:17–18; Dt. 30:6; Ez. 36:26–27; Juan 3:5; Tito 3:5; Juan 6:44–45; Hechos 16:14; Is. 45:22; Mateo 11:28–30; Apoc. 22:17.

P. 32.   ¿De qué beneficio participan en esta vida los que son eficazmente llamados?
R. Los que son eficazmente llamados participan en esta vida de la justificación, de la adopción de la santificación y de los varios beneficios que en esta vida acompañan a éstos, o se derivan de ellas. Rom. 8:30; 1 Cor. 1:30; 1 Cor. 6:11; Ef. 1:5.

P. 33.   ¿Qué es la justificación?
R. La justificación es un acto de la libre gracia de Dios, por el cual él perdona todos nuestros pecados y nos acepta como justos delante de él: mas esto solamente en virtud de la justicia de Cristo, la cual nos es imputada, y que recibimos por la fe únicamente. Rom. 3:24; Rom. 4:6–8; 2 Cor. 5:19; 2 Cor. 5:21; Rom. 4:6, 11; Rom. 5:19; Gal. 2:16; Fil. 3:9.

P. 34.   ¿Qué es la adopción?
R. La adopción es un acto de la libre gracia de Dios, por el cual somos recibidos en el número, y tenemos derecho; a todos los privilegios de los hijos de Dios. 1 Juan 3:1; Juan 1:12; Rom. 8:17.

P. 35    ¿Qué es la santificación?
R. La santificación es aquella obra de la libre gracia de Dios por la cual somos completamente restablecidos a la imagen de Dios, y puestos en capacidad de morir más y más al pecado y de vivir píamente. Ez. 36:27; Fil. 2:13; 2 Tes. 2:13; 2 Cor. 5:17; Ef. 4:23–24; 1 Tes. 5:23; Ez. 36:25–27; Rom. 6:4, 6, 12–14; 2 Cor. 7:1; 1 Pedro 2:24.

P. 36.   ¿Cuáles son los beneficios que en esta vida acompañan a la justificación, la adopción y la santificación, o que se derivan de ellas?
R. Los beneficios que en esta vida acompañan a la justificación, la adopción y la santificación o que se derivan de ellas, son la seguridad del amor de Dios, la tranquilidad de conciencia, el gozo en el Espíritu Santo, el crecimiento en gracia y la perseverancia en ella hasta el fin. Rom. 5:5; Rom. 5:1; Rom. 14:17; 2 Pedro 3:18; Fil. 1:6; 1 Pet. 1:5.

P. 37.   ¿Qué beneficios reciben de Cristo los creyentes, después de la muerte?
R. Las almas de los creyentes son hechas después de la muerte, perfectas en santidad y pasan inmediatamente a la gloria; y sus cuerpos, estando todavía unidos a Cristo reposan en sus tumbas hasta la resurrección. Heb. 12:23; Lucas 23:43; 2 Cor. 5:6, 8; Fil. 1:23; 1 Tes. 4:14; Dan. 12:2; Juan 5:28–29; Hechos 24:15.

P. 38.   ¿Qué beneficios reciben de Cristo los creyentes, después de la resurrección?
R. Los creyentes, levantándose en gloria en la resurrección, serán públicamente reconocidos y absueltos en el día del juicio, y entrarán en una perfecta bienaventuranza en el pleno goce de Dios por toda la eternidad. 1 Cor. 15:42–43; Mateo 25:33–34, 46; Rom. 8:29; 1 Juan 3:2; Sal. 16:11; 1 Tes. 4:17.

P. 39.   ¿Cuál es el deber que Dios exige al hombre?
R. El deber que Dios exige al hombre, es la obediencia a su voluntad revelada. Dt. 29:29; Miq. 6:8; 1 Juan 5:2–3.

P. 40. ¿Cuál fue la primera regla que Dios reveló al hombre como guía de obediencia?
R. La primera regla que Dios reveló al hombre como guía de obediencia, fue la "ley moral". Rom. 2:14–15; Rom. 10:5.

P. 41.   ¿En qué se halla comprendida sumariamente la ley moral?
R. La ley moral se halla comprendida sumariamente en los diez mandamientos. Dt. 4:13; Mateo 19:17–19.

P. 42.   ¿Cuál es el resumen de los diez mandamientos?
R. El resumen de los diez mandamientos es: Amar al Señor nuestro Dios de todo nuestro corazón, de toda nuestra alma, de todas nuestras fuerzas y de todo nuestro entendimiento y a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Mateo 22:37–40.

P. 43.   ¿Cuál es el prefacio de los diez mandamientos?
R. El prefacio de los diez mandamientos es: "Yo soy Jehová tu Dios que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de siervos." Ex. 20:2. Dt. 5:6.

P. 44.   ¿Qué nos enseña el prefacio de los diez mandamientos?
R. El prefacio de los diez mandamientos nos enseña que siendo Dios el Señor y nuestro Dios y Redentor, estamos por tanto, obligados a guardar todos sus mandamientos. Lucas 1:74–75; 1 Pedro 1:14–19.

P. 45.   ¿Cuál es el primer mandamiento?
R. El primer mandamiento es: "No tendrás dioses ajenos delante de mí" Ex. 20:3. Dt. 5:7.

P. 46    ¿Qué se ordena en el primer mandamiento?
R. El primer mandamiento nos ordenan que conozcamos y confesemos a Dios como nuestro único y verdadero Dios, y que en consecuencia, le adoremos y le glorifiquemos. 1 Crón. 28:9; Is. 45:20–25; Mateo4:10.

P.47.    ¿Qué se prohíbe en el primer mandamiento?
R. El primer mandamiento nos prohíbe que neguemos a Dios o que dejemos de adorarle y glorificarle como el verdadero Dios y el nuestro; o que rindamos a ningún otro ser la adoración y gloria que a él sólo son debidas. Salmo. 14:1; Rom. 1:20–21; Salmo. 81:10–11; Ez. 8:16–18; Rom. 1:25.

P. 48.   ¿Qué cosa especial se nos enseña con estas palabras "delante de mí", contenidas en el primer mandamiento?
R. En estas palabras, "delante de mí", contenidas en el primer mandamiento, se nos enseña que Dios, que todo lo ve, se percibe del pecado de rendir culto a otro cualquiera y se ofende de ello. Dt. 30:17–18; Salmo. 44:20–21; Ez. 8:12.

P. 49.   ¿Cuál es el segundo mandamiento?
R. El segundo mandamiento, es: "No te harás imagen, ni ninguna semejanza de cosa que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra; no te inclinarás a ellas, ni las honrarás, porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos, sobre los terceros y sobre los cuartos, a los que me aborrecen, y que hago misericordia en millares a los que me aman, y guardan mis mandamientos". Ex. 20:4–6. Dt. 5:8–10.

P. 50. ¿Qué se ordena en el segundo mandamiento?
R. En el segundo mandamiento se ordena que recibamos, observemos y guardemos puros y completos, todos actos de culto y todas las leyes que Dios ha establecido en su palabra, Dt. 12:32. Mateo 28:20.

P. 51.   ¿Qué se prohíbe en el segundo mandamiento?
R. El segundo mandamiento prohíbe que rindamos culto a Dios por medio de imágenes o por cualquiera otro medio que no esté autorizado por su palabra. Dt. 4:15–19; Rom. 1:22–23; Lev. 10:1–2; Jer. 19:4–5; Col. 2:18–23.


P. 52. ¿Cuáles son las razones determinantes del segundo mandamiento?
R. Las razones determinantes del segundo mandamiento, son: la soberanía y dominio de Dios sobre nosotros, y el celo que él tiene por su propio culto. Salmo 95:2–3, 6–7; Salmo 96:9–10; Ex. 19:5; Salmo 45:11; Is. 54:5; Ex. 34:14; 1 Cor. 10:22.

P. 53. ¿Cuál es el tercer mandamiento?
R. El tercer mandamiento es: "No tomaras el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano". Ex. 20:7. Dt. 5:11.

P. 54. ¿Qué se exige en el tercer mandamiento?
R. El tercer mandamiento exige el usar santa y reverentemente de los nombres, de los títulos, los atributos, las ordenanzas, la palabra y las obras de Dios. Dt. 10:20; Salmo 29:2; 1 Cron. 29:10–13; Apoc. 15:3–4; Hechos 2:42; 1 Cor. 11:27–28; Salmo 138:2; Apoc. 22:18–19; Salmo 107:21–22; Apoc. 4:11.

P. 55.   ¿Qué prohíbe el tercer mandamiento?
R. El tercer mandamiento prohíbe toda profanación o abuso de cualquier cosa por la cual Dios se da a conocer. Lev. 19:12; Mateo 5:33–37; Santiago 5:12.

P. 56. ¿Cuál es la razón determinante del tercer mandamiento?
R. La razón determinante del tercer mandamiento es, que por más que eviten los infractores de este mandamiento el castigo humano, el  Señor nuestro Dios no les dejará escapar de su justo juicio. Dt. 28:58–59; 1 Sam. 3:13; 1 Sam. 4:11.

P. 57. ¿Cuál es el Cuarto Mandamiento?
R. El cuarto mandamiento, es: "Acordarte has del día de Reposo para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra; mas el séptimo día será Reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna; tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas; porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, la mar y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto Jehová bendijo el día del Reposo y lo santificó". Ex. 20:8–11. Dt. 5:12–15.

P. 58. ¿Qué exige el cuarto mandamiento?
R. El cuarto mandamiento exige que consagremos a Dios todo el tiempo que él ha señalado en su palabra, y especialmente un día entero en cada siete, como un descanso santificado a él. Ex. 31:13, 16–17.

P. 59. ¿Cuál día de los siete ha señalado Dios para el descanso semanal?
R. Desde la creación del mundo hasta la resurrección de Cristo, Dios señaló el séptimo día de la semana para ser el descanso semanal; mas desde entonces ha señalado el primer día de la semana para que sea el día de reposo; el cual ha de continuar hasta el fin del mundo y es el descanso cristiano. Gén. 2:2–3; Éx. 20:11; Mar. 2:27–28; Hechos 20:7; 1 Cor. 16:2; Apoc. 1:10.

P. 60. ¿Cómo ha de santificarse el día de reposo?
R. Hemos de santificar el día de reposo absteniéndonos en todo este día, aún de aquellos empleos o recreaciones mundanales que son lícitos en los demás días; y ocupando todo el tiempo en los ejercicios públicos y privados del culto de Dios salvo aquella parte que se emplee en hacer obras de necesidad o de misericordia. Éx. 20:10; Neh. 13:15–22; Is. 58:13–14; Éx. 20:8; Lev. 23:3; Lucas 4:16; Hechos 20:7; Mateo 12:1–13.


P. 61. ¿Qué se prohíbe en el cuarto mandamiento?
R. El cuarto mandamiento prohíbe la omisión o cumplimiento negligente de los deberes exigidos: la profanación del día por la ociosidad, o por hacer lo que es en sí pecaminoso, o por innecesarios pensamientos, palabras u obras respecto a nuestros empleos o recreaciones mundanas. Neh. 13:15–22; Is. 58:13–14; Amós 8:4–6.

P. 62.   ¿Cuáles son las razones determinantes del cuarto mandamiento?
R. Las razones determinantes del cuarto mandamiento, son: el habernos concedido Dios seis días de la semana para nuestras propias ocupaciones; el haberse reservado para sí mismo una propiedad especial sobre el séptimo; el haber bendecido el día de descanso, y finalmente su propio ejemplo. Éx. 20:9; Éx. 31:15; Lev. 23:3; Gén. 2:2–3; Éx. 20:11; Éx. 31:17.

P. 63. ¿Cuál es el quinto mandamiento?
R. El quinto mandamiento, es: "Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da". Éx. 20:12. Dt. 5:16.

P. 64. ¿Qué se exige en el quinto mandamiento?
R. El quinto mandamiento exige que rindamos el debido honor y cumplamos con nuestras obligaciones para con toda persona en su respectivo puesto o relación como superior, inferior o igual. Rom. 13:1, 7; Ef. 5:21–22, 24; Ef. 6:1, 4–5, 9; 1 Pedro 2:17.

P. 65.   ¿Qué se prohíbe en el quinto mandamiento?
R. El quinto mandamiento prohíbe que descuidemos o rebajemos el honor o el servicio que corresponde a cada uno en el puesto o relación que ocupa. Mateo 15:4–6.

P. 66. ¿Cuál es la razón determinante del quinto mandamiento?
R. La razón determinante del quinto mandamiento es la promesa de larga vida y de prosperidad, (en cuanto sirve al bien humano y a la gloria de Dios), hecha a todos los que guarden este mandamiento. Éx. 20:12; Dt. 5:16; Ef. 6:2–3.

P. 67.   ¿Cuál es el sexto mandamiento?
R. El sexto mandamiento es: "No matarás". Éx. 20:13. Dt. 5:17.

P. 68. ¿Qué se exige en el sexto mandamiento?
R. El sexto mandamiento exige que hagamos todos los esfuerzos legítimos para preservar nuestra vida y la de otros. Ef. 5:28–29.

P. 69. ¿Qué se prohíbe en el sexto mandamiento?
R. El sexto mandamiento prohíbe el destruir nuestra propia vida o el quitar injustamente la de nuestro prójimo, así como también todo lo que tiende a este resultado. Gén. 9:6; Mateo 5:22; 1 Juan 3:15.

P. 70. ¿Cuál es el séptimo mandamiento?
R. El séptimo mandamiento, es: "No cometerás adulterio". Éx. 20:14. Dt. 5:18.


P. 71. ¿Qué se exige en el séptimo mandamiento?
R. El séptimo mandamiento exige que preservemos nuestra propia castidad y la de nuestro prójimo, en corazón, palabra y comportamiento. 1 Cor. 7:2–3, 5; 1 Tes. 4:3–5.

P. 72. ¿Que se prohíbe en el séptimo mandamiento?
R. El séptimo mandamiento prohíbe todo pensamiento, palabra o acción deshonesta. Mateo 5:28; Ef. 5:3,4.

P. 73. ¿Cuál es el octavo mandamiento?
R.  El octavo mandamiento, es: "No hurtarás". Éxodo 20:15: Dt. 5:19.

P. 74. ¿Qué se exige en el octavo mandamiento?
R. El octavo mandamiento exige que procuremos y promovamos por todo medio legítimo la prosperidad y bienestar de nosotros mismos y de los demás. Lev. 25:35; Ef. 4:28b; Fil. 2:4.

P. 75. ¿Qué se prohíbe en el octavo mandamiento?
R. El octavo mandamiento  prohíbe todo lo que impide o tiende a impedir  injustamente la prosperidad  y bienestar nuestro o de nuestro prójimo. Prov. 28:19ff; Ef. 4:28a; 2 Tes. 3:10; 1 Tim. 5:8.

P. 76. ¿Cuál es el nono mandamiento?
R. El nono mandamiento, es: "No hablarás contra tu prójimo falso testimonio" Éxodo 20:16; Dt. 5:20.

P. 77. ¿Qué se exige en el nono mandamiento?
R. El nono mandamiento exige que sostengamos y promovamos la verdad entre hombre y hombre como también nuestra buena fama y la de nuestro prójimo, especialmente en dar testimonio. Zac. 8:16; Hechos 25:10; 3 Juan 12; Prov. 14:5, 25.

P. 78.   ¿Qué se prohíbe en el nono mandamiento?
R. El nono mandamiento prohíbe todo lo que perjudica a la verdad, o que daña a nuestro buen nombre o al de nuestro prójimo. Lev. 19:16; Salmo 15:3; Prov. 6:16–19; Lucas 3:14.


P. 79.   ¿Cuál es el décimo mandamiento?
R. El décimo mandamiento, es: "No codiciarás la casa de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo". Éx. 20:17. Dt. 5:21.

P. 80. ¿Qué se exige en el décimo mandamiento?
R. El décimo mandamiento exige que nos contentemos con nuestra propia condición, y que tengamos siempre una justa caritativa disposición de ánimo respecto de nuestro prójimo y de todo lo que es suyo. Sal. 34:1; Fil. 4:11; 1 Tim. 6:6; Heb. 13:5; Lucas 15:6, 9, 11–32; Rom. 12:15; Fil. 2:4.

P. 81. ¿Qué se prohíbe en el décimo mandamiento?
R. El décimo mandamiento prohíbe todo descontento de nuestra propia condición; la envidia, o pesar del  bien de nuestro prójimo; y todo deseo o aflicción desordenada hacia las cosas que son suyas. 1 Cor. 10:10; Santiago 3:14–16; Gál. 5:26; Col. 3:5.

P.82.    ¿Puede algún hombre guardar perfectamente los mandamientos de Dios?
R. Ningún mero hombre, desde la caída, puede en esta vida guardar perfectamente los mandamientos de Dios, mas diariamente los quebranta en pensamiento, en palabra y en hecho. Gén. 8:21; Rom. 3:9ff., 23.

P. 83. ¿Son igualmente detestables todas las transgresiones de la ley?
R. Algunas transgresiones en sí, y por razón de circunstancias agravantes son más detestables que otras a la vista de Dios. Ez. 8:6, 13, 15; Matt. 11:20–24; Juan 19:11.

P. 84. ¿Qué es lo que todo pecado merece?
R. Todo pecado merece la ira y maldición de Dios, tanto en esta vida como en la venidera. Mateo 25:41; Gál. 3:10; Ef. 5:6; Santiago 2:10.

P. 85    ¿Qué nos exige Dios para que escapemos de la ira y maldición que hemos merecido por el pecado?
R. Para que escapemos de la ira y maldición de Dios que hemos merecido por razón del pecado, Dios exige de nosotros la fe en Jesucristo, el arrepentimiento para vida, y el empleo diligente de todos los medios externos, por los cuales Cristo nos comunica los beneficios de redención. Hechos 2:38; 1 Cor. 11:24–25; Col. 3:16.

P. 86.   ¿Qué es la fe en Jesucristo?
R. La fe en Jesucristo es una gracia salvadora por la cual recibimos a Cristo como nos es  ofrecido en el Evangelio, y confiamos solamente en él para la salud. Ef. 2:8–9; Cf. Rom. 4:16; Juan 20:30–31; Gál. 2:15–16; Fil. 3:3–11.

P. 87. ¿Qué es el arrepentimiento para vida?
R. El arrepentimiento para vida es una gracia salvadora por la cual el pecador teniendo un verdadero  sentimiento de sus pecados, y conociendo la misericordia de Dios en Cristo, con dolor y odio de sus pecados se convierten de ellos a Dios, con plena determinación de alcanzar una nueva obediencia. Hechos 11:18; 2 Tim. 2:25; Sal. 51:1–4; Joel 2:13; Lucas 15:7, 10; Hechos 2:37; Jer. 31:18–19; Lucas 1:16–17; 1 Tes. 1:9; 2 Cron. 7:14; Sal. 119:57–64.; Mateo 3:8; 2 Cor. 7:10.

P. 88. ¿Cuáles son los medios externos y ordinarios por los cuales Cristo nos comunica los beneficios de la redención?
R. Los medios externos y ordinarios por los cuales Cristo nos comunica los beneficios de la redención, son sus ordenanzas, y especialmente, la palabra, los sacramentos y la oración; a todos los cuales hace él eficaces para la salvación de los elegidos. Mateo 28:18–20; Hechos 2:41–42.

P 89. ¿Cómo viene la palabra a ser eficaz para la salvación?
R. El Espíritu de Dios hace que la lectura, y aún más especialmente la predicación de la palabra, sean medios eficaces de convencer y de convertir a los pecadores, y de edificarles en santidad y consuelo por la  fe, hasta la salvación. Neh. 8:8–9; Hechos 20:32; Rom. 10:14–17; 2 Tim. 3:15–17.

P. 90. ¿Cómo ha de ser leída y escuchada la palabra para que se haga eficaz para la salvación?
R. A fin de que la palabra se haga eficaz para nuestra salvación, hemos de prestarle atención con diligencia, preparación de espíritu y  oración; hemos de recibirla con fe y amor, atesorarla en el corazón y practicarla en la vida. Dt. 6:16ff; Sal. 119:18; 1 Ped. 2:1–2; Sal. 119:11; 2 Tes. 2:10; Heb. 4:2; Santiago 1:22–25.

P. 91. ¿Cómo se hacen los sacramentos medios eficaces de salvación?
R. Los sacramentos vienen a ser medios eficaces de salvación, no porque haya alguna virtud en ellos, o en aquel que los administra; sino solamente por la bendición de Cristo, y la operación de su Espíritu en aquellos que los reciben con fe. 1 Cor. 3:7; Cf. 1 Cor. 1:12–17.

P. 92. ¿Qué es un sacramento?
R. Un sacramento es una práctica sagrada instituida por Cristo; la cual, por medio de signos sensibles, representa a Cristo y a los beneficios de la nueva alianza, y los confirma y aplica a los creyentes. Mateo 28:19; Mateo 26:26–28; Marcos 14:22–25; Lucas 22:19–20; 1 Cor. 1:22–26; Gál. 3:27; 1 Cor. 10:16–17.

P. 93.   ¿Cuáles son los sacramentos del Nuevo Testamento?
R. Los sacramentos del Nuevo Testamento son: "El Bautismo y la Cena del Señor." Mateo 28:19; 1 Cor. 11:23–26.

P. 94. ¿Qué es el Bautismo?
R. El bautismo es un sacramento, en el cual, el lavamiento con agua, en nombre del Padre  del Hijo y del Espíritu Santo, significa y sella nuestra unión con Cristo, nuestra participación en los beneficios de la alianza de gracia y nuestro comprometimiento de ser del Señor. Mateo 28:19; Hechos 2:38–42; Hechos 22:16; Rom. 6:3–4; Gál. 3:26–27; 1 Ped. 3:21.

P. 95. ¿A quiénes ha de administrarse el Bautismo?
R. El bautismo no debe administrarse a los que están fuera de la iglesia visible hasta que no profesen su fe en Cristo y su obediencia a él; más los párvulos de los que son miembros de la Iglesia visible, han de ser bautizados. Hechos 2:41; Hechos 8:12, 36, 38; Hechos 18:8; Gén. 17:7, 9–11; Hechos 2:38–39; Hechos 16:32–33; Col. 2:11–12.

P. 96. ¿Qué es la Cena del Señor?
R. La Cena del Señor es un Sacramento por el cual, dando y recibiendo pan y vino según la ordenanza de Cristo, se simboliza su muerte; y aquellos que dignamente lo reciben, no son hechos de una manera corporal y carnal,  sino por la fe, partícipes de su cuerpo y sangre, como también de todos los beneficios  consiguientes,  lo cuál conduce a su nutrimiento espiritual y a su crecimiento en la gracia. Lucas 22:19–20; 1 Cor. 11:23–26; 1 Cor. 10:16–17.

P. 97. ¿Qué se requiere para recibir dignamente la Cena del Señor?
R. Para que los participantes reciban dignamente la Cena del Señor, es necesario que hagan un examen del conocimiento que tienen para discernir el cuerpo del Señor; de su fe para alimentarse en él; de su arrepentimiento, amor y nueva obediencia, para que no sea, que recibiendo indignamente el sacramento, coman y beban su propia condenación. I Cor. 11:27-32.

P. 98. ¿Qué es la oración?
R. La oración es un acto por el cual manifestamos a Dios, en nombre de Cristo, nuestros deseos de obtener aquello que sea conforme a su voluntad, confesando al mismo tiempo nuestros pecados y reconociendo con gratitud sus beneficios. Sal. 10:17; Sal. 62:8; Mateo 7:7–8.; 1 Juan 5:14; Juan 16:23–24; Sal. 32:5–6; Dan. 9:4–19; 1 Juan 1:9; Sal. 103:1–5; Sal. 136; Fil. 4:6.

P. 99. ¿Qué regla nos ha dado Dios para dirigirnos en la oración?
R. Toda la palabra de Dios es útil para dirigirnos en la oración; pero la regla especial es aquella oración que Cristo enseñó a sus discípulos y que comúnmente se llama "La Oración del Señor". 1 Juan 5:14.; Mateo 6:9–13.

P. 100. ¿Qué nos enseña el prefacio de la Oración del Señor?
R. El prefacio de "La Oración del Señor", que dice: "Padre nuestro, que está en los cielos", nos enseña a acercarnos con santa reverencia y toda confianza a Dios como a un padre que puede y quiere socorrernos; y también a orar con otros y por otros. Sal. 95:6; Ef. 3:12; Mateo 7:9–11; Cf. Lucas 11:11–13; Ro. 8:15; Ef. 3:20; Ef. 6:18; 1 Tim. 2:1–2.

P. 101. ¿Qué rogamos en la primera petición? 
R. En  la primera petición, que dice: "Santificado sea tu nombre", rogamos que Dios nos ayude nosotros y a los demás hombres a  glorificarle en  todo aquello por lo cual se da a conocer, y también que él disponga todas las cosas para su propia gloria. Sal. 67:1–3; Sal. 99:3; Sal. 100:3–4; Rom. 11:33–36; Apoc. 4:11.

P. 102. ¿Qué rogamos en la segunda petición?
R. En la segunda petición que dice: 'Venga tu reino", rogamos la destrucción del reino de Satanás; el progreso del reino de gracia; que nosotros y los demás hombres seamos introducidos y  conservados en éste; y que venga pronto el reino de gloria. Mateo 12:25–28; Rom. 16:20; 1 Juan 3:8; Sal. 72:8–11; Mateo 24:14; 1 Cor. 15:24–25; Sal. 119:5; 2 Tes. 3:1–5; Apoc. 22:20.

P. 103. ¿Qué rogamos en la tercera petición?
R. En la tercera petición, que dice: "Sea hecha tu voluntad como en el cielo así también en la tierra, rogamos que Dios, por su gracia nos dé facultad y buena disposición para conocer, obedece y someternos en todo a su santa voluntad, así como lo hacen los ángeles en el cielo. Sal. 19:14; Sal. 119.; 1 Tes. 5:23; Heb. 13:20–21; Sal. 103:20–21; Heb. 1:14.

P. 104. ¿Qué rogamos en la cuarta petición? 
R. En la cuarta petición que dice: "Danos hoy nuestro pan cotidiano" rogamos a Dios, el dador de todo lo bueno, que nos dé una porción suficiente de las cosas temporales, y que con ella nos conceda  el goce de su bendición. Prov. 30:8–9; Mateo 6:31–34; Fil. 4:11, 19; 1 Tim. 6:6–8.

P. 105. ¿Qué rogamos en la quinta petición?
En la quinta petición que dice: "Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores", rogamos que Dios, por amor a Cristo, perdone gratuitamente todos nuestros pecados; y somos estimulados a pedir esto, porque con su gracia, nos hallamos en disposición de perdonar sinceramente a otros. Sal. 51:1–2, 7, 9; Dan. 9:17–19; 1 Juan 1:7; Mateo 18:21–35; Ef. 4:32; Col. 3:13.

P. 106. ¿Qué rogamos en la sexta petición?
En la sexta petición, que dice: "No nos metas en tentación más líbranos del mal", rogamos que Dios nos guarde de ser tentados a pecar, o que nos sostenga y nos libre cuando seamos tentados. Sal. 19:13; Mateo 26:41; Juan 17:15; Lucas 22:31–32; 1 Cor. 10:13; 2 Cor. 12:7–9; Heb. 2:18.

P.107. ¿Qué nos enseña el final de la Oración Dominical?
R. El final de la Oración Dominical, que dice: "Porque tuyo es el reino y el poder y la gloria por todos los siglos. Amén", nos enseña a derivar solamente de Dios los incentivos que nos mueven a orar; y también a alabarle en nuestras oraciones, atribuyéndole a él sólo el dominio y el poder y la gloria. Y en testimonio de nuestro deseo y seguridad de ser oídos, decimos: "Amén". Dan. 9:4, 7–9, 16–19; Lucas 18:1, 7–8; 1 Cron. 29:10–13; 1 Tim. 1:17; Apoc. 5:11–13; 1 Cor. 14:16; Apoc 22:20.

seguimos con este libro

¿Cómo Puedo Cambiar?/Unidos Con Cristo
Capítulo 5 del Libro ¿Cómo Puedo Cambiar?
Cuando me convertí en 1972, al comienzo del movimiento carismático y del movimiento del pueblo de Jesús, no me impresionaban los argumentos lógicos sobre Dios o la vida cristiana. La mía era una generación irreverente, una generación que “se iluminaba y permanecía iluminada”. Me inclinaba más a burlarme de cualquier conversación seria sobre el tema de la religión que escuchar.
Lo que yo necesitaba era una experiencia con Dios. Y eso es exactamente lo que recibí.
Conocí a una familia cristiana cuya vida llena de gozo hizo una tremenda impresión en mí. Hablaban de Jesús como si estuviera presente allí mismo, y se comportaban como si su vida hiciera una verdadera diferencia para ellos. Al principio pensé que eso era original. Pero luego sentí curiosidad. Me atrajo la calidad de su vida. Y cuando me explicaron que no siempre había sido así para ellos sino que Jesús había cambiado su vida, comencé a desear que lo mismo sucediera conmigo
Medita en 2 Timoteo 3:16-17. Si de verdad quieres cambiar, he aquí el boleto.
Al decir “vida cambiada” me refiero a la diferencia que Jesucristo hace en la manera, los hábitos, y la cosmovisión de la persona, hasta en el mismo centro de su naturaleza. Esta familia era prueba sólida de que Dios sí hace una diferencia. Y cuando yo nací de nuevo y mi vida comenzó a cambiar, también concluí que Jesús vive.
Pero también aprendí que el cambio tiene que ver con algo más que una sola experiencia. Es necesario que entendamos cómo es que sucede ese cambio, por qué sucede, y quién hace que suceda. La Escritura trata directamente con esos asuntos. Aquí es donde vamos si queremos crecer.
Una Carta a Roma
1 Después que naciste de nuevo, ¿cuál fue lo primero en tu vida que sabías que necesitabas cambiar?
¿Cómo vencemos el pecado y vivimos victoriosamente en Cristo? Los cristianos en todo lugar buscan respuestas a esta pregunta...muchos de ellos en los lugares equivocados. Como se podría esperar, Dios ha dado la respuesta en su Palabra. El sexto capítulo de la epístola de Pablo a la iglesia en Roma ha sido reconocido desde hace mucho tiempo por su esencial contribución a la doctrina de la santificación. En este capítulo encontramos a Pablo arguyendo a favor de un correcto entendimiento de lo que significa vivir como cristiano. Pero sería un error tratar de descubrir el significado que Pablo da en Romanos 6 sin tomar en cuenta su contexto, así que un breve repaso de esta epístola está en orden.
Romanos, más que ninguna de las otras epístolas de Pablo, sistemáticamente expone la doctrina de la salvación. Luego de algunas expresiones de introducción, él suelta una dura condena de toda la raza humana, mostrando que todos somos culpables como pecadores ante Dios. Luego explica cómo es que Dios justifica a esos pecadores por medio de la fe en Jesucristo. Esto es lo esencial en los primeros cuatro capítulos.
En el capítulo 5 Pablo comienza a hablar de la paz y seguridad que nos vienen como resultado directo de la obra expiatoria de Cristo en la cruz. Ahora tenemos paz con Dios y podemos regocijarnos en la esperanza de la gloria de Dios. Hasta podemos regocijarnos en las tribulaciones que nos vienen porque desarrollan nuestro carácter y producen esperanza. El amor de Dios nos ha sido derramado a través del Espíritu Santo. Y siendo que estas grandes cosas fueron hechas por nosotros cuando éramos sus enemigos, podemos estar más que seguros de la continua gracia de Dios ahora que somos sus amigos.
En la última parte del capítulo 5, Pablo bosqueja una comparación y un contraste entre Jesús y Adán, mostrando que el sacrificio de Cristo más que compensa por la miseria causada por el pecado de Adán. Termina el capítulo con estos dos versículos:
Para más estudio: Los oponentes de Pablo convencieron a la iglesia de los gálatas de que su mensaje trivializaba la ley. Mira con qué fuerza Pablo responde en Gálatas 1:6-9 y 3:1-14.
En lo que atañe la ley, ésta intervino para que aumentara la transgresión. Pero allí donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia, a fin de que, así como reinó el pecado en la muerte, reine también la gracia que nos trae justificación y vida eterna por medio de Jesucristo nuestro Señor (Ro 5:20-21).
A Pablo le gustaría seguir describiendo las bendiciones de la justificación, pero hace una pausa, dándose cuenta de que la última frase fácilmente podría malinterpretarse. Por tanto comienza el capítulo 6 con un asalto frontal contra los que tratarían de torcer su significado:[1] “¿Qué concluiremos? ¿Vamos a persistir en el pecado, para que la gracia abunde? ¡De ninguna manera! Nosotros, que hemos muerto al pecado, ¿cómo podemos seguir viviendo en él?” (Ro 6:2).
“¿Qué concluiremos? ¿Vamos a persistir en el pecado, para que la gracia abunde? ¡De ninguna manera! Nosotros, que hemos muerto al pecado, ¿cómo podemos seguir viviendo en él?”  Pablo el Apóstol (Romanos 6:1-2)
Cuando se predica correctamente, el evangelio de la gracia siempre estará expuesto a la acusación de que promueve la infracción de la ley. Dondequiera que iba Pablo era acosado por oponentes que lo acusaban de enseñar que, siendo que estaban perdonados, no importaba cómo vivieran. Así era como distorsionaban su razonamiento: “Si Dios perdona libremente por gracia (lo que sí hace) y si es verdad que la gracia de Dios se magnifica en el perdón del pecado (lo que así es), entonces ¿por qué no pecar más todavía para que fluya más gracia y Dios reciba más gloria?”
“Alto ahí”, dice Pablo. “Ustedes están pasando por alto algo fundamental. Por medio de este evangelio morimos al pecado. Y si ese es el caso, ¿cómo podemos seguir viviendo en él?”
Pablo pasa el resto del capítulo 6 contrarrestando esta acusación de faltar en el cumplimiento a la ley, o antinomianismo. Al hacerlo así, no solamente responde a sus críticos sino que nos da algo de la enseñanza más rica que se encuentra en el Nuevo Testamento. Pues aquí descubrimos lo que significa estar unidos con Cristo, un lugar que radicalmente altera nuestra relación con el pecado.
¿Estuviste Ahí?
Para más estudio: Colosenses 3:3 dice “su vida está escondida con Cristo en Dios”. Eso da tremenda seguridad-una verdad que David capta bellamente en el Salmo 91.
Todos podemos ver a individuos en el pasado que han influenciado nuestra vida: nuestros padres, un amigo especial, o quizás una buena maestra de primaria. Pero Jesucristo es diferente a cualquier otro. Es seguramente cierto que muchos que nunca han nacido de nuevo han sido influenciados por el ejemplo y la enseñanza de nuestro Señor, pero el Nuevo Testamento siempre ha sostenido que la verdadera fe en Jesucristo lleva a una relación mucho más penetrante e infinitamente más significante que la simple influencia moral. Pablo habla de que “estamos en Cristo” y que Cristo “está en nosotros”. Y las implicaciones de esta misteriosa unión son, sin ninguna exageración, asombrosas.
John R.W. Stott ha escrito,
El gran tema de Romanos 6, y en particular los versículos 1-11, es que la muerte y resurrección de Jesucristo no son sólo hechos históricos y doctrinas significantes, sino experiencias personales del creyente cristiano. Son sucesos en los que nosotros mismos hemos llegado a compartir. Todos los cristianos han sido unidos a Cristo en su muerte y resurrección. Además, si esto es cierto, es inconcebible que sigamos viviendo en pecado.[2]
2 Si pudieras compartir en los logros de uno de estos individuos famosos, ¿quién sería?
Martin Luther King, Jr.: Líder en la lucha por los derechos civiles
Winston Churchill: Político británico
Thomas Edison: Prolífico inventor
Beverly Sills: Cantante de ópera
Michael Jordan: Leyenda del baloncesto
Madame Curie: Primera persona en ganar dos premios Nobel
Jesucristo: Creador, Salvador, y Señor
¿Acaso no saben ustedes que todos los que fuimos bautizados para unirnos con Cristo Jesús, en realidad fuimos bautizados para participar en su muerte? Por tanto, mediante el bautismo fuimos sepultados con él en su muerte, a fin de que, así como Cristo resucitó por el poder del Padre, también nosotros llevemos una vida nueva. En efecto, si hemos estado unidos con él en su muerte, sin duda también estaremos unidos con él en su resurrección. Sabemos que nuestra vieja naturaleza fue crucificada en él para que nuestro cuerpo pecaminoso perdiera su poder, de modo que no siguiéramos siendo esclavos del pecado. (Ro 6:3-6)
Que nuestro Señor en realidad conquistó la muerte es una verdad abrumadora. Pero, tan admirable como es esto, es quizás más notable el hecho de que se nos considera estar unidos con Él en su muerte, sepultura, y resurrección. Pablo reitera esta verdad en otra epístola:  He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí. (Gá 2:20)
Nota las frases “con Cristo” y “en mí” en los pasajes anteriores. Indican nuestra unión con Jesucristo. Pablo usa el acto del bautismo para recordarnos estas verdades. Pero lo que está ansioso por demostrar no es el bautismo, sino la fe que lleva al bautismo. Es sobre esta fe que se basa nuestra presente unión con Cristo.
Para más estudio: Nótense los lugares en Juan 17 donde Jesús se refiere a estar “en” sus discípulos y viceversa (vs. 21, 23, y 26).
De modo que, ¿cuáles son las implicaciones de esta relación? De alguna manera estamos conectados con Jesucristo mismo. Y este es uno de esos casos en los que a quién uno conoce es mucho más importante que lo que uno sabe - una lección que yo aprendí en un café de Connecticut.
En 1974 Joyce, mi hermana menor, y yo visitábamos a nuestra anciana abuela en Bridgeport, Connecticut. Un día Joyce sugirió que cruzáramos la calle para ir al café y comprar unos sándwiches. Pero el vecindario de abuela se había deteriorado, y al nomás entrar vi que habíamos cometido un error. El lugar estaba repleto de adolescentes de dura y amenazadora apariencia. Todo se volvió silencio y todos los ojos se fijaron en nosotros - y nadie sonreía.
Varios pensamientos se cruzaron por mi mente. ¿Creerán que estamos invadiendo su territorio? ¿Serán lo suficientemente mayores como para saber que se pueden meter en un gran problema por asesinar?
“¿Cómo puede una persona que vivió hace casi dos mil años radicalmente cambiar una vida humana aquí y ahora?....¿Acaso el Jesús del pasado se convierte, de hecho, en el Jesús del presente? El apóstol Pablo dice que así es. Y esta es la diferencia entre su influencia y la de cualquier otra persona de influencia. Él nos toca aquí y ahora, no simplemente con las ondas de las corrientes históricas que una vez puso en movimiento, sino al entrar en unión con nosotros personalmente.” Lewis Smedes
Todavía me pongo nervioso al pensar en ello. Joyce, por el contrario, estaba tan fresca como una lechuga. Aunque atractiva y muy femenina, había pasado un par de años como directora en un campamento de adiestramiento del Cuerpo de trabajo en Montana donde obtuvo valiosa experiencia en cómo lidiar con delincuentes. Y en años futuros llegaría a prestar servicio como enfermera de salud pública en Alaska, a atravesar bastante del camino en la cordillera Appalachia, y a trabajar como enfermera de conmoción y trauma. (Estos son sólo los puntos sobresalientes.) Creo que se podría decir que carecía de todo miedo.
Pero yo no. Mientras estábamos ahí de pie, rodeados de inminente peligro, Joyce notó mi temor. Me dijo en un tono que yo juzgué demasiado fuerte, “¿Qué te pasa? ¿Tienes miedo?” Yo no sentí ganas de contestar, por lo menos en ese momento. De alguna manera nos arreglamos para conseguir los sándwiches y salimos unos pocos minutos después sin ningún incidente. Ya seguros afuera, yo le dije a ella, “Joyce, esta es una parte peligrosa de la ciudad. Me alegro que estés conmigo. Necesito la protección." No es lo que uno sabe, sino a quién uno conoce lo que vale.

El Significado de Unión
Medita en Efesios 4:7-8. Qué mejor cautiverio que ser rehenes de Cristo Jesús.
Todos los cristianos-no sólo la élite espiritual-están unidos a Jesucristo. Si uno no está unido a Cristo, no es cristiano.[4]
3 Medita en los siguientes hechos bíblicos. ¿Cuál de estos versículos te alienta más?
“Yo estoy contigo. Te protegeré por dondequiera que vayas” (Gn 28:15).
“Estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo” (Mt 28:20).
“Ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios...podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor” (Ro 8:38-39).
“Nunca te dejaré; jamás te abandonaré” (Heb 13:5).
Nuestra unión con Cristo es una relación viviente que nos da la gracia para vencer el pecado y vivir vidas victoriosas. Jesús es el autor y consumador de nuestra fe, el capitán de nuestra salvación. Él es el pionero que ha ido delante de nosotros y hasta ha conquistado la muerte. Sinclair Ferguson lo describe como el alpinista principal de un equipo que escala el santo monte de Sión. Estamos amarrados a Él. Y es tan seguro que como Él ha triunfado, así triunfaremos nosotros.[5]
Esta relación también se puede ver en las metáforas que nuestro mismo Señor usa cuando dice, “Yo soy la vid y ustedes son las ramas” (Jn 15:5). Se nos dice que permanezcamos en Él, pues aparte de Él no podemos hacer nada. La Versión Reina Valera Revisada también hace resaltar esto: “Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la [semejanza] de su resurrección. . .” (Ro 6:5, RVR). Nuestra unión con Cristo es dinámica, no estática. Él nos ha injertado a una relación que crece.
Medita en Filipenses 2:1. Aunque nuestra unión con Cristo es un hecho, la conciencia de ese hecho debe generar suficiente sensibilidad.
Ya sea que nos sintamos unidos con Cristo o no es de secundaria importancia; el hecho es que lo estamos. Este es nuestro estado como creyentes. ¿Acaso un matrimonio deja de existir sólo porque los esposos sienten cierta distancia entre ellos? Claro que no. Permanecen legalmente unidos aun cuando su afecto se enfríe por un tiempo. Los sentimientos - o la falta de ellos - de ninguna manera ponen en peligro el hecho de nuestra unión con Jesús.
El matrimonio con frecuencia ofrece una bella analogía de nuestra unión con Cristo. En el matrimonio, dos personas se juntan para formar una nueva entidad, una unión. Retienen sus identidades individuales al mismo tiempo que emergen de una manera que es única y misteriosa. La mujer toma el nombre de su esposo, mostrando su sumisión a él. El esposo asume la responsabilidad por el apoyo y protección de su esposa. Tienen todos sus bienes y responsabilidades en común, y llevan anillos como simbólica evidencia de su especial relación.
Así es cuando nos casamos con Jesucristo. Aunque retenemos nuestra propia personalidad, nuestra naturaleza cambia dramáticamente cuando compartimos de la divina naturaleza. Ya no somos la misma persona que éramos antes. Pertenecemos a Cristo, habiendo tomado su nombre. Nos hemos identificado con Él, deseando ser conocidos como suyos, sin importar el costo. Traemos a la relación todos nuestros bienes y responsabilidades y así lo hace también Él. (¡Qué mal negocio, al parecer, para el Señor - Él recibe nuestro pecado y nosotros recibimos su justicia!) Y por último, el bautismo es el “anillo de boda” que dice al mundo que observa que pertenecemos a Cristo.
Para más estudio: Lee Juan 14:19. “Porque yo vivo, también ustedes vivirán”. ¡Qué promesa!
Nuestra unión con Cristo es una unión duradera y eterna. Jesús alentó a sus discípulos con la promesa, “Así ustedes estarán donde yo esté” (Jn 14:3). El significado claro es que un día gozaremos de la presencia física del Señor, así como ahora gozamos de su presencia espiritual.
Que el cristiano está unido a Jesucristo es un hecho claro. Pero exactamente cómo estamos unidos a Él es un asunto de profundo misterio. Sabemos que esto lo hace el Espíritu Santo. Cito a Lewis Smedes:
El Espíritu es el lazo viviente entre Él y nosotros. Él toma lo que es de Cristo y lo “baja” hasta nosotros. El Espíritu siempre es representado en términos personales. Él no es como un tubo por el que la materia llamada vida nos es derramada a nosotros que estamos al otro lado. Él siempre es un ser viviente, dinámico creador de vida; Él nos devuelve a nuestro sentido espiritual, nos abre los ojos a la realidad de Cristo, alimenta nuestra fe, nos disciplina, y sobre todo, nos injerta al Cristo viviente.[6]
No hemos sido eliminados de esta unión, sino que Cristo ha sido añadido. No hemos sido eliminados, sino que hemos sido cambiados por el Espíritu que ha tomado residencia dentro de nosotros. Además, no se nos ha entregado una guía ni se nos ha dicho que busquemos nuestro camino al cielo. Al contrario, se nos ha dado un Guía que nos acompañará hasta ahí personalmente.
¿Vamos a Persistir en el Pecado?
Como notamos anteriormente, Pablo contesta esta pregunta con una resonante negativa. No podemos persistir en el pecado, arguye él, porque “hemos muerto al pecado”. Desafortunadamente, esta frase ha sido sujeta a mala interpretación, a veces con catastróficos resultados.
Un popular maestro de la Biblia interpreta la declaración de Pablo como que el pecado ya no tiene ninguna influencia en el cristiano. Hace la pregunta: Si uno recostara a un muerto en la pared, luego desfilara ante él a un grupo de mujeres escasamente vestidas, ¿qué efecto tendría esto en él? Ningún efecto. ¿Por qué? Porque está muerto. El pecado ya no lo puede tentar.
Aunque ciertamente es muy atractiva, esta interpretación contradice la experiencia humana y rinde incompresible la multitud de advertencias bíblicas de evitar el pecado. Pablo nos insta a no rendir nuestro cuerpo al pecado (Ro 6:12-14), una admonición “totalmente innecesaria si hemos muerto al pecado de tal manera que ahora no respondemos a él.”[7]8 Los que creen que de cierto modo están más allá de ser tentados ignoran la advertencia del apóstol a los corintios: “Por lo tanto, si alguien piensa que está firme, tenga cuidado de no caer” (1Co 10:12).
Medita en Hebreos 4:14-16.Siendo que Cristo mismo fue tentado “en todo de la misma manera que nosotros”, ¿no sería insensato fingir que nosotros no lo somos?
Algunos han tratado de entender la frase de Pablo “hemos muerto al pecado” como un imperativo, un mandato, algo que el cristiano debe hacer. El próximo paso es insistir que todo cristiano tenga una experiencia de “muerte al pecado” o de “muerte a sí mismo”: “Necesita morir a sí mismo. Y si no ha sucedido, es necesario que lo considere que así es hasta que lo sea.”
“Si ustedes se consideran haber muerto en su muerte, y haber resucitado a una nueva manera de vivir en su resurrección, el pecado ya no los dominará. Ahora viven bajo un régimen de gracia, y la gracia no estimula el pecado, como lo hace la ley; la gracia libera del pecado y les permite triunfar sobre él.”[ — F.F. Bruce
Si vemos “morir al pecado” como algo que debemos hacer, nos dirigimos hacia serio desánimo...o algo peor. Yo creo que esta es la razón por la que muchos parecen caer tan de repente. (¿Recuerdas a mi amigo Greg?) Luchan para mantener una apariencia externa de victoria al mismo tiempo que por dentro su vida es una masa de frustración. Luego cuando por fin se les acaba la gasolina, no tienen esperanza para volver a tratar. Habiendo aportado su mejor esfuerzo, no ven cómo pueden posiblemente lograrlo.
Creo que Sinclair Ferguson tiene la interpretación más correcta de esta muerte al pecado. Él escribe, “Pablo no nos está diciendo que hagamos algo; él está analizando algo que ya ha tenido lugar”.[9]A pesar de nuestra continua vulnerabilidad ante la tentación del pecado, se pueden decir dos cosas con certeza de los que han sido unidos con Cristo:
Medita en Romanos 6:18.Apréndete de memoria este versículo y tu “potencia de fuego” aumentará inmediatamente.
Nosotros morimos a la paga (o culpa) del pecado. La Escritura dice claramente que “la paga del pecado es muerte” (Ro 6:23). La muerte es la paga del pecado. Pero la muerte de nuestro Señor eliminó la paga del pegado. Y porque estamos “en él”, nosotros también hemos muerto a la paga del pecado. Otra manera de decir esto es, “Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús” (Ro 8:1).
Hemos muerto al reino del pecado. Como resultado de nuestra unión con Cristo en su muerte, ya no estamos obligados a pecar. ¡Esto es emocionante! No es que ya no podamos pecar sino que podemos no pecar. Pablo dice, “Así el pecado no tendrá dominio sobre ustedes, porque ya no están bajo la ley sino bajo la gracia” (Ro 6:14).
4 Indica cuáles de las siguientes declaraciones son verdaderas y cuáles son falsas.
(Las respuestas están cabeza abajo en la parte inferior de esta página)
•Todo cristiano necesita tener una experiencia de “muerte a sí mismo”V F
•Un cristiano verdaderamente maduro ya no es tentado por el pecado V F
•El cristiano santificado no lucha con tentaciones mayores V F
•Porque estoy muerto “en Cristo” la paga del pecado no me puede hacer daño V F
La esclavitud es un tema prominente en Romanos 6, donde se presentan dos tipos muy diferentes de esclavitud. Antes de ser cristianos éramos esclavos del pecado. No teníamos otra opción aparte de pecar. Ahora que estamos en Cristo somos esclavos de Dios. La relación de amo/esclavo que teníamos con el pecado ha sido rota. Ahora Dios es nuestro amo. Por lo tanto es correcto decir, “No tengo que servir al pecado hoy. He sido puesto en libertad”. Pero la única persona que puede verdaderamente decir esto es la persona que es esclava de Dios.
Aunque hemos muerto con Cristo, la Escritura nos exhorta a dar “muerte a los malos hábitos del cuerpo” para que podamos vivir (Ro 8:13). Esperamos que el Apéndice B, que comienza en la página, ilumine este tema que tiene la posibilidad de confundir.
Lo Necesario Para Cambiar
Ya hemos dicho lo suficiente sobre el fundamento para la victoria. ¿Cómo funciona en la práctica?
Yo he tenido muchas oportunidades para confiar en estas verdades en mi propia vida y ministerio pastoral. En más de una ocasión, hombres que luchaban con fantasías sexuales me han pedido ayuda para renovar su mente. La lujuria es un asunto completamente antitético a toda la noción de la santidad. Los que luchan con ella se desesperan por ser liberados. Pero es muy raro que la ayuda duradera llegue inmediatamente.
Recuerdo a un hombre en sus treinta que demostró la actitud correcta hacia este problema. Su conciencia había sido despertada y vio su pecado bajo la luz de la santidad de Dios. Porque quería ser libre para glorificar a Dios, estaba muy motivado y dispuesto a hacer el trabajo necesario para crecer en santidad. Estos fueron los pensamientos que compartí con él de Romanos 6:
Para más estudio: Lee Efesios 4:22-24. ¿Qué pasos prácticos puedes dar para implementar este mandamiento?
Saber la verdad. Sabemos que nuestra vieja naturaleza fue crucificada con él para que nuestro cuerpo pecaminoso perdiera su poder, de modo que ya no siguiéramos siendo esclavos del pecado” (Ro 6:6).
Debemos primero saber para poder creer. El conocimiento espiritual precede a la fe. Yo le sugerí a este hombre que comenzara memorizándose el capítulo seis de Romanos. Pablo después declara que “la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz” (Ro 8:6). ¿Qué mejor manera de tener una mente espiritual que llenar la mente con la Escritura?
Respuestas: F, F, F, V
Es mucho más fácil seguir el ejemplo de Jesús de luchar contra la tentación con la Palabra de Dios cuando esa Palabra ha sido guardada en el corazón. “En mi corazón atesoro tus dichos para no pecar contra ti” (Sal 119:11). Necesitamos tener la verdad en nuestro corazón y en la punta de la lengua. A medida que nos memorizamos la Escritura y meditamos en ella, seremos transformados de enclenques espirituales que se dan por vencidos ante la más mínima tentación, a guerreros espirituales que dicen, “Morimos al pecado; ¿cómo podemos vivir más en él?”
“No hay nada, quizás, en todo el alcance y esfera de doctrina que, si se conoce a fondo y se comprende, dé mayor seguridad, mayor consuelo y mayor esperanza que esta doctrina de nuestra unión con Cristo”[  D. Martyn Lloyd-Jones
Darlo por cierto. “En cuanto a su muerte, murió al pecado una vez y para siempre; en cuanto a su vida, vive para Dios. De la misma manera, también ustedes considérense muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús” (Ro 6:10-11).
5 La lucha contra el pecado comienza en tu mente. Traza una línea conectando cada uno de los pensamientos destructivos abajo con el versículo que mejor lo refuta.
“Esta noche estoy solo...¿qué si alguien se mete a la casa?”
Fil 4:13
“Soy tan feo y gordo - de nada sirve seguir con la dieta.”
1Co 10:13
“Simplemente no me atrevo a hablar de Jesucristo a mi jefe.”
2Ti 1:7
“Nunca podré mantener mi virginidad.”
Mt 19:26
“¿Cómo puedo perdonarlo por lo que hizo?”
Sal 139:14 
“Este no es un juego de ‘hagamos de caso’”, escribe el teólogo F.F. Bruce. “Los creyentes deben considerarse ser lo que Dios de hecho los hizo”.[11] Porque estamos muertos al pecado, la paga y culpa del pecado ya no son un problema. Tenemos que agradecérselo a Jesús. Pero más allá de esto, ya no estamos obligados a pecar, ¡sino que estamos vivos para Dios en Cristo Jesús! Esta frase nos lleva otra vez a nuestra unión con Cristo y todas las bendiciones asociadas con ese feliz principio.[12] “Considérense muertos al pecado” usa un término de contabilidad que también se puede traducir como “estímense” o “calcúlense”. Si yo fuera confiable y le dijera que he depositado dinero en su cuenta bancaria, usted lo consideraría como hecho. En esencia, Pablo está diciendo, “No te comportes como perdedor, porque no eres perdedor. Compórtate como el hijo de Dios que eres”.
Ofrézcanse a Dios. “No ofrezcan los miembros de su cuerpo al pecado como instrumentos de injusticia; al contrario, ofrézcanse más bien a Dios como quienes han vuelto de la muerte a la vida, presentando los miembros de su cuerpo como instrumentos de justicia” (Ro 6:13).
Tenemos que escoger - muchas veces - todos los días. Podemos ofrecer las partes de nuestro cuerpo a Dios para usarlas en justicia, o podemos ofrecerlas para uso pecaminoso. Nuestra mente, lengua, ojos, y otras partes del cuerpo son en sí moralmente neutras. Pero la manera en que decidimos usarlas determina si honramos o entristecemos a Dios.

Para más estudio: Nota los términos íntimos que Pablo usa en 1 Corintios 6:15-17 para describir nuestra unión con Cristo. ¿Te motiva esto a honrar a Dios con tu cuerpo?
Los hábitos pecaminosos no se desarrollan de la noche a la mañana, y raramente cambian de la noche a la mañana. Sólo pueden ser vencidos a través de la persistente aplicación de la verdad de Dios. Pero como nota Jay Adams, esto requiere perseverancia:
Demasiados son los cristianos que se dan por vencidos. Quieren el cambio demasiado pronto. Lo que en realidad quieren es el cambio sin la lucha diaria. A veces se dan por vencidos cuando están a la puerta del éxito. Paran antes de recibir. Por lo regular se toma por lo menos tres semanas de constante esfuerzo diario para que uno se sienta cómodo desempeñando una nueva práctica. Y se toma como tres semanas más para hacer de la práctica parte de uno mismo. Sin embargo, muchos cristianos no continúan ni por tres días. Si no reciben éxito instantáneo, se desaniman. Quieren lo que quieren ahora mismo, y si no lo reciben ahora mismo, se dan por vencidos.[13]
Una señora que conozco había sido atormentada con temerosos y depresivos pensamientos que eran resultado de pecados cometidos contra ella en años pasados. Sus pensamientos negativos la tenían en una cárcel espiritual. Si meditaba en esas anteriores experiencias o se encontraba con una dificultad presente, una aguja de fonógrafo en su mente bajaba y comenzaba a tocar un viejo disco de larga duración. Patrones de pensamiento repetidos a través de los años habían hecho profundos surcos mentales que tocaban las mismas canciones deprimentes una y otra vez.
“Sólo hay estas dos maneras de vivir: la vida de pecado motivada por los sentimientos que se orienta hacia el yo, y la vida de santidad motivada por el mandamiento que se orienta hacia Dios. Vivir según los sentimientos en vez de los mandamientos de Dios es un estorbo fundamental para la santidad...Es una astuta ‘artimaña’ de Satanás para tentar a los hombres a pensar que no pueden hacer lo que Dios exige porque no sienten ganas de hacerlo, o que deben hacer lo que sienten ganas de hacer y que no pueden evitarlo”.[   Jay Adams
Pero luego aprendió que no tenía que cantar con el disco. Cristo Jesús murió en la cruz para hacer pedazos esos discos. A medida que aumentó esa conciencia, ella comenzó a reconocer las canciones melancólicas cuando comenzaban a tocar y pronto las reemplazó con nuevos cantos de la Palabra de Dios.
Cuando la gente oye la verdad librante de que las experiencias pasadas no tienen ya que dictar su comportamiento presente, surge en su corazón la esperanza. Ya no es nuestro pasado, sino el pasado de Cristo el factor decisivo en nuestra vida, porque estamos unidos a Él en su muerte y en su nueva vida. Yo he tenido que aprender que cuando los recuerdos de pecados pasados se me amontonan en la mente, inmediatamente debo hacer referencia a mi unión con Jesucristo. Ahora, en vez de estar paralizado por la condenación, típicamente puedo volver esos recuerdos en una oportunidad para dar gracias a Dios por perdonar mi pecado...aún ese.
Lancaster, Pennsylvania es hogar de un excelente ministerio para madres solteras. The House of His Creation [La Casa de su creación] fue establecida y dirigida por Jim y Anne Pierson durante muchos años. En una ocasión Anne me dijo de una recurrente dificultad con que se enfrentaban sus jóvenes. Muchas de estas chicas habían quedado embarazadas como resultado de pecado sexual, pero habían llegado a creer en Jesús y a recibir su perdón. Pero como a los cinco meses de embarazo, cuando comenzaban a sentir a su bebé moverse dentro de ellas, recordaban vívidamente sus antiguos pecados. Cada nueva patadita o salto interno del bebé multiplicaba su culpa y su desánimo.
Cree en la Palabra y en el poder de Dios más de lo que crees en tus propios sentimientos y experiencias. Tu Roca es Cristo, y no es la Roca la que sube y baja, sino tu mar. Samuel Rutherford
Pero los hermanos Pierson ganaron al acusador en su propio juego. Anne enseñó a las jóvenes a dejar que el movimiento del bebé sirviera como recordatorio de que Dios en verdad las había perdonado, y que Él haría que todas las cosas resultaran para su bien. ¡Qué manera tan sabia y creativa de tratar con la condenación!
Por medio de nuestra unión con Cristo hemos muerto a la paga y al poder del pecado. Su cuerpo crucificado ha expiado por nuestra culpa, así como su cuerpo resucitado es nuestra promesa de victoria. Nuestra unión con Cristo es la base para nuestra liberación de la esclavitud del pecado. Es tan inalterable como inmerecida; tan suficiente como cierta. Si tan siquiera buscamos saber la verdad, considerarla que así es, y luego ofrecernos en consistente obediencia a Dios, pasaremos de fe a fe, de fortaleza a fortaleza, y de gloria a gloria.
Discusión En Grupo
1.    ¿Alguna vez te has identificado tan íntimamente con la experiencia de otra persona que te parece como que lo habías experimentado tú?
2.    En tus propias palabras, trata de describir este misterio de estar unido con Cristo.
3.    ¿Cómo podemos considerarnos “muertos al pecado” cuando todavía somos tan susceptibles a la tentación?
4.    . En vista de este capítulo, ¿cómo explicarías tú 1 Juan 2:1?
5.    . “No es que no podemos pecar”, escribe el autor, “sino que podemos no pecar” (página ). ¿Qué quiere decir?
6.    ¿Cómo cambiará este capítulo la manera en que tú resistes al pecado?
Lectura Recomendada
Men Made New por John R.W. Stott (Grand Rapids, MI: Baker Book House, 1966, 1984)
Romans Chapter Six: The New Man por D. Martyn Lloyd-Jones (Grand Rapids, MI: Zondervan Publishing House, 1972)